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1firma_g_carrilloReportero del instante

 

e_gomez_carrillo1Santiago de los Caballeros, Guatemala (1873) - Paris (1927)

El guatemalteco Enrique Gómez Carrillo, viajero permanente desde los 18 años de edad, fué crítico literario, escritor, periodista y diplomático.

Se le considera uno de los representantes de la generación modernista hispanoamericana fascinada por el decadentismo parisino de fines del siglo XIX y comienzos del XX, al lado de grandes figuras como el nicaragüense Rubén Darío, el colombiano Jose María Vargas Vila, el peruano José Santos Chocano y el mexicano Amado Nervo, entre otros.

josefina_tibleJosefina Tible.Nació en 27 de febrero de 1873 en Santiago de los Caballeros, en una familia señorial e ilustrada de recursos limitados; hijo del humanista descendiente de españoles Agustín Gómez Carrillo y Josefina Tible Machado, de origen belga, quienes en 1881 emprendieron un viaje a España con sus pequeños hijos en busca de sus antepasados, los Carrillo de Albornoz y los Nájera.

Después de estudios caóticos donde primó su rebeldía, empezó desde muy temprano, como era usual entre los precoces modernistas, a colaborar en diarios de su país natal.

Sus primeros artículos aparecieron en El Imparcial, después fue redactor de La Opinión Nacional y gracias al poeta modernista Rubén Dario, director de El Correo de la Tarde, desarrolló sus cualidades de cronista bajo su tutela, siendo acogido en la bohemia de su grupo.
Rubén Darío recuerda en su Autobiografía que en ese entonces «tenía varios colaboradores literarios para mi periódico, entre los cuales un jovencito de ojos brillantes y cara sensual, dorada de sol de trópico, que hizo entonces sus primeras armas»

gomez_carrillo_1891En 1891 con 18 años. Museo Nacional de Historia, Guatemala.Por recomendación de Rubén Darío, fue becado por el gobierno para que se instalara en España e hiciera propaganda en los diarios a favor de su país natal.
En enero de 1891 llegó al puerto francés de Le Havre y se trasladó a París, donde quedó seducido por la urbe literaria. Inició así, como diría Pío Baroja, la carrera de «rastacuero clásico» que llega a la ciudad de Baudelaire y Verlaine en la última década del siglo XIX para vivir la bohemia contada por Murguer y otros novelistas decimonónicos.
sensaciones_paris_y_madridGoza la ciudad llena de actividades culturales, callejones, pasajes, editoriales, bares, teatros, cabarets, burdeles, plazas y teatros, donde vivía una abundante colonia de artistas latinoamericanos y españoles y de la que dijo en Sensaciones de París y Madrid (1900), que es una «villa nerviosa y multiforme, que es a veces cerebro y es a veces sexo».
Allí cumple el sueño de ver y sentarse a la mesa de los declinantes Oscar Wilde y Paul Verlaine.

Permanece unos meses en la ciudad luz, pero debe dirigirse a Madrid, que era el verdadero destino de su viaje. Allí llega en diciembre de 1891 en compañía de una joven amante francesa, Alice Freville, y publica en 1892 su primer libro, Esquisses (Esbozos), colección de crónicas parisinas, en la librería de la viuda de Hernando y Cia., iniciando así una de las más espectaculares carreras de la literatura modernista, compuesta por unos 87 volúmenes, elaborados con selecciones y recopilaciones variadas y mezcladas de más de 3.237 crónicas publicadas en diarios de España y América.
miseria_de_madrid2En su libro La miseria en Madrid (1921), tercera y última entrega de su memorias truncas, cuenta su primera estadía de ocho meses en la capital española, donde estuvo hasta agosto de 1892 y que le parece en comparación a París mucho más provinciana y pobre. Rápidamente se conectó con varios de los escritores de la futura Generación del 98 que fueron por siempre sus amigos y tras sentar las bases de su carrera literaria, cumplió el sueño de regresar finalmente a París.
En París obtuvo trabajo en el servicio español de la editorial Garnier hermanos, principal editorial encargada de producir en masa libros, diccionarios y enciclopedias para el orbe hispanoamericano y garantía de prestigio y fama. En pocos años se convirtió en joven best seller continental. En Garnier también trabajaron Pío Baroja y Manuel Machado, quien se convirtió en uno sus amigos y compañero de tabernas y paseos parisinos, al lado de Alejandro Sawa (1862-1909), «un español perezoso» a quien se refiere siempre con afecto y nostalgia después de su muerte, malogrado por la bohemia y el mal decadentista de la «hiperestesia».

gomez_carrillo_1913En Madrid, 1913.Desde octubre de 1899 empezó a ser corresponsal de El Liberal de Madrid, nombrado por su director y amigo Miguel Moya, hasta finales de septiembre de 1920, tras la muerte de su mentor. Posteriormente y hasta el final de sus días escribiría para el diario español ABC. Su vida adquirió entonces la velocidad del reportero, del observador errante, en una serie de periplos incesantes por el mundo que inspiraron sus crónicas cotidianas.

En 1905 viaja al Lejano Oriente, India, China y Japón, en 1906 a Rusia y Grecia, en 1908 a la Tierra Santa, en 1912 a Egipto y en 1914 a Buenos Aires.
De esos y otros viajes surgen colecciones de crónicas exitosas como De Marsella a Tokio (1906), El alma japonesa (1907), El Japón heróico y galante (1912), Jerusalén y Tierra Santa (1912) y La Sonrisa de la esfinge (1913).

comic_egcBiografía-comic. De los cafés de París a los frentes de batalla. Historia del. Más tarde es invitado oficialmente por el gobierno francés para cubrir los diversos frentes de la guerra entre 1914 y 1918, tema sobre el cual saca una serie de libros de éxito, entre los que se destaca Campos de batalla y campos de ruinas. (1915).

Su vida transcurrió entre París y Madrid, las dos ciudades que más amó y constituyeron puntos centrales de lanzamiento de su incesante y multifacética actividad periodística y editorial, versión novedosa del reportero y cronista errante de su tiempo.

Entre canonjías diplomáticas, favores de dictadores como el guatemalteco Manuel Estrada Cabrera y largos viajes para nutrir de crónicas los diarios, transcurre desde entonces su vida de ciudad en ciudad, de barco en barco, de hotel en hotel y de restaurante en restaurante, en una agitada bohemia alcohólica, convertido pronto en una famosa figura de las letras hispanoamericanas, que con una vistosa y amena prosa retrata los países y lugares exóticos del mundo, San Petersburgo, Tokio, Shangai, Sydney, Ceilán, Marruecos, Atenas, El Cairo, Jerusalén, Siria, Líbano, Buenos Aires, Singapur, Esmirna, a los que él sólo tenía acceso como si fuera un verdadero "riche amateur".

En1895 fue nombrado académico de la Real Academia Española.

En 1906 obtuvo el Premio Montyon, de la Academia Francesa, por la traducción al francés de su libro El alma japonesa, y volvió a serle concedido el mismo premio en 1917 por la versión al mismo idioma de En el corazón de la tragedia.

En 1916 fue nombrado Caballero de la Legión de Honor y posteriormente ascendido a Comendador de la misma orden.

niza_weilEn Niza, ca. 1924-25. Fotografía de Weil.En su apartamento de París, o en su casa de Niza, donde tenía como vecinos a Maeterlinck y a Blasco Ibáñez, el infatigable Gomez Carrillo vive inmerso en múltiples proyectos cuando se le atraviesa la parca cobrándole sus excesos.
Es desde hace mucho tiempo el más exitoso autor latinoamericano de su tiempo, famoso también como mujeriego, bebedor y pendenciero que cargaba a cuestas tres matrimonios y aventuras, duelos o leyendas dudosas como la de que fue amante y traicionó a la espía Mata Hari.

El 29 de noviembre de 1927 muere tras una agonía como consecuencia de un derrame cerebral sufrido semanas antes en el café Napolitain de París.

tumba_gomez_carrilloTumba en el cementerio Père Lachaise, París.Es sepultado con honores y ceremonias financiadas por la embajada argentina en el cementerio Père Lachaise donde, años más tarde, sería enterrada a su lado, su tercera esposa Consuelo Sucín, más tarde condesa de Saint Exupéry

Después de su muerte a los 54 años, la fama del cronista se extinguió poco a poco, y su estilo pasó de moda casi hasta el olvido, mientras Rubén Darío y otros de sus contemporáneos modernistas o de la Generación del 98 se izaron a glorias literarias más firmes.

 

Enrique Gómez Carrillo

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