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Sebastián Miranda, un escultor cronista de su época

 

 

 

1s_mirandaSebastián Miranda ca. 1920. (Det.). Archivo familia del artista.Oviedo, 1885 - Madrid, 1975

Sebastián Miranda nació en Oviedo, la heroica y anodina Vetusta de Leopoldo Alas "Clarín", el 7 de julio de 1885.
Fue el último hijo, único varón, tras sus hermanas Luisa y María, del matrimonio formado por José Miranda Cienfuegos (1852-1890) y María Pérez-Herce Alvargonzález (1855-1933), ambos miembros de distinguidos linajes de Grado y Gijón, respectivamente.
Como benjamín y único varón de una familia burguesa, disfrutó de una infancia y adolescencia privilegiada y mimada, de la que poco se sabe, salvo que durante su paso por el Instituto de Enseñanza Secundaria de Oviedo se inició su amistad con Ramón Pérez de Ayala, entonces estudiante de Derecho en la Universidad, amistad que se prolongaría hasta la muerte del escritor.

En el verano de 1900, Sebastián Miranda se trasladó a Alemania para emprender estudios de Ingeniería, que abandonaría a finales de 1902, cansado de estudiar y decidido a seguir los pasos como militar de su padre, o bien dedicarse al arte.

2con_p_ayalaMiranda caricaturizando a Ramón Pérez de Ayala, ca. 1905-7. Archivo familia del artista.Así, a principios de 1903 regresaba a España y, tras una breve estancia en la Academia de Caballería de Valladolid, se instaló en Oviedo, donde compaginaría sus estudios de Derecho con la asistencia a las clases de la Escuela de Artes e Industrias de la capital asturiana y la elaboración de sus primeras obras, en su mayoría caricaturas dibujadas de personajes ovetenses, a quienes retrataba en sus paseos por las calles de la ciudad o en las tertulias de los cafés que el propio dibujante frecuentaba, como el Casino, el Café de Madrid y el Café de París. Estas caricaturas le dieron gran fama... ¡y beneficios!, que le permitieron trasladarse primero a París (1907-1908) y después a Roma (1909-1910), a donde viajó con el fin de completar su aprendizaje artístico.

En París, Miranda realizó también caricaturas de cantantes y diseños para carteles de los espectáculos de cabaret, así como para menús, al tiempo que se introdujo en la práctica de la escultura en el taller del diplomático y escultor diletante Luis de Périnat y Terry, marqués de Périnat (1872-1923), quien a su vez había sido discípulo de Mariano Benlliure. Posteriormente, en Italia, Sebastián se matriculó en las clases de dibujo del natural del Regio Istituto di Belle Arti de Roma, ciudad en la que apreció la grandeza de la escultura clásica y del Renacimiento, que tanto admiraría.

3Sebastián Miranda y sus modelos gitanos en la terraza de su estudio en la calle Marqués de Urquijo. A su regreso a España, en el otoño de 1910, Sebastián Miranda se instaló en Madrid, donde fijaría su residencia y actividad para el resto de su vida. En los primeros meses, hasta el traslado del escritor a Italia en 1911, compartió estudio con Ramón Pérez de Ayala en la calle Pez, 20. A continuación, Miranda se mudó a un nuevo estudio en el número 17 de la calle Montalbán, esquina a Alfonso XII, frente al parque del Retiro, que ocuparía hasta finales de 1919, momento en que se cambió al taller que había disfrutado previamente Ignacio Zuloaga, en el número 41 de la calle Marqués de Urquijo.
La capital de España marcó el futuro profesional y personal de Sebastián Miranda. En ella comenzó a asistir a tertulias, como la de Fornos, el Café del Gato Negro, el Nuevo Café de Levante y la Maisón Doré, en las que participaban buena parte del cenáculo artístico y literario del momento; y se codeó con críticos de arte y con acaudalados burgueses y aristócratas que se convirtieron, respectivamente, en sus defensores y clientes.

4tertuliaJulio Camba, Enrique de Mesa, Ramón Pérez de Ayala y Sebastián Miranda, en agradable tertulia.El contacto con los pensadores y creadores del momento fue decisivo para el devenir estético de su producción y para la formación de sus opiniones, tanto en el ámbito creador como en el político. Frecuentó en esta década, entre otros, a los escritores Ramón del Valle-Inclán, Luis de Tapia, Serafín y Joaquín Álvarez Quintero, Pío Baroja, Enrique de Mesa y Julio Camba; a los artistas Mariano Benlliure, Ignacio Zuloaga, Ricardo Baroja, Francisco Sancha, Julio Romero de Torres, Anselmo Miguel Nieto y Julio Antonio; los médicos Teófilo Hernando y Gregorio Marañón; el filósofo José Ortega y Gasset, el taurófilo y torero aficionado Julián Cañedo y el torero Juan Belmonte. Con muchos de ellos entabló relaciones de amistad para el resto de su vida y, con algunos, llegó a establecer una colaboración o a compartir taller. Este último fue, en efecto, el caso de su relación con el arquitecto Manuel del Busto Delgado, el escritor Ramón Pérez de Ayala, el escultor Julio Antonio y el ceramista Daniel Zuloaga. Fueron, por otra parte, años que se podrían definir de "bohemios", con relativos problemas económicos, contacto con artistas plásticos, bailarinas, literatos y personajes del "todo Madrid", fiestas, comidas, excursiones, conflictos, bromas y picaresca, recogidas en su rico anecdotario y que caracterizaban el Madrid artístico de la época.

5expExposición de Sebastián Miranda en el Palacio de Bibliotecas y Museos, 1921. Archivo familia artista.En 1921 Sebastián Miranda celebró su primera exposición monográfica en el Palacio de Bibliotecas y Museos de Madrid, donde presentó un centenar de esculturas en escayola, terracota y bronce, la mayoría de ellas retratos caricaturescos de pequeñas dimensiones, que le aportaron un gran éxito de crítica y ventas y abrieron paso a su reconocimiento como artista. Se inició entonces su etapa de plenitud, tanto artística como personal, que culminaría en este último ámbito en 1926, a través de su matrimonio con la joven ovetense Lucila de la Torre Boulín (1895-1938).

6con-_su_mujerLucila y Sebastián en el taller, años 30. Archivo familia artista.Este enlace supuso para el escultor un punto de inflexión en su vida y carrera profesional, pues su esposa le proporcionó la estabilidad, tranquilidad, inspiración y ánimo que necesitaba para modelar. También condicionó su cambio de taller, trasladándose, a finales de 1929 o principios de 1930, a una casa-taller diseñada por su amigo el arquitecto Secundino Zuazo Ugalde y construida en la Avenida de la Moncloa, que aún se conserva. Así mismo, en estas fechas emprendería el que sería el proyecto de mayor envergadura de toda su carrera: un relieve con más de ciento sesenta personajes del barrio pesquero de Cimadevilla en Gijón,  el Retablo del Mar.

Estos años de tranquilidad emocional y creativa de los que gozó el artista contrastaron con la inestabilidad del contexto social y político de la España de los años veinte y treinta. A la pérdida de confianza en la monarquía y los conflictos derivados de la guerra de Marruecos siguió la Dictadura del general Primo de Rivera y, posteriormente, la instauración de la República, revueltas revolucionarias de 1934 y, por último, la guerra civil. El escultor vivió muy de cerca todos estos acontecimientos, especialmente la implantación del gobierno republicano, que apoyó junto con sus amigos Gregorio Marañón, José Ortega y Gasset y Ramón Pérez de Ayala, miembros de la Agrupación en Defensa de la República e impulsores de ésta, y de los políticos Melquíades Álvarez e Indalecio Prieto (a este último, además, le escondió en su casa para protegerle durante el mes de noviembre de 1930), aunque tras el estallido de la Revolución de 1934, que el escultor sufrió en Oviedo, quedaría, al igual que sus amigos, profundamente decepcionado con el ideal republicano. Esa desilusión se acrecentaría a lo largo de su exilio voluntario en Francia, coincidiendo con la guerra civil española, y a su regreso a la España de Franco en el verano de 1940.

En septiembre de 1936, uno meses después del estallido de la guerra civil, Sebastián Miranda salía de España junto con su esposa Lucila de la Torre y su suegra Luisa Boulín.

7en_taller_parisinoSebastián Miranda en su taller parisino, ca. 1939. Museo del Pueblo de Asturias. La familia se instaló en París, en un pequeño apartamento en el número 2 de la rue Daubigny y, a partir de 1938, en el 120 de la Avenue Wagram. El primero sería un edificio que irían ocupando en los meses siguientes un buen número de compañeros y amigos exiliados, entre los que se encontraban Teófilo Hernando, Ramón Pérez de Ayala, Sánchez Covisa, el ingeniero Antonio Torras y Secundino Zuazo. Con ellos, y con otros intelectuales españoles instalados en la ciudad del Sena, como Azorín, Pío Baroja, José y Manuel Gutiérrez Solana, Gregorio Marañón y José Ortega y Gasset, pasaría Miranda los años parisinos, marcados por la enfermedad y muerte de su suegra (1937) y esposa (1938), ambas a consecuencia del cáncer.
Este último acontecimiento sumiría al artista en una profunda tristeza que sólo pudo combatir con el intenso contacto con sus amistades y el trabajo, gracias a la inspiración que encontró en las gitanas del rastro parisino que dieron lugar a numerosos apuntes y varias esculturas, proyectos truncados, en 1939, por el estallido de la Segunda Guerra Mundial.

A su regreso a España en septiembre de 1940, acompañado de su incondicional criada Luisa Rebollar, la Sariega, Miranda se encontró un país en reconstrucción, misma actividad que caracterizaría su actividad tras su retorno, con la reedificación de su casa-taller, la recuperación de proyectos y el contacto con los amigos y las tertulias, como la del Café Lyon d'Or, encabezada por José María de Cossío y Antonio Diaz-Cañabate. Poco a poco, el artista fue recuperando su vida madrileña. Compaginó en un primer momento estancias en Gijón para rehacer el Retablo del Mar con nuevos proyectos, como el grupo de la Oda a Belmonte, que iba a representar a todos los intelectuales de la época en un homenaje al torero y según el título de un poema de Gerardo Diego. También recuperó a sus modelos característicos: intelectuales, artistas y, sobre todo, damas de alta alcurnia y gitanas, estas dos últimas protagonistas de las figuras que le darían más fama en estos últimos años.

8conferenciaSebastián Miranda pronunciando una conferencia. De izqda. a dcha. Arrriba: Cossío, Miraflores, Luca de Tena, B. Palencia, S. M. Hernando, Cañabate y Forte. Abajo: Archivo: Oliver, Luis Calvo, César Glez. de Ruano y Vega Díaz. Archivo Familia del artista.A partir de 1962, y tras la muerte de algunos de sus mejores amigos (Gregorio Marañón, Juan Cristóbal, Indalecio Prieto, Juan Belmonte, Julio Camba y Ramón Pérez de Ayala), combinó su labor artística con la de conferenciante y colaborador del diario ABC, con una serie de artículos anecdóticos, que aparecieron publicados periódicamente hasta su muerte, el 20 de octubre de 1975.
Sus intervenciones públicas y el estilo espontáneo de sus textos le concedieron una gran fama, que sobrepasó el mundo del arte, de la intelectualidad y de la alta sociedad madrileña para alcanzar un nivel popular en toda España, aunque esta iría, por desgracia y con consecuencias reflejadas aún hasta hoy en día, en detrimento de su reconocimiento como escultor.

 

Sebastián Miranda

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