Web modernismo 98 y 14

logo_zuloaga
E-mail

Curiosidades de 1firma_p_ayala


amdgLas diatribas y el escándalo vinculados al libro A.M.D.G., el más polémico y popular de Ramón Pérez de Ayala, arreciaron, de nuevo, al ser representada en el teatro Beatriz de Madrid una adaptación dramática en época de la República, 1931, con la asistencia del presidente Azaña y el propio autor, cuando ya la novela autobiográfica tenía veinte años de andadura. En aquel entonces conservaba aún el teatro una repercusión, social y política, inexistente y difícil de calibrar hoy. A raíz del estreno se congregó una sonora manifestación de detractores, y la prensa habla de más de setenta detenidos; uno de ellos era nada menos que José Antonio Primo de Rivera.

No obstante, las vivencias del alumno Ramón Pérez de Ayala dan pie, asimismo, a diversas anécdotas del internado narradas más tarde por el escritor en un tono agudo, ameno y desenfadado. Una de ellas es la referente al "juego del zurriago" ingeniado por los padres jesuitas con el objeto de combatir el frío muy severo de Tierra de Campos en el viejo y monumental convento que los acogía. Los chicos recibían una vaina de cuero rellena de estopa bien apretada con una manija para acoplarla a la muñeca. Pertrechados de esta guisa, corrían por el inmenso patio del colegio en los recreos, persiguiéndose los unos a los otros y entrando en calor con los zurriagazos que se propinaban. Si las inclemencias no permitían salir, jugaban en el claustro cuyo suelo cubrían de una tupida alfombra de paja triturada, eficaz aislante de la gelidez del pavimento pétreo.

Ramón Pérez de Ayala irrumpe en el mundo intelectual del Madrid de comienzos de siglo tras abandonar Oviedo. Pasa un tiempo en Londres y regresa de urgencia a su ciudad natal por la muerte voluntaria de su padre, hecho recordado sin veladuras en la obra poética El sendero innumerable:

«Saliste al paso de la muerte. /Solo y pobre ante el mundo me encuentro/No hacienda, sí otra cosa más rica me has dejado: /alma honrada, corazón sincero/ambición de lo noble,/ piedad por lo plebeyo. Ojalá que de mí se diga: /"es un hombre", como de ti dijeron».

A su llegada a Asturias intenta salvar el negocio textil familiar y, al poco, tras dejarlo medio enderezado, cede su parte y sus bienes a sus hermanos, Cirilo y Asunción, y marcha a Madrid para dedicarse por entero a su carrera de escritor.

ayala_puroFumando un habano.Es sumamente culto y refinado, habla idiomas, fuma puros habanos que saborea plácidamente, bebe ginebra y posee una apostura de dandi que no pasa inadvertida a la mirada del poeta Antonio Machado quien, afectuoso, lo retrata así en Nuevas canciones:

«Lo recuerdo...Un pintor me lo retrata, /no en el lino, en el tiempo. Rostro enjuto,/sobre el rojo manchón de la corbata,/ bajo el amplio sombrero; resoluto/el ademán, y el gesto petulante/-un si es no es - de mayorazgo en corte;/ de bachelor en Oxford, o estudiante/ en Salamanca, señoril el porte./ Gran poeta, el pacífico sendero/cantó que lleva a la asturiana aldea;/el mar polisonoro y sol de Homero/ le dieron ancho ritmo, clara idea;/ su innúmero camino el mar ibero,/ su propio navegar, propia Odisea».

La pasión por la tauromaquia le venía, en verdad, de casta. Cirilo, su progenitor, partidario de Frascuelo, llevó al niño de pañales, con su ama, a la inauguración en 1880 de la plaza de Oviedo, levantada, en parte, con su contribución.

p_ayala_valle_seb_miranda_belmonte2Pérez de Ayala, Sebastián Miranda, Valle-Inclán y Belmonte.El escultor Sebastián Miranda recogió en sus memorias un pintoresco episodio acerca del atractivo que podía ejercer una buena corrida en Ramón, su amigo del alma. Corría la primavera de 1913 y, estando el escritor de viaje de novios en Granada, hospedado en casa de Miguel Rodríguez Acosta, no dudó en hacer sus maletas de manera impensada y regresar a Madrid tras recibir un telegrama en el que Miranda y Valle-Inclán le enaltecían el triunfo del novillero Belmonte el día de su alternativa en la capital. De esta forma, y ante la sorpresa del anfitrión, el recién casado se unió al grupo para asistir a la segunda corrida de quien luego sería buen amigo suyo.

Poseía Ramón, por añadidura, un curioso parecido con este torero, y su biógrafo Fernando Agustín dejó escrito que el hijo pequeño de Pérez de Ayala creyó que su papá se había vestido el traje de luces al enseñarle un retrato del popular ídolo taurino. Las caricaturas de la época realzan con frecuencia dicha similitud.

Mas la familiaridad del escritor con el mundo taurino no se limitaba a asistir a las corridas y a escribir y hablar de tauromaquia. Encontrándose en Londres, unos años antes, organizó su amigo asturiano, el marqués de Valero de Urría, una tómbola benéfica y, con tal motivo, pidió a sus allegados que aportaran objetos para rifarlos. Pérez de Ayala escribió al torero Bombita, casado con una catalana hija de un fabricante textil amigo de su padre. El torero secundó de inmediato su petición enviándole unas banderillas auténticas y para colmo usadas, es decir, sanguinolentas, cosa que causó perplejidad entre todos los asistentes.

Desde su adolescencia, cuando en Oviedo empezó a destacar y codearse con las fuerzas vivas en los cenáculos y el Casino, fue Ramón Pérez de Ayala objeto de envidia y maledicencia, plasmadas una y otra en los numerosos anónimos que recibió. Procedía uno de los seminaristas que editaban El Zurriago Social y lo odiaban profundamente. Otra de estas esquelas injuriosas, respuesta, al parecer, a un cuento que había publicado en El Porvenir de Asturias, llegó por error a su tío paterno de nombre Ramón, alcalde de Oviedo en aquel momento.
Desde entonces, no dejó jamás de recibir anónimos, en especial, cada vez que publicaba en España. No fue así, en cambio, durante los catorce años de residencia argentina, pese a su presencia permanente en el periódico bonaerense de La Prensa. La cosa continuó tras el regreso del escritor a su país en 1955, y la insidia llegó al extremo de mandar los calumniadores las notas ofensivas al director del periódico ABC con el claro y vil propósito de perjudicarle.