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Curiosidades sobre azorin firma amar

 

arch-azorin-02“Pepe” Martínez Ruíz, "Azorin", al igual que otros miembros de la Generación del 98, como Benavente y Valle-Inclán, cursó los estudios de derecho sin ningún interés; la atracción de la vida bohemia, la literatura y la política le impidieron concentrarse en los mismos. A pesar de los numerosos años de estudios, y a llegar a examinarse de asignaturas en las universidades de Valencia, Granada, Salamanca y Madrid, nunca llegó a licenciarse.

En sus primeros años se dedicó a escribir artículos periodísticos de contenidos políticos revolucionarios, de ideario anarquista, republicano y federalista. Se caracterizaron por ser altamente polémicos y provocadores, pues en ellos cuestionó agriamente valores sociales como el matrimonio y la propiedad. Para valorar su virulencia, puede servirnos como indicador el hecho de que acabó siendo expulsado de El País, un periódico republicano y anticlerical.

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En su juventud fue un ejemplo del periodista inseguro de su percepción pública. No solamente firmaba los artículos con un seudónimo, si no que cambiaba a menudo el mismo. Así, se le conocen artículos firmados como “Fray José”, “Juan de Lis”, “Cándido” (en honor a Voltaire), “Ahriman” (el dios persa de la destrucción), “Charivari” y “Este”. Finalmente, a partir de 1904, mantuvo el seudónimo de “Azorin”, el personaje de una de sus novelas y por el que acabó siendo conocido por todos; su asociación con este nombre llegó a tal extremo que algunas cartas se las enviaban con ese nombre, llegándole sin problemas a su poder.

Nuestro escritor pasó del anarquismo revolucionario de su primera juventud, a la militancia en el Partido Federalista de Pi y Margall (en cuya rama alicantina militó hasta 1900). Pocos años después se incorporó al Partido Conservador, bajo la protección de Antonio Maura y Juan de la Cierva, que le facilitaron diversos cargos y a los que dedicará textos encomiásticos. Ambos políticos habían sido, en los años precedentes, objeto de sus críticas, tanto por el hecho de ser caciques conservadores como por defender el unitarismo españolista.
En 1930, ante la inminente caída de la Monarquía, sale de la redacción del periódico monárquico ABC, en el que ha estado escribiendo veinticinco años. Durante la Segunda República recupera algunas de sus ideas progresistas de su juventud, pero sin el encarnizamiento de aquel entonces. Al estallar la guerra civil en 1936 se exilia en París y regresa en 1941 para incorporarse al franquismo y en la redacción del periódico conservador ABC
Así se puede puede afirmar que Azorín escribió a favor de casi todas las ideas políticas.

El hecho de ejercer el periodismo a lo largo de toda su vida no le impidió a Azorín escribir, en colaboración con Pedro Muñóz Seca, una irónica comedia sobre esta profesión titulada El Clamor. La obra se estrena en los teatros de varias ciudades españolas en la primavera de 1928, con cierto éxito. El argumento trata de unos periodistas madrileños que estaban dispuestos a emplear cualquier treta para aumentar la tirada de su periódico, incluida la simulación de un secuestro.
La obra causó una gran indignación entre sus colegas, lo que motivó que la dirección de la Asociación de la Prensa le expulsase fulminantemente, sin darle la posibilidad de defenderse.
En un artículo escrito en su defensa, Azorín se quejó de la reacción desproporcionada de sus detractores, que comparó con un acto inquisitorial.

Juan A. Ríos Carratalá, estudioso de la iconografía de Azorín, ha llegado a la conclusión de que el escritor siempre posó para las fotografías que le tomaron, contribuyendo así a crear su propio personaje, al estilo de Valle-Inclán. A pesar de ser muchas las fotos en ninguna aparece sonriendo. Posiblemente, era su intención que nos quedáramos con la imagen de un grave intelectual, dotado de una estampa propia de los caballeros que retrató siglos antes El Greco. Puro noventayochismo.

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Ríos Carratalá observa que Azorín había acudido muy pocas veces a ver cine, antes de la Guerra Civil. Lo cierto es que solamente se había ocupado de este arte en algunos artículos que había publicado en los años veinte, por lo que resulta sorprendente que se convirtiera en un gran cinéfilo en la década de los años azorincamaracuarenta, con más de setenta años de edad. La nueva afición se convirtió en pasión y acude cotidianamente a ver películas, desplazándose incluso hasta cines de barrio para poder ver toda la cartelera.
Su admiración por este espectáculo llegó al punto de afirmar: “dicen que el cine es el séptimo arte; yo digo, sin empacho, que es el primero”.
Naturalmente, escribió numerosos artículos sobre cine, recogidos algunos en el libro El cine y el momento (1953). El hecho de que una gloria nacional como Azorín prestase tanta atención al cine, arte escasamente desarrollado en España, contribuyó a prestigiarlo pues su fama de sabio atrajo a actores y actrices y llegó incluso a suscitar polémicas con algunos jóvenes críticos de cine.

 

 

 

 

 

 

Azorín

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