Web modernismo 98 y 14

logo_zuloaga
E-mail

Curiosidades sobre2firma_juliocamba

1camba_fumando2


Las anécdotas acerca de Julio Camba son innumerables. Cuando rechazó el sillón que le fué concedido por La Real Academia, al final de su vida, se dice que dijo:

-¿Para qué quiero yo un sillón cuando lo que necesito es un piso?
Y eso no me lo van a dar ustedes...

 

 

 

En El destierro (1907) Julio Camba da cuenta de su aventura anarquista en Buenos Aires.
"Los mitins en Buenos Aires se daban al aire libre, en las plazas públicas, y generalmente en la Plaza Victoria. Yo no sé si se elegía esta plaza porque era la más céntrica de la ciudad o porque, al mismo tiempo, era la que más se prestaba para los discursos anarquistas. En ella, el orador se encaramaba a una pirámide que hay en el centro y desde allí iba haciendo una crítica de la sociedad por un orden arquitectónico, esto es, derivándola de los edificios que le rodeaban. Miraba enfrente de sí y se encontraba con la casa de Gobierno:
- He ahí el Gobierno - decía
-¿Y qué es el Gobierno? El Gobierno...
(crítica del Gobierno).
Luego, señalaba la catedral, que estaba a su izquierda:
- Esta catedral  -exclamaba- representa la Religión. ¿Y qué es la Religión? La Religión...
(crítica de la Religión).
Entre la casa del Gobierno y la catedral estaba el Banco Argentino.
- Ved ese Banco -vociferaba el orador-. Ese Banco es el Capital. ¿Y qué es el Capital? El Capital...
(crítica del Capital).
el_destierro_cambaEl destierro. Edit. Magisterio Español, 1970.Y, por último, se dirigía a su derecha, en donde estaba el Congreso:
- He ahí el Congreso -añadía-. He ahí el sistema parlamentario. ¿Y qué es el sistema parlamentario? El sistema parlamentario...
(crítica del sistema parlamentario).
Un día subió a la pirámide un italiano que se llamaba Locascio.
- Ved esa catedral  -comenzó a decir- . La están recomponiendo porque está vieja. Es el último puntal que se le pone a la Religión, pero no servirá de nada. La Religión se hunde porque está
muy vieja, y todo lo que está viejo se hunde... se hunde...
Entonces, como Locascio no encontraba palabra para seguir, se hundió también. Desde la pirámide cayó al suelo, como si el Dios a quien había ofendido le hubiese castigado. Y hubo uno que dijo:
- Pero, hombre; yo no creía que este Locascio estaba tan viejo..."

Federico de Onís, amigo personal de Camba, cuenta la historia de su deportación:
"Después de estar tres años en Buenos Aires, quiso regresar a su patria. Supo que el gobierno argentino había dispuesto la deportación de anarquistas. Se le ocurrió gritar !Viva la anarquía! en un lugar céntrico de la ciudad. Julio Camba fue detenido y se convirtió en uno de los primeros extranjeros deportados".

La prensa del momento, con la que luego colaboraría, no acertaba a llamarle por su nombre: Julio Canela
(El Imparcial), Julio Canoba (El Heraldo) y Julio Caníbal (El País).
Cansinos-Asséns, en la primera parte de sus memorias (1882-1914), recuerda el aspecto de Julio Camba su llegada a Madrid:
"Un joven con grandes melenas y chalina de colorines, que hablaba con acento gallego, meloso y zumbón, y en ese tonillo melifluo profería declamaciones nihilistas contra los cochinos burgueses en Tierra y Libertad, el órgano del líder ácrata Federico Urales".

atentado_alf_xiiiAtentado contra Alfonso XIII, el día de su boda, en la calle Mayor de Madrid, 1906.En aquellos días, Julio Camba todavía era un escritor anarquista, odiaba a los burgueses, pero amaba la buena vida burguesa, los bistecs gordos y las mujeres finas, y como los burgueses son los que disponen de todo ello, los adulaba unas veces y otras los intimidaba, para tener su parte en el festín.
Su relación de amistad con el feroz anarquista Mateo Morral le llevo a verse envuelto con la famosa "Causa de la Bomba". Mateo Morral lanzó, desde un balcón de la calle Mayor, la bomba del atentado del 31 de mayo de 1906 contra la carroza de Alfonso XIII y Victoria Eugenia; murieron diecinueve personas y hubo un centenar de heridos.
Mateo Morral había utilizado su credencial como periodista para asistir a la boda. Julio Camba tuvo que declarar ante el juez sobre este asunto y dar las pertinentes explicaciones.

Superada su etapa anarquista, se cuenta que un día, en compañía de Ortega Munilla (padre de Ortega y Gasset), camina Camba por una calle de Madrid. Se encuentran con Leopoldo Romeo, director de La Correspondencia de España, un periódico palpitante, abierto a los nuevos tiempos, que imponen nuevas normas, una de las cuales era la de enviar periodistas al extranjero. Turquía atraviesa un periodo de inquietud. Y Romeo le dice a Camba:

- ¿Se iría usted a Constantinopla?
- Mañana mismo

Camba se convierte en un viajero infatigable, en un visitador de países, en un analista de caracteres, naciones y culturas. Julio Camba termina por verse a sí mismo como una rana viajera, no le importan la gloria literaria o las relaciones sociales. No tiene grandes ambiciones. Parece como si viese a las gentes, a las cosas, a las ciudades, desde el más allá o en la preparación de un microscopio.
Algunos de sus amigos cuentan que cuando Julio Camba se encuentra con alguien por la calle suele cerrar la conversación con un "Adiós, muy buenas" repentino, caprichoso y fugaz, y con él se esfuma el ingenioso articulista. Camba es de los que habla, dice y se va. No insiste ni pierde el tiempo en explicaciones porque... ¿para qué explicar lo que no se entendió? La explicación no cabe en su humorismo.
Es extraordinariamente reservado, tímido y absolutamente discreto sobre sus sentimientos. Con una concepción tradicional de la familia justifica su soltería para seguir adelante con su vida viajera. Chaparro, coqueto y con tendencia a engordar, hace régimen por temporadas. Es nervioso, inquieto, supersticioso, friolero.
En la posguerra en el sanatorio de nutrición no trata su gordura, sino una de sus raras enfermedades imaginarias. Regresaba a reponerse de sus viajes a su villa natal, allí todavía recuerdan su aprensión supersticiosa:
"el que no le caía tan bien era Ricardo Pandín, un señor que tenía un ojo de cristal, y al que procuraba rehuir cada vez que se lo encontraba. Don Julio se ponía nervioso, daba saltitos, tocaba madera compulsivamente y echaba a correr".

Aunque su salud no es buena, no deja de sorprender a quienes le visitan con algunas perlas:
"Es que soy un vertiginoso: todo me da vueltas. Veremos a ver si en Madrid me paro".

camba_riendoseEn sus últimos años le llueven las invitaciones, pero acepta muy pocas. Acude al Círculo de Bellas Artes a jugar al ajedrez y a las cartas. Tras una trayectoria insobornable, sostiene su estilo y particular criterio hasta sus últimos artículos. En sus últimos días el padre Felix García, como a Ortega, le administra los santos óleos. El nacional-catolicismo de la época era especialmente combativo en que todo el mundo muriera "como Dios manda". Camba no recuerda el "Padre nuestro" ni el "Dios te salve, María". Si tiene la costumbre de decir antes de acostarse el cuatro esquinitas tiene mi cama. El agustino se sorprende de la ingenuidad de Camba. Lo cierto es que conociendo las obsesiones de la época y los protagonistas de la anécdota este asunto no deja de tener su gracia.