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Curiosidades de Firma-Juan-Ramon-2

 

"Nací en Moguer, la noche de Navidad de 1881. Mi padre era castellano y tenía los ojos azules y mi madre, andaluza, con los ojos negros. La blanca maravilla de mi pueblo guardó mi infancia en una casa vieja de grandes salones y verdes patios. De estos dulces años recuerdo que jugaba muy poco, y que era gran amigo de la soledad..."

 

Antolojia personalJuan Ramón tenía unas ideas ortográficas muy particulares, como escribir con jota las palabras en ge, gi; suprimir las b, las p, etc., en palabras como oscuro, setiembre, etc.; usar s en vez de x en palabras como escelentísimo, etc.
Decía que lo hacía, primero, por amor a la sencillez, a la simplificación, por odio a lo inútil. Luego, porque cree que se debe escribir como se habla y no hablar, en ningún caso, como se escribe, y después, por antipatía a lo pedante.

 

Cuando en julio de 1936 año estalla la guerra civil en España, para remediar en la medida de sus fuerzas las consecuencias de la lucha, los Jiménez convierten en guardería uno de los pisos que Zenobia realquilaba a extranjeros y diplomáticos, donde acomodan a una docena de niños de los llegados a Madrid al propagarse la revolución.
Para sufragar la manutención de estos niños -Juan Ramón hacía tiempo que no cobraba liquidaciones de sus libros-, el matrimonio empeña en el Monte de Piedad diversos objetos de plata y alhajas que poseían.
Para dejar clara su postura ante la guerra civil de 1936, Juan Ramón suscribe, con Antonio Machado,  Ramón Menéndez Pidal, Gregorio Marañón,
José Ortega y Gasset y Ramón Pérez de Ayala un manifiesto en el que se coloca "del lado del Gobierno, de la República y del Pueblo, que con tanto heroísmo está combatiendo por las libertades".


En marzo de 1953, la Universidad de Puerto Rico había celebrado el Cincuentenario de su fundación inaugurando una magnífica biblioteca. Juan Ramón se sumó a la efeméride donando la suya completa: más de seis mil volúmenes.
Dos años después, la Universidad agradeció tan generosa donación cediendo al poeta y a su esposa una gran sala para que sirviera de lugar de trabajo y a su muerte quedara convertida en centro de investigación encargado de honrar su memoria y custodiar los libros donados por Juan Ramón. Esa sala fue bautizada, por deseo del poeta, con el nombre de Sala Zenobia-Juan Ramón Jiménez.