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Curiosidades de madariaga_firma

 

col_madariagaLlama la atención que Salvador de Madariaga, que dedicó su vida a la promoción de la paz internacional, fuera descendiente de militares, y por ambas ramas de su familia. Y no lo fue a causa de un antagonismo contra su padre-que tuvo una buena carrera en el ejército y con quien se llevó bien- sino por azares de la vida y por el talante diplomático y cordial que caracterizó su personalidad desde joven. Su padre, hijo y nieto de militar, era oficial del Cuerpo de Intendencia; así mismo, su abuelo materno también había servido al ejército.

libertad_madariagaLa libertad es el aire que respira el alma...En el periódico The Oxford Mail se afirmó que Madariaga era "...uno de los más enciclopédicos talentos que se ha sentado jamás en una cátedra de Oxford". Fue un personaje muy curioso, durante toda su vida, que se dedicó a los más diversos menesteres: ingeniero de minas, funcionario de la Sociedad de Naciones, catedrático, embajador, ministro del Gobierno, ensayista, historiador, memorialista, dramaturgo, novelista y poeta; un polígrafo extremadamente cosmopolita. 
El internacionalismo de Salvador no le impidió ser también un profundo investigador de la historia y la personalidad colectiva de los españoles, asuntos a los que dedicó numerosos libros.

La Universidad de Oxford le nombró profesor de literatura española en la cátedra "Alfonso XIII". Se daba la circunstancia de que Madariaga carecía de titulación académica alguna en filología, y aún menos del título de doctor para figurar como catedrático, razón por la cual razón la universidad le concedió, por decreto, el título de Maestro de las artes (Master in the arts). Además, se daba la circunstancia de que ostentaba una cátedra en honor de un personaje -el rey de España-con quien nunca llegó a entenderse en las reuniones que mantuvieron.

universalAl tratarse de un personaje abiertamente republicano y dotado de experiencia y contactos internacionales importantes, resultó uno de los nombres a los que más acudieron los nuevos mandatarios de la Segunda República durante sus primeros tiempos. Su confianza con los líderes del primer gobierno republicano llegó a límites insólitos. Primero le nombraron Embajador en Washington, sin consultarle previamente, mientras estaba de viaje por Iberoamérica. También, mientras se encontraba de viaje por Europa para participar en una reunión internacional, y sin consultarle, sus amigos le presentaron como candidato a diputado por La Coruña, eligiéndole después vicepresidente tercero del Congreso.

Como parlamentario, Madariaga haría importantes contribuciones a la redacción de la nueva Constitución. Las libertades que se tomaron con él sus correligionarios dan prueba de su lealtad republicana y de su buen carácter.

En los primeros tiempos de la Segunda República se suscitó el debate acerca de si procesar o no "in absentia" al antiguo Rey. Algunos diputados propusieron que se le suspendieran al monarca las garantías procesales de defensa que establecía la legislación. Madariaga se opuso a esa idea, e indignado, proclamó:
"La República no es sólo un régimen que respeta la ley, la República es la ley. Y venir a proponernos que comencemos nuestra vida social como republicanos cometiendo un crimen escandaloso contra la ley nacional, al privar a un acusado de las garantías que la ley prescribe para su defensa y protección".

en_usaEntrega de credenciales, como Embajador en EEUU.Fue un hombre de fino sentido del humor, que solía acompañar de una gran dignidad. En 1932, para poder participar en las negociaciones de desarme, Madariaga convenció al Gobierno español de que le nombrara Embajador en París. Cuando fue a presentar sus credenciales como Embajador de España, se encontró esperando durante una hora en la antesala del Ministro Francés de Asuntos Exteriores. Pasado ese tiempo y, sin llegar a entregarlas, Salvador se marchó del ministerio, dejando la siguiente nota al ministro:
"Salvador de Madariaga le aguardaría a usted años, pero el Embajador de España no aguanta más de una hora".

Las impecables credenciales democráticos, republicanos y liberales de Madariaga no le impidieron ser objeto de toda clase de insidias, campañas de prensa y discriminaciones por parte de un sector del Partido Socialista. La excusa de esas difamaciones es que había sido ministro en un gobierno de centro-derecha. Estos hechos le movieron a dimitir de su puesto de delegado español en la Sociedad de Naciones, para el que había sido nombrado por el gobierno del Frente Popular, en la primavera de 1936.

Durante los primeros días de la guerra, Madariaga estuvo a punto de ser fusilado en el sector republicano.
Para garantizar su seguridad el Gobierno le renovó el cargo en Ginebra, a donde viajó inmediatamente, pero no llegaría a regresar a España hasta pasados cuarenta años. Ese mismo año de 1936 se le propuso para el Premio Nóbel de la Paz.

Durante la Guerra Civil, fue una de las pocas personalidades que consiguió mantenerse en una posición neutral. También fue muy crítico con la intervención de Rusia y las Brigadas Internacionales a favor de la República, así como de Italia y Alemania a favor de los franquistas. En un artículo que publicó en varios periódicos internacionales manifestó:
"España no podrá sentirse solidaria de una victoria que - quien quiera que gane - será extranjera. De modo que, quien quiera que gane, España pierde siempre".
En varias ocasiones colaboró con el Gobierno británico para conseguir un armisticio que parara la guerra.

Al entrar las tropas nacionales en Madrid, el piso de Salvador de Madariaga, al igual que las casas de otros políticos liberales, fue asaltado y saqueado, desapareciendo, entre otros bienes, el retrato que le había hecho Ignacio Zuloaga. El régimen de Franco también se incautaría de la casa que compró en Pedraza de la Sierra a instancias de Zuloaga, quien deseaba convertir el pueblo segoviano en un lugar de encuentro de intelectuales y artistas.