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Curiosidades sobre   caricat_rev_ el nuevo_ mundo_1920Caricatura de Ramiro de Maeztu. El Nuevo Mundo, 8 de octubre de 1920.

 

Era un tipo de gran personalidad. Un físico alto y fuerte, con una figura espigada, ojos grisáceos de mirada intensa y soñadora, y cabello negro y lacio, vestía a la manera de un dandi finisecular y calzaba zapatos de cordones y punta redondeada inusuales entonces entre sus compatriotas.
Azorín y Salvador de Madariaga señalan la imponente sonoridad de su voz grave y magnética, llena de modulaciones.
El escritor Ramón Ledesma Miranda dice de él que, tras sus años londinenses, llevó aires de fuera al ambiente decimonónico del Ateneo de Madrid. Recuerda, asimismo, la etiqueta impecable que vestía unida a sus ademanes correctos y desenvueltos, todo lo cual le infundía la estética del fellow.

maeztu_dandy2Pero no estamos, desde luego, ante una personalidad sencilla ni carente de contrastes. Temperamental, nervioso y vehemente, Ramiro mantuvo a lo largo de su vida una veta como de adolescente con un toque histriónico y un cierto afán de sorprender y llamar la atención. A veces perdía los estribos reaccionando de forma intempestiva o incluso violenta. En el sonado estreno de la obra anticlerical de Benito Pérez Galdós, Electra, en el teatro Español, el año de 1901, Pío Baroja, testigo presencial, consigna en sus memorias que fue su amigo Ramiro quien inició la algarada al proferir desde el paraíso el grito estentóreo de ¡abajo los jesuitas!.

Durante la embajada en Buenos Aires, transcurridos ya más de veinte años desde el suceso anterior, recibió, en cambio, el sobrenombre de "Ramiro II el Monje" por parte de algunos españoles liberales e izquierdistas residentes en la Argentina. De ello se hace eco en un libro de 1957 el diplomático Francisco Agramonte.

Fueron varias las peleas en las que intervino Maeztu. A raíz de un golpe que dio al dibujante Poveda, quien, por su parte, había agredido a Valle-Inclán, se le abrió un proceso y, con tal motivo, aceptó la oferta de La Correspondencia de España y trasladó su residencia a Londres en calidad de corresponsal.
Ese pronto atrabiliario podía ir seguido, de inmediato, por una reacción de disculpa y hasta afecto hacia el agredido. Eso es lo que cuenta Salvador de Madariaga, al narrar el episodio del puñetazo que le propinó de forma inesperada Maeztu en la redacción de El Sol.
retratad_hermano_gmeztu_1910maspesoRamiro de Maeztu retratado por su hermano Gustavo, en 1910.En Gente del 98, Ricardo Baroja habla de lo aficionado que era el vitoriano a sorprender a sus compañeros de redacción pegando saltos y ejecutando piruetas y acrobacias de lo más variopintas. Tal inclinación constituyó una de las fuentes más fecundas de anécdotas o chascarrillos sobre él, y hasta se rumoreaba que había hecho el pino en la Puerta del Sol. Mas con ello no se cierra el capítulo de las excentricidades.
Al parecer, el proceso de escritura y fragua de sus artículos le resultaba sumamente penoso. Se le veía pasear de aquí para allá por las dependencias del periódico, presa de una alteración febril acentuada por gestos ostensibles y ruidos angustiantes, señalan sus colegas, y para colmo, tenía la manía de masticar trozos de papel que arrancaba del primer periódico que tuviera al alcance de su mano. Para el bilbaíno Indalecio Prieto -cuyas hijas estudiaron en la academia que montó Juana Whitney con su hija María para ganarse la vida al enviudar- el diario que engullía Ramiro con preferencia era La Época, y se pregunta con sarcasmo si tal predilección se debería al color crema de su papel o más bien a su calidad satinada.

Los caracteres novelescos del personaje no pasaron inadvertidos a los escritores de la época. Ramón Pérez de Ayala lo transmuta en Rainiero Mazorral en su novela madrileña Troteras y danzaderas, donde recrea, con gran fuerza evocadora, la conferencia, "La revolución y los intelectuales", dictada por Maeztu en el Ateneo madrileño al regreso de Londres y considerada por la prensa como un gran acontecimiento.

A su vez, Pío Baroja lo toma como modelo para el orgulloso Jaime Thierry de Las noches del Buen Retiro, e incluye, aunque con un final distinto, la trifulca que tuvo con el dibujante Poveda.

Como buen intelectual de su tiempo participó siempre Ramiro de Maeztu en las tertulias. Cuando residía en Londres, asistía a la de la Fabian Society en la que era miembro destacado el dramaturgo George Bernard Shaw.
maeztuEn los últimos años de su vida no faltaba a la que se celebraba en la sede de la revista Acción Española, junto a las Cortes y organizaba otra en su domicilio de la calle de Espalter, frente al parque de El Retiro. En esta última quedaba prohibido el tuteo ya que, según explicó Maeztu en un artículo, el fundamento de la relación jerárquica entre individuos y clases sociales radicaba en mantener el usted.
Varios de los tertulianos, periodistas notables, como César González Ruano o Josefina Carabias han dejado escritas sus impresiones. Hablan del ambiente del piso, cómodo, lleno de libros, donde se tomaba el té y un gran crucifijo presidía la mesa de despacho del dueño de la casa.