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Curiosidades de  con_calavera

 

Gregorio Marañón fue un hombre extraordinariamente popular al combinar las dos actividades, la de médico y la de escritor-periodista, lo que generó numerosas anécdotas que luego se comentaban en mentideros e incluso en artículos de prensa.

De Alfonso XIII a Albert Einstein - su invitado en el cigarral de Toledo cuando visitó España invitado por la Residencia de Estudiantes en los años veinte - no hubo personalidad ilustre que no tuviera contacto y en muchas ocasiones, amistad con Marañón.

mar_conde_romanonesCon el conde de Romanones en la playa de Ondarreta, 1930. Foto: Marín. Arch. Fund. Pablo Iglesias.De su posición en la vida pública española da idea el que el Conde de Romanones, a la sazón Ministro de Estado del gobierno de Alfonso XIII pidiera a Marañón, el 14 de abril de 1931, una vez sabidos los resultados de las elecciones municipales, que mediara con los representantes del comité revolucionario, presidido por Niceto Alcalá Zamora para la transmisión de poderes, una vez que el rey había decidido abandonar España. Pocos días después, su nombre sonaba primero como presidente de la naciente república y después como embajador en París, cargos que el doctor declinó pensando, como pensaba, que los que "tienen sobre sí la responsabilidad del magisterio" deben mantenerse alejados de la política activa. Su breve paso por las Cortes como diputado electo no quebró esta opinión puesto que durante esos meses fue más observador que actor.

Terminemos con un par de anécdotas que revelan la perspicacia y capacidad de observación del gran diagnosticador que fue Marañón. Se cuenta que un día fue a verle un señor de apariencia presumida, quejándose de molestias en el estómago. Después de una somera inspección, Marañón le dijo: "Si se afeita Ud. El bigote sus males desaparecerán". Fue tal la convicción con que el médico dictó la orden que, a pesar de que el paciente no las tenía todas consigo -ni siquiera se había molestado en auscultarle- decidió hacerle caso. A los pocos días de afeitado el bigote, en efecto, los males remitieron. De vuelta en la consulta para agradecerle la curación, Marañón le explicó el misterio. El señor se teñía el bigote con un tinte que contenía algún tipo de sustancia venenosa que pasaba al organismo en la saliva.

Y predijo en 1954 que el toreo sería arrinconado como espectáculo de masas por el futbol. En una carta a su amigo Indalecio Prieto le decía:
"Lo del foot-ball ha creado un mundo aparte. Por lo menos dos tercios de los españoles tienen en la cabeza un repertorio de nombres, de pasiones, de proyectos que a los demás nos hace el efecto de cosa de otro planeta".

 

 

 

 

Gregorio Marañón

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