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Curiosidades de  1firma_g_miro


miro_monaguilloDe monaguillo.Durante las vacaciones escolares la chiquillada formada con sus primos y otros amigos juega a representar la misa y escenas bíblicas. La afición litúrgica de Miró aumentará durante los años de instituto en Alicante cuando colecciona candelabros, altares y otros menesteres religiosos.

La "composición de lugar" del método ignaciano aprendida en los Ejercicios Espirituales en los años mozos, le será de gran utilidad para su escritura. En la delicada recreación biográfica de El humo dormido cuenta como una de sus primeras emociones estéticas la tuvo en Ciudad Real, escuchando el cántico de unas niñas.

Atraído más por la lectura de los clásicos que por el estudio de leyes, cambió su expediente de la Universidad de Valencia a la Universidad de Granada, al resultar más sencillo aprobar en esta última donde se gradúa el año 1900.

Ciertas amistades le empujan a participar en el concurso de "El Cuento Semanal".
Solicitó las bases del premio al director del Diario de Alicante, Emilio Costa. Hubo de ampliar el número de cuartillas al descubrir la extensión mínima necesaria que fue redactada con apremios de tiempo porque el plazo expiraba. El texto resultante, Nómada, demuestra su rapidez de pluma.
Ganar el importante premio organizado por "El Cuento Semanal" puso su nombre y obra en circulación. Sin embargo, la alegría se fundió con la tristeza al recibir el 6 de marzo del 1908 los primeros ejemplares de su novela galardonada junto al cuerpo sin vida de su padre:

"... su mano se fue enfriando sobre mi frente. Mi hermano y mi madre le pusieron en el costado del corazón el primer ejemplar que tuvimos de Nómada".

nomadaEn la reedición de Nómada aparece una sentida dedicatoria:

"A mi padre, que murió el mismo día -6 de marzo de 1908- que se publicó este cuento".

Siempre pretendió un empleo funcionario poco trabajoso que le permitiera dedicarse con total entrega a la escritura. Paseó así por distintos cargos, entre ellos, cronista de Alicante, empleado de la Mancomunitat de Cataluña o funcionario en Madrid.

En el otoño de 1914, una epidemia tífica asoló Barcelona y su hija Clementina cayó enferma, al igual que los hijos de su amigo el músico Granados. La hipocondría de Miró, junto a la congoja por el padecimiento de su hija, le retiran de la escritura. No se separará de la cabecera de su hijita. Al final todos curan y para celebrarlo, junto a la familia del compositor Granados, los convalecientes representan una obra teatral de Miró, una especie de auto sacramental, La cieguecita de Betlehen, su única pieza teatral.
Acompañaba al texto la música de Granados. El escritor nunca quiso que fuera representada en público
"es un cuento para niños, sólo para nuestros niños".

Por su continua presencia en distintas narraciones y por su especial tratamiento, el personaje de Sigüenza queda asociado íntimamente a Gabriel Miró. Posiblemente sea la forma irónica con que se refería a sí mismo durante su época como opositor. En su biblioteca yace un libro de derecho rectado por un tal licenciado Pedro de Siguënza. Además, el autor proyectó un librito nonato que llevaría por título Crónicas del licenciado Sigüenza. Se suele despachar con premura a Sigüenza como "alter ego" de Gabriel Miró, a través del cual podremos conocer la conciencia literaria del escritor, lo cual resulta impreciso. Sigüenza se configura con entidad propia de personaje, a veces en línea con el autor, pero con evolución diversa.

obispo_leproso3La campaña jesuítica contra el escritor levantó gran polvareda y, además, motivó el encarcelamiento del director de El Noroeste de Gijón por reproducir en su periódico el capítulo "Mujeres de Jerusalén". Además, no se privaron de enviar, bajo sobre, a los jueces del premio Fastenrath los periódicos en que se atacaba al autor levantino, entresacando citas descontextualizadas de su obra.
La publicación de El obispo leproso "ha desanillado contra mí odios tremendos", confesó temeroso Miró por carta a Gerardo Diego.

La interpretación frívola del juicio de Ortega sobre Gabriel Miró marcó el rumbo de la crítica sobre su obra y consiguió desnortar la valoración de su obra. El filósofo reprochaba en su artículo, opciones estéticas tan válidas como otras cualesquiera, el perfeccionismo y la morosidad del alicantino.

figuras_pasionEl juicio religioso sesgó las valoraciones fuera de nuestras fronteras. Así en Italia, el escritor católico Papipini abominó de la obra mironiana al tacharla de desmoralizadora y en América sus obras fueron declaradas inmorales. Se retiró incluso la edición inglesa de Figuras de la Pasión del Señor que trabajosamente había conseguido Miró publicar en Norteamérica.

Si ni Unamuno ni Valle-Inclán fueron académicos no puede extrañar que un autor tan difícilmente clasificable como Gabriel Miró tampoco lo fuera.

Julio Camba supo ver cómo, en aquellos años  "... En la Academia hay muchos obispos y muchos generales. También hay algún escritor". Pero el caso de Miró, al cebarse la autoridad religiosa y otras fuerzas vivas de carácter conservador, ofrece características de iberismo puro.

Azorín, en señal de protesta, dejó de asistir a la Academia.

La narrativa del escritor alicantino despertó gran interés para algunos editores refinados del momento. Así, la exquisita editorial Doménech, que aunaba altura literaria y extremo cuidado tipográfico, publicó la obra Dentro del cercado, con el añadido de La palma rota para completar espacio. En otra edición posterior se incorporó la novela corta Los pies y los zapatos de Enriqueta.

En 1917 un lector incondicional de su obra, Joaquín Manuel Gay, le propuso embarcarse en el proyecto de una nueva editorial. El autor levantino solicitó para el proyecto el libro inicial a Unamuno, quien no se prestó a tal aventura. Finalmente sólo verá la luz un volumen con dos obras revisadas del propio Miró: Del vivir, La novela de mi amigo.
Ortega y Gasset publicó en El Sol el 9 de enero de 1927 un folletón sobre El obispo leproso recogido más tarde en el volumen Espíritu de la letra. A pesar de corresponderse la narrativa de Miró a la superación que el filósofo propuso en Ideas sobre la novela (1925) lo que trascendió fue la crítica caprichosa de 1927 "cada frase está hecha a tórculo" y aquella tan desalmada "la perfección de la prosa de Miró (...) suena sin remedio a falsedad estética".
Con el fin de mejorar el grave estado de su hija enferma veranea en 1921 en la masía de Les Fonts en Polop a la que volvió todos los veranos y en ese reencuentro con la naturaleza se nutren las páginas esa deliciosa obra de arte que es Años y leguas.

De vasta pero fina cultura, Gabriel Miró, como su famoso personaje Sigüenza, fue "hombre apartadizo que gusta del paisaje y de humildes caseríos". No frecuentó cenáculos, círculos profesionales, peñas literarias, ni redacciones: "Socialmente no ejerzo de escritor, por desgana y por escasez de horas". Por el contrario, fue hombre de vida familiar, cariñoso con los suyos y amigo de sus amigos, Sin embargo, en 1923 se niega a recoger durante un año en su domicilio a la hija de su hermano Juan, con quien no mantenía relaciones, porque mi hermano sabe que mi vida de escritor exige de toda mi familia una suprema abnegación, y un régimen en mi hogar de silencio, de quietud, de comprensión de mi esfuerzo [...]. Únicamente mi mujer y mis hijas, educadas desde el principio para mi intimidad, pueden aceptar con ternura esta vida.

Los Amigos de Gabriel Miró patrocinaron una edición conmemorativa de su obra, numerada por suscripción, dispuesta en doce grandes volúmenes. Se inició en 1932 con el tomo que contenía Del vivir y La novela de mi amigo, con prefacio de su coterráneo, José Martínez Ruíz, Azorín. Concluyeron en 1949, siempre con la colaboración de primera firmas, amantes de su obra: Unamuno, Pedro Salinas, Dámaso Alonso Salvador de Madariaga, Gerardo Diego.

En la reciente encuesta de 2004 efectuada por la revista Quimera a escritores, críticos y especialistas para conocer las diez mejores novelas españolas del siglo XX se encuentra El obispo leproso.