Web modernismo 98 y 14

logo_zuloaga
Error
  • XML Parsing Error at 1:86. Error 9: Invalid character
E-mail

Curiosidades sobre  reyes_firma

 

reyes_jovenPor encima de su madre y aun de su esposa, el gran amor de Alfonso Reyes estuvo consagrado a su padre, el general Bernardo Reyes, asesinado el 9 de febrero de 1913 frente a las gradas del Palacio Presidencial en un intento por restaurar el orden en medio de una gran anarquía. Alfonso Reyes esperó un tiempo prudencial para escribir sobre él, para no remover pasiones políticas de los viejos porfiristas ni de los más revolucionarios. Juzgó su asesinato -cualquier asesinato- como una traición al curso natural del cosmos y consideró que todo acontecimiento humano trasciende en el universo.
El suceso siempre viaja por el tiempo, parece alejarse y ser pasado, pero hay algún sitio del ánimo donde sigue siendo presente. No de otro modo el que, desde cierta estrella, contemplara nuestro mundo, vería, a estas horas -porque el hecho anda todavía vivo, revoloteando como fantasma de la luz entre las distancias siderales- a Hernán Cortés y a sus soldados asomándose por primera vez al valle de Anáhuac. ("Oración del 9 de febrero", Memorias, Obras Completas XXIX, pp. 28-29).

La gran erudición de Alfonso Reyes fue adquirida por puro esfuerzo propio. Lo acompañó y lo guió en ese camino Pedro Henríquez Ureña, un joven intelectual dominicano que había llegado a México en 1906. Cinco años mayor que Reyes, Pedro Henríquez Ureña familiarizó a su amigo con la filología anglosajona (había vivido cinco años en Nueva York) y lo animó a que se marchara a estudiar a Inglaterra o a Estados Unidos. Pero Reyes consideró que no iba a ser útil para su vida personal vivir en un ámbito no-hispánico, no-latino por la dificultad de conseguir amigos y congeniar con espíritus distintos. Ni siquiera París resultó ser de su agrado cuando se marchó por primera vez de México en 1913. No simpatizó con la arrogancia de la vieja intelectualidad francesa ni con el afán vanguardista de romper tradiciones o imponer modas, pero tampoco dejó se considerarse un afrancesado en el buen sentido. Pedro Henríquez Ureña le había aconsejado en una carta no quejarse del exilio o el destierro:

"Ya sabes mi regla de no vivir como extranjero en ninguna parte".

Alfonso Reyes pareció seguirlo al pie de la letra. Cuando en 1914 se instaló en Madrid huyendo de la guerra disimiló al principio extrañeza. Pero con el tiempo España se convirtió en su segundo hogar y a veces en el primero. Varias veces confesó que nunca había sido tan feliz como en su década madrileña (1914-1924) por tantos amigos que hizo, casi todos grandes literatos (Gómez de la Serna, Azorín, Valle Inclán, Juan Ramón Jiménez, Amado Alonso, Federico de Onís, Américo Castro, José Ortega y Gasset, etcétera) y por la alegría de reencontrarse con su gran tradición -la hispánica- renovada por dos generaciones jóvenes: la del 98 y la
del 14.

La estancia de Reyes también coincidió con un periodo en que España sacó provecho de estar ausente de la Primera Guerra Mundial para reforzar sus lazos con los países hispanoamericanos. Reyes fue, en cierto sentido, un puente cultural entre México y España. De ahí su vinculación al Centro de Estudios Históricos al lado de los mejores filólogos, en aras de recobrar los principales clásicos de la literatura castellana y novohispana para difundirlos en ediciones críticas y populares. El hispanismo, en su vertiente literaria, podría decirse que es uno de los ejes principales de la obra ensayística de Reyes.

reyes_diplomaticoAlfonso Reyes, diplomático en Madrid, en 1922.Desde 1924 se vinculó oficialmente a la diplomacia mexicana con miras a reforzar el papel de México en el mundo, única manera de aplacar el fuerte monopolio ejercido por las relaciones con Estados Unidos. Fue embajador de México en Brasil y lo fue en dos ocasiones en Argentina, es decir, dirigió por un tiempo las relaciones diplomáticas con los dos países más grandes de Suramérica en el periodo de entreguerras y de la Guerra Civil Española. Había un plan de llevar a México al liderazgo cultural de Latinoamérica, y figuras como Reyes resultaban claves en ese papel. En 1927, cuando viajaba en calidad de embajador a Buenos Aires, Reyes ya era un escritor tan famoso como un actor de cine de nuestros tiempos.

"El regiomontano de 38 años que aborda el barco Espagne de la Compañía Trasatlántica es una celebridad a la que le mandan flores, un escritor reconocido y un hombre que tiene lectores amigos y amigas... Es el hijo del general Bernardo Reyes, el patricio ilustrado que no puede pasar inadvertido en la vida literaria y social" (Adolfo Castañón, prólogo a Diario II, París, 19 de marzo de 1927- Buenos Aires, 4 de abril de 1930, FCE, 2010, p., XVI).

Su participación en la diplomacia, sin embargo, hizo que su figura no tardara en volverse parte de la cultura oficial mexicana, al punto que para buena parte del público actual Alfonso Reyes aparece más como una estatua que como un libro. Se habla mucho de él, pero poco se lee. De lejos se juzga su obra demasiado clásica, tradicional, carente de desahogos o patetismos. Pero basta acercarse para reconocer que lo hay de clásico y apaciguado en su obra radica en una crítica profunda contra los excesos de los nacionalismos, los fascismos y toda posición radical y violenta.

reyes_perroSu apuesta es por el universalismo y por un paz, no de borregos, sino de hombres pensantes en permanente discusión.
Pocos escritores latinoamericanos se opusieron tanto al fascismo como él. Desde 1917 defendió la creación de un estado judío, mucho antes del exterminio nazi.
Sostuvo, en sucesivas conferencias a lo largo de Brasil, Argentina y México, su concepción de Latinoamérica como una cultura de culturas, síntesis de la civilización europea mezclada con el sustrato americano y africano.
Dijo que en la síntesis cultural se hallaba el éxito de los griegos.

 

 

 

Alfonso Reyes

banner facebook

banner-EF2

DE-horizontal 1

banner-los-zuloaga

banner-fundacion-zuloaga