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Curiosidades de firma_vargas_vila

 

casa_vvila1Casa donde nació Vargas Vila.Si tuviésemos que resumir la biografía de Vargas Vila en una palabra esta sería "escándalo", no sólo por los episodios que marcan su vida, sino por lo que la mentalidad popular construyó: el mito del "Divino".

La primera anécdota singular, que el propio autor refiere, tiene que ver con su vocación religiosa. Cuenta que, siendo niño, fue presa de una suerte de éxtasis ante la imagen del Crucificado. Asegura que la visión de las mujeres idiotizadas contemplándolo, le hizo perder la fe.
Sus primeros poemas son, pese a todo, de tema religioso, como "La senda del calvario" (1882)

"Hoy, ya no son los Césares romanos,
los Titos, ni los viejos Dioclesanos
los que persiguen a la Iglesia, no.
Son seres que ella alimentó en su seno,
apóstatas que vierten su veneno
en el pecho de amor que los cubrió".

El poema, dedicado a su amigo el cura Leandro María Pulido, fue publicado en el periódico La Ilustración de Bogotá y alude a la persecución, por parte del sector más fanático de la Iglesia, a las ideas de progreso de los liberales radicales que, por esos años, defendían la libertad religiosa en Colombia.

Su primera batalla fue contra el jesuita Tomás Escobar, rector del prestigioso Liceo la Infancia de Bogotá, donde estudiaba el joven suicida José Asunción Silva. Vargas Vila acusó al cura de prácticas homosexuales con los alumnos. El escándalo fue tan grande que la sociedad bogotana sufrió una especie de sacudimiento telúrico. "El clero católico es una pocilga y debe mostrársele al país en toda su deformidad", escribiría, a raíz del escándalo, Juan de Dios Uribe, "El Indio".
De tan sonado careo da cuenta el investigador Malcon Deas en un trabajo en el que pretende desmitificar la figura del panfletario evidenciando algunas incongruencias en el autor. El hecho es que, aunque muchos simpatizantes de Vargas Vila recibieron con beneplácito esa denuncia, nadie entre la alta sociedad bogotana iba a admitir semejante pecado, ni padres, ni alumnos, ni autoridades religiosas ni civiles. Vargas Vila estaba perdido, pero no mutilado, de modo que hizo blanco de sus ataques a los curas: "chacales ensotanados", los llamaba cuando se refería a ellos. Estos tampoco se quedaron callados: "...excitador de lujurias: la carnaza de lo obsceno es el cebo infame con que llama y atrae a los lectores", diría el jesuita español Jesús M. Ruano.

Vargas Vila pasó a ser un autor prohibido por las instituciones religiosas, educativas y políticas. Leerlo se consideraba un pecado, pero no hubo joven en el mundo hispano que no se iniciara sexualmente con sus novelas eróticas, como tampoco hubo joven romántica que no sucumbiera a la tentación de leerlo.

aura_viloletasAura o las violetas fue una novela casi tan popular como María, no porque la igualara en calidad literaria, sino por su autor. Más allá del erotismo de sus libros, que también podían ser una vía de escape, no hubo líder sindicalista, campesino o trabajador que no conociera su leyenda o no declamara alguno de sus libelos, porque el panfletario encarnaba el sentir de las clases populares, su excusión, opresión e impotencia ante las injusticias perpetradas por los caciques locales.

Este autor debe la fama a la clandestinidad, tanto como a la expansión de la industria editorial española y, por supuesto, a la piratería que lo llevó a los más recónditos lugares del Continente: cantinas, arrabales, cafetines de puerto, tabacaleras, talleres, sastrerías y zapaterías. Escribe el ensayista colombiano, Germán Arciniegas, que a la cárcel de Manizales había ido a parar un negro, boga del Magdalena, por matar a un hombre que lo desafió diciendo que Víctor Hugo era mejor que Vargas Vila y él no iba a permitir semejante afrenta.

ibis_vvilaLa leyenda también lo culpa de muchos suicidios a raíz de la lectura de Ibis (1900), una novela misógina en la que un joven rapta una novicia. Teodoro, el protagonista, que se debate entre el deseo y la voluntad de afirmación individual, trata de destruir ese amor, aconsejado por su maestro, alter ego del autor. Los diálogos entre el discípulo y el maestro nos recuerdan obras que debieron impactar en su momento, como El retrato de Dorian Gray (1891):
"-¿Qué hay entre el porvenir y tú? esa mujer: suprímela. -¿qué hay entre la ventura y tú? esa mujer: elimínala."

El hecho es que el autor presumía de ver "manchadas de sangre las rosas que sembraba". Otra anécdota es la de una pareja de agentes de la policía en Panamá que dejaron esta nota: "Las razones de nuestro suicidio se encuentran en la página 229 Ibis", a las que se suman las acusaciones de quienes le reprochaban el efecto mortal de este libro, según refiere el autor.

vvila_sombreroPresa de un narcisismo exacerbado, Vargas Vila, como escritor de éxito, se paseaba por las Ramblas de Barcelona, cuando no por el madrileño Paseo del Prado, exhibiendo su estrafalaria indumentaria al estilo de la belle époque: trajes a medida confeccionados en París, botines, cannotier, chalecos de los que se decía que tenía un colección, anillos, broches que remataban el nudo de la corbata. El poeta colombiano Rafael Maya lo describe así en 1924, cuando paso por Barranquilla:
"Se cambiaba de vestido dos o tres veces al día, según pude observarlo después. Predominaban en su persona las sortijas y los anillos, pues no tenía libre ningún dedo de la mano, y todavía de su corbata colgaba una enorme perla".
El periodista César González Ruano, que lo entrevista en Madrid a finales de los años veinte, cuando ya había pasado su momento de gloria, encuentra demasiado afectada su grandilocuencia, esa manera de referirse a sí mismo como si se tratara de otra persona.

vargas_vila_palacio_visoCon su amigo Ramón Palacio Viso.También dio mucho que hablar la extraña relación con Ramón Palacio Viso, a quien se refería como "su hijo" y tras la que probablemente se solapaba una homosexualidad sublimada en las figuras del maestro y el discípulo, muy común en la vida y la literatura de la época. Palacio Viso se casó con la cubana Mercedes Guigou con quien tuvo una hija, Georgina, que recuerda en su infancia servirle de lazarillo al padre quien murió en La Habana en 1953, ya que tras el fallecimiento de Vargas Vila, Ramón y Mercedes regresaron a Cuba.

La fuerza de la prosa de Vargas Vila entre las multitudes fue neutralizada desde las más altas esferas del poder. Se dice que el general Rafael Reyes, el dictador que tomó las riendas del Estado en Colombia, entre 1904 y 1909, proponía "desvargasvilizar" al país. Pese a esta campaña, no le arrebató los lectores fieles que atraviesan casi un siglo. Sin embargo, una sistemática estrategia de exclusión sí logró sacarlo de las historias de la literatura, descalificando sus obras por considerarlas de pésimo gusto. Las anécdotas infamantes -que se difundieron para apagar el fuego del escándalo que salpicaba al acusado y a las víctimas-: travestismo, impotencia, homosexualidad, relación incestuosa con la madre y robo del dinero del ejército, despertaron más curiosidad en torno al autor.

Una rumorología morbosa alimentó la leyenda del malditismo del autor que tanto lo benefició económicamente, pero sus obras, marcadas por el Index, no dejaron de ser leídas por la juventud rebelde latinoamericana. Lectores de Vargas Vila no fueron sólo porteras o costureras, porque en España también lo leyeron obreros y anarquistas. Autores como Ramón del Valle Inclán, Francisco Villaespesa y Pompeyo Gener elogiaron su incendiaria y vibrante prosa, ya que contó con el aprecio y el respecto de las más grandes figuras del Modernismo: José Martí, Rubén Darío, José Enrique Rodó, Rufino Blanco Fombona y Manuel Ugarte, entre otros. Además, la posteridad no lo trató tan mal. Ante la fuerza de su verbo y de su carácter ser rindieron figuras clave como Pablo Neruda y Gabriela Mistral.

Vargas Vila tenía muy clara la diferencia entre las novelas eróticas -un gancho para atrapar lectores- y los panfletos políticos, pues su intención en cada género era muy distinta.
"¿Qué me puede importar a mí, que mi literatura tenga sucesores, si el sucesor de mis cóleras, de mis odios, de mis anatemas, el gran Libelista contra la Tiranía, no aparece?"
preteritas1Diría en el prólogo de Pretéritas. Como panfletario no tiene rival basta leer libros como Los divinos y los humanos, donde animaliza a los caudillos. Rafael Reyes, por ejemplo es:
"de la estirpe roja de los tiranos asesinos, el huno destructor", el "Atila católico"; Miguel Antonio Caro, "rencoroso y vengativo", es el "tirano gramático" y el "déspota en pequeña escala". Mientras que el ex presidente Sanclemente es "el tirano octogenario" que le inspira una fingida piedad, "una cabeza así, tan incapaz de pensar, merecía bien la afrenta de reinar"; José Manuel Marroquín es: "el usurpador", que vende la patria "después de asesinar la libertad". A Teodoro Roosvelt lo muestra con una rebuscada metáfora: "Imaginaos un jabalí hecho faraón, marchando coronado de helechos, por el bosque, al sonido de una fanfarria bárbara".

Así denuncia los juegos de la política, la incursión de los Estados Unidos en América Latina, la pérdida del Panamá, la alianza de la Iglesia y con las oligarquías criollas para sofocar la legítima protesta de las masas oprimidas. Afirma que por los panfletos publicados en Némesis fue declarado persona non grata en los Estados Unidos.

Lamentablemente el escándalo, el ruidoso caudal de incongruencias que lo persigue, "su leyenda", ocultó más de una exquisita perla, títulos, incluso párrafos, que bien merecen un lugar destacado en la historia de la literatura en lengua española, porque "El Divino", qué duda cabe, fue único.

 

 

 

José Mª Vargas Vila

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