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Curiosidades sobre firma_vallejo

 

Sus padres querían que fuera sacerdote y, al principio, él asumió ese destino con alegría. En sus primeros poemas, de hecho, hay claras referencias religiosas y utiliza, en ocasiones, un vocabulario bíblico y litúrgico.

Curiosamente su abuelo paterno fue un sacerdote mercedario español, José Rufo Vallejo, llegado al Perú en 1829, que también tuvo una hija con la que fue su abuela, Justa Benítez Rebaza. El sacerdote había llegado a Perú invitado para celebrar la boda del hacendado de Angasmarca Pablo Manuel Porturas del Corral, cuyo fundo era el más grande del norte del Perú en su tiempo, y después se establecería como párroco en Santiago de Chuco y en otras muchas localidades. Doblemente curioso es que su abuelo materno, Sebastián Baltasar de Mendoza, fuera también un sacerdote español y su abuela, una lugareña de Santiago de Chuco.

Sus padres habían deseado dedicarlo a la carrera eclesiástica y Vallejo acabaría siendo uno de los más importantes poetas en lengua española.

vallejo_henrietteVallejo, Henriette Maisse y Carlos More en París.En Francia vivió la bohemia parisina yendo de café en café, bebiendo sin excesivo control y bailando hasta altas horas en locales del barrio latino como Gipsy y Les Noctambules.
Le encantaba seducir y también contar anécdotas picantes o bien burlarse de poemas ajenos cambiándoles las rimas y los sentidos con enorme ingenio.

 

 

 

Hoy me gusta la vida mucho menos...

 

Hoy me gusta la vida mucho menos,
pero siempre me gusta vivir: ya lo decía.
Casi toqué la parte de mi todo y me contuve
con un tiro en la lengua detrás de mi palabra.

Hoy me palpo el mentón en retirada
y en estos momentáneos pantalones yo me digo:
¡Tánta vida y jamás!
¡Tántos años y siempre mis semanas!...
Mis padres enterrados con su piedra
y su triste estirón que no ha acabado;
de cuerpo entero hermanos, mis hermanos,
y, en fin, mi ser parado y en chaleco.

Me gusta la vida enormemente
pero, desde luego,
con mi muerte querida y mi café
y viendo los castaños frondosos de París
y diciendo:
Es un ojo éste, aquél; una frente ésta, aquélla... Y repitiendo:
¡Tánta vida y jamás me falla la tonada!
¡Tántos años y siempre, siempre, siempre!

Dije chaleco, dije
todo, parte, ansia, dije casi, por no llorar.
Que es verdad que sufrí en aquel hospital que queda al lado
y está bien y está mal haber mirado
de abajo para arriba mi organismo.

Me gustará vivir siempre, así fuese de barriga,
porque, como iba diciendo y lo repito,
¡tánta vida y jamás! ¡Y tántos años,
y siempre, mucho siempre, siempre, siempre!

Se cuenta que en una ocasión Vallejo hacía cola en la Biblioteca Nacional del Perú y chocó accidentalmente con un señor elegantemente vestido haciéndole caer sus gafas, sombrero hongo y bastón. El poeta le pidió disculpas pero el agraviado sólo le espetó su poca adecuada manera de comportarse en un sitio de cultura. Vallejo, irritado por la reacción, volvió a excusarse, pero el señor continuó increpándolo hasta exclamar a voz en cuello:
"¿Usted sabe con quién está tratando? ¿Sabe por ventura quien soy yo?" Vallejo lo observó perplejo. "¡Sepa usted que soy don Pedro de Osma!". Vallejo, ya sonriente e irónico le hizo una venia y respondió: "Y yo qué culpa tengo, señor...".

 

 

 

 

César Vallejo

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