Web modernismo 98 y 14

logo_zuloaga
E-mail

"La época dorada del periodismo político"

La libertad de prensa, decretada por la Constitución de 1876 y legislada por la Ley de imprenta de 1886, permitió que la Guerra de Cuba recibiera un importante tratamiento en las publicaciones periódicas.

La opinión publicada tuvo una importante influencia en las posturas del Gobierno durante el enfrentamiento con los Estados Unidos; primero, enfervorizando las pasiones y luego, haciendo de altavoz de la protesta por la derrota.

ensayo1Embarque de tropas. Barcelona, ca. 1986. Ramón Casas. Colección particular

Así, entre 1898 y el periodo de censura instaurado por la Dictadura de Primo de Rivera (1923 - 1930) se produjo una época dorada del periodismo político. Con la instauración de la Segunda República (1931) se abrió un nuevo periodo de libertad en la historia del periodismo español, en el que los ensayos publicados reflejaron la radicalización de las "dos Españas" que irían a la guerra en julio de 1936.

Volvamos ahora nuestra vista hacia los intelectuales que protagonizaron este periodo. La guerra con Estados Unidos (1898) y la Primera Guerra Mundial (1914) marcaron la entrada en escena pública de unas generaciones literarias caracterizadas por un intenso compromiso político.

En una mayoría de los casos, el afán regeneracionista se manifestó inicialmente en una militancia izquierdista y en la oposición a la monarquía borbónica; posiciones que evolucionaron con la edad y con los acontecimientos históricos.

Algunos Noventayochistas, como Ramiro de Maeztu, Miguel de Unamuno, Azorín y los Baroja pasaron de ser izquierdistas en su juventud a derechistas en la ancianidad; por el contrario, Antonio Machado evolucionó en sentido opuesto: desde el liberalismo a posiciones próximas al Partido Comunista.

En cuanto a los miembros de la Generación del 14 ejercieron un papel determinante en la instauración de la República, siendo considerados sus "padres espirituales". Algunos, entre ellos José Ortega y Gasset, pronto vieron defraudadas sus expectativas, llegando a advertir: "¡no es ésto, no es ésto!".

ensayo2Miembros de la redacción de la revista España, Madrid, 1915. Sentados: Ortega y Gasset, Azorín, Pío Baroja y Pérez de Ayala.

El intenso y rico proceso de generación de ideas y reflexiones políticas de este periodo fue facilitado por el trato, casi cotidiano, entre muchos de ellos. Algo que pudo ser posible por la concentración en Madrid de cabeceras de prensa, de revistas de ensayos y de la oferta de plazas de profesorado universitario; unas posibilidades profesionales que atrajeron a la capital a muchos de los talentos intelectuales del país.

ensayo3Machado, Marañón, Ortega y Gasset y Pérez de Ayala durante el acto de presentación de la Agrupación al Servicio de la República en el Teatro Juan Bravo de Segovia, el día 14 de febrero de 1931. (Foto: Alfonso)Estos intelectuales se fueron conociendo y reuniendo en sus cafés, generando vivas polémicas, proyectos editoriales, manifiestos y asociaciones.

Entre la numerosa nómina de quienes se dedicaron al ensayo periodístico de contenido político, se pueden encontrar diversos perfiles de intelectual comprometido.

Julio Camba, Francisco de Cossío y Wenceslao Fernández Flores fueron algunos de los periodistas profesionales que también escribían libros de diverso género.

Manuel Azaña y Luis Araquistáin alternaron sus liderazgos políticos con su actividad literaria.

 

ensayo4Azaña y Valle-Inclán en la tertulia de La Cacharrería del Ateneo de Madrid, 1930 (Foto Alfonso)

En el caso de la mayoría de los escritores noventayochistas, sus artículos políticos representaron una extensión patriótica de su vocación principal, que era la literaria.

ensayo5Unamuno pronunciando un discurso ante las sepulturas de los mártires de la libertad en el cementerio de Mallota, Bilbao, 1931. (Foto: Espiga)Por último también hubo quienes ganaron su fama a través de sus ensayos; caso de Salvador de Madariaga, Ramiro de Maeztu, José Ortega y Gasset, José María Salaverría, Pérez de Ayala y Miguel de Unamuno. Su brillantez traspasó las fronteras, motivando que fueran requeridos para colaborar en periódicos extranjeros; algunos de sus libros son imprescindibles testimonios de la época.

A la impresionante nómina de talentos nacinales dedicados al ensayo se unieron tres importantes periodistas iberoamericanos que se instalaron en España y que escribieron habitualmente en varios de los principales periódicos españoles. El que llegó a tener mayor fama y fortuna fue Enrique Gómez Carrillo, guatemalteco procedente de París que llegó a ser un maestro de los reportajes de viaje y de las crónicas de guerra. En el campo del libelo, el colombiano José María Vargas Vila se convirtió en un autor reconocido en toda Hispanoamérica por la ferocidad de sus escritos sobre políticos, eclesiásticos y literatos; en paralelo con el anterior, el venezolano Rufino Blanco Fombona intervino en el periodismo político, llegando a involucrarse activamente en los asuntos españoles, por su militancia en el Partido Radical.

La involucración en política supuso un alto precio personal para muchos de los autores mencionados. Los cambios de opinión en función de los acontecimientos propiciaron el aislamiento, e incluso la humillación pública, de personajes de incuestionable talla ética e intelectual. Este fue el caso de Unamuno, que en el verano de 1936 fue destituido de su cargo por la República, para ser nombrado - y vuelto a destituir - por los franquistas en las siguientes semanas. Afortunadamente, para algunos de ellos la condena les llegó demasiado tarde; a Rufino Blanco Fombona un tribunal franquista le condenó in absentia por su adscripción a la masonería, sin saber que había fallecido por causas naturales en Argentina un año antes. Al no poder garantizar su seguridad, en los primeros meses de la guerra, el Gobierno de la República debió de instar al exilio de varios de sus más importantes intelectuales, incluidos varios de los principales inspiradores de la Constitución: Salvador de MadariagaJosé Ortega y GassetGregorio Marañón y Ramón Pérez de Ayala. Los tres últimos permanecieron en el exilio unos pocos años, en tanto que el primero no volvió a España hasta muerto en general Franco.

Otros corrieron peor suerte, pues sus opiniones les costaron la vida. Ese fue el caso del poeta vanguardista Federico García-Lorca y de cuatro reputados escritores derechistas, que fueron asesinados en los primeros meses de la guerra: Pedro Muñoz Seca, Víctor Pradera, Manuel Bueno y Ramiro de Maeztu. Así la guerra civil acabó con el periodo más brillante de la historia del periodismo y el ensayismo español.