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"La refundación del pensamiento español"

Si por "modernidad" se puede entender en filosofía la asunción de la conciencia como fundamento soberano de la reflexión científica, teológica y política, el pensamiento español se quedará al margen de dicha tradición. No se puede hablar de historia de la filosofía española entre 1600 y 1900, porque España no jugará ningún papel constituyente en la formación del pensamiento moderno y quedará fuera de las disputas en torno al significado filosófico del Yo

Desde Descartes, Spinoza y Leibniz, hasta Kant, Hegel y Marx, el pensamiento español no saldrá fuera de su cauce espiritualista, interpretado además por la autoridad católica. Una consecuencia de esta situación consistirá en la ausencia en España de tradición filosófica y la desaparición del "género filosófico".

alegoria-de-las-humanidades-vidriera-art-deco-fac-filosofia-y-letras-reconstruida-enero-2009Vidriera de La Alegoría de las humanidades, Facultad de Filosofía y Letras, Madrid. (Art Decó, 1933)

Este horizonte constituirá la paradójica herencia que recibirán aquellos autores que, en torno a 1900, se enfrenten de nuevo a la tarea de la reflexión científica y política. Este punto de partida caracterizará un horizonte de derrota y malestar parejo a una relación de inferioridad, deudora siempre del pensamiento europeo. La propia oposición España-Europa jugará en sí mismo un papel para el auto-reconocimiento de la filosofía española.
Ortega y Gasset se asomará al problema de la filosofía desde esta circunstancia histórica y cultural: cuando funda la filosofía en España buscará desde la originalidad española, ("España como problema") una homologación con la tradición moderna europea.

Esta falta de tradición filosófica se concreta en dos aspectos fundamentales:
a) La carencia de un sistema de pensamiento
b) La ausencia de instituciones académicas susceptibles de recoger y proyectar la doctrina correspondiente.

La filosofía española parte de cero, o lo que es más negativo: de la percepción de una ausencia intelectual y una derrota política, resultado de su aislamiento de la problemática social moderna

Dors , Ortega, Juan Ramon Jimenez , Bergamin, Real jardin Botanico 1923 dia del libroD'Ors, Ortega, Juan Ramón Jiménez y Bergamín, Real Jardín Botánico, Madrid. Día del Libro, 1923

El pensamiento reflexivo español, de Ortega, Unamuno, D´OrsMachado y otros, fundará una tradición aprovechando sus elementos culturales vivos, procedentes de la literatura (Cervantes, Quevedo, Calderón y Gracián) y el arte (Velázquez, Goya, Zuloaga), condicionando así dos aspectos claves:

. El estilo expresivo, que tomará cuerpo en el ensayo como género literario de la filosofía, frente al tratado científico.
. La elección de los contenidos de la reflexión ("El Quijote", "la pintura").

Mientras tanto, los grandes temas de la fiosofía europea han quedado atrás y son recogidos sólo en sus resultados:
La filosofía de Kant y de Hegel, por ejemplo, es traducida por vez primera al español a finales del siglo XIX, y de ella sólo aquellas partes aprovechables para el pensamiento jurídico.
En ese medio, la disputa de Unamuno y Ortega en torno a Europa se convertirá en termómetro para medir la normalización filosófica española.

Para el propio Ortega, Europa será tema prioritario, pero él sólo podrá ser ya un heredero. Con su original comprensión de la conciencia como "el yo y su circunstancia", recogerá un resultado de la tradición europea, pero cuando ésta ya ha acontecido. Se abre así el camino de la filosofía española, próximo a la literatura ensayística y ligado, sobre todo, a la filosofía continental alemana y francesa (no anglosajona), pero también la historia de una inferioridad.

En los escritores españoles de 1900, aunque sin tradición filosófica, hay abundantes conexiones con el pensamiento europeo pero son conexiones siempre asistemáticas -lecturas de un Kant por lo general malentendido, de Kierkegaard, Nietzsche, Schopenhauer, y Bergson-.
Los autores españoles resolverán, si no una obra filosófica propiamente dicha, sí el problema de una moderna prosa de ideas en español.

En Miguel de Unamuno (1864-1936) además de la preocupación por el "tema de España", hay una conciencia agudísima de la contingencia. Él, seguidor de Kierkegaard, vive la pregunta por el ser como amenaza personal de desaparición: "De no serlo todo y por siempre, es como si no fuera", lo que le lleva a un cristianismo trágico que expresa en Del sentimiento trágico de la vida (1913), y La agonía del cristianismo (1923).

Eugenio d'Ors (1882-1954) pertenece a otra generación y a otro estilo intelectual, desde el cual la "dicción interjeccional" unamuniana sonaba a yo romántico rebasado. En su Glosario, iniciado en catalán en 1906, nos deja reflexiones sueltas sobre protagonistas de la cultura, con un tono entre coloquial e irónico, de escritura más aforismática que ensayística. Más propiamente ensayos, en Lo barroco (1935), y en Tres horas en el Museo del Prado (1923) sitúa la totalidad de la historia del arte entre los polos clásico y romántico, concebidos como eones: esencias intemporales.

Antonio Machado (1875-1939), como prosista más cercano a D'Ors que a Unamuno, escribe Los Complementarios (título de Guillermo de Torre, 1957) y Juan de Mairena (desde 1934). Machado, que estudió con Bergson, acusa la recepción de Heidegger, del que cree predecesor a Unamuno. Su centro es el pensamiento de la alteridad, que llama "heterogeneidad del ser", vinculada con su creación de apócrifos, y la obsesión por la temporalidad, no pensada, intuida. Ello además de la preocupación por España, que comparte con todos.

Estos fueron los protagonistas de este periodo inicial de la historia de la filosofía española.

(Autores: Arturo Leyte y Fernando Romo)