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"Una novela mas intimista y con más lectores" 

novelaNovela romántica, París, 1894. Santiago Rusiñol. Museo de Arte Moderno del MNAC, Barcelona

A principios del siglo XX un 56% de los varones y un 71% de las mujeres eran analfabetos lo que no impidió un crecimiento en la demanda de novelas.
La migración del campo a la ciudad y la organización de los obreros -que se reunían en casas del pueblo suscritas a periódicos y a veces dotadas de pequeñas bibliotecas- propició la lectura "en alto" de libros y periódicos de izquierdas, y el préstamo de los mismos.
Así mismo, la ampliación de las clases profesionales -que se reunían en casinos y sociedades recreativas- aumentó la demanda de libros, especialmente los de contenido erótico y los de críticas de costumbres. En esta etapa de la historia de la novela española, las más populares eran las de contenido erótico y de crítica social; para hacerse una idea del escaso tamaño de éste mercado editorial, solo hace falta mencionar que las de mayor éxito tan solo vendían entre cinco y diez mil ejemplares en toda España; esto explica que la mayoría de los novelistas dependían de las rentas familiares (Baroja), los cargos en la administración (Azorín), la cátedra (Unamuno) o las colaboraciones periodísticas (Maeztu) para subsistir. Solo Blasco Ibáñez vendía lo suficiente para mantenerse solo con las ventas de sus novelas.

Al crecimiento de la lectura también contribuyo un largo periodo de una relativa libertad de prensa - salvo en lo referente a los militares - que duró hasta 1923, en que es instauró la Dictadura de Primo de Rivera. Los periódicos trataron de atraer nuevos lectores incrementando notablemente sus contenidos literarios, al incluir novelas "por entregas" en sus páginas y suplementos. Algunas novelas de Pío Baroja se podían encontrar en el folletín del periódico La Opinión, las de Blasco Ibáñez aparecieron en el diario El Pueblo, y una parte de las Sonatas modernistas de Ramón del Valle-Inclán en el suplemento Los lunes del Imparcial.

En cuanto a los contenidos de la novela, el profesor Jose Carlos Mainer ha escrito:
"Al comienzo de este periodo y no solamente en España, la novela pareció haber perdido la legitimidad histórica y la hegemonía indiscutida que heredó del siglo XIX, centuria que inventó el propio nombre de realismo y que, con el naturalismo, quiso convertir la narrativa en un instrumento científico de análisis social".

benito perez galdosy perrolas palmas 1890Benito Pérez Galdós con su perro en Las Palmas, 1890La novela dejó de ser un medio de educación, para orientarse másepisodios nacionales 10 vol. imprenta la guirnalda 1882  1885Episodios nacionales 10 vol. Imprenta La Guirnalda 1882 - 1885 al entretenimiento.
Lo cierto es que la historia del siglo XIX español se divulgó a través de los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós (1843 - 1920), una larga serie de novelas en las que los personajes de ficción sirven de vehículo para una acción narrativa en la que el contexto histórico es el principal protagonista.
Uno de los más destacados eruditos de aquella época, el escritor Pío Baroja, llegó a afirmar:
"Es más exacta la novela buena para reflejar un medio social, que el libro histórico excelente...".
Desde principios del siglo XX el avance de la historiografía permitió disponer de libros de historia adecuados y cada vez más veraces.
Esa creciente oferta contribuyó a que la novela del nuevo siglo fuera creciendo en contenido psicológico ya que lo autores se dedicaron más al desarrollo de los personajes y  éstos fueron ganando protagonismo en detrimento de las descripciones del contexto.

Conforme la interconexión entre los acontecimientos de países se fue haciendo más evidente -especialmente a partir de la Primera Guerra Mundial, en la que decenas de países se vieron involucrados- fue quedando patente la menor influencia de los personajes individuales en los acontecimientos históricos. De este modo, se fue desacreditando la Teoría del Gran Hombre, del ensayista escocés Thomas Carlyle, que había sido el autor de uno de los libros más vendidos del siglo anterior: De los héroes, el culto a los héroes y lo heroico en la historia.

unamuno campoMiguel de UnamunoMiguel de Unamuno en su libro Cómo se hace una novela (1927) escribirá:
"Una novela, para ser viva, para ser vida, tiene que ser como la vida misma, organismo y no mecanismo...".
Por encima de la acción debía de permanecer la autenticidad de los sentimientos y motivaciones humanas y ésto se facilitaba con la inclusión de  pensamientos de los personajes, que para resultar creíbles debían de ser auténticos.
Esa necesidad de veracidad abría el camino al empleo, por parte del autor, de sus propias experiencias personales.

Estos elementos autobiográficos, en forma de monólogos interiores de carácter íntimo, ya habían sido empleados por Pérez Galdós años antes pero no con la profundidad y extensión con las que los utilizó posteriormente James Joyce (1882 - 1941) en su Ulyses (1922) y el propio Unamuno.antonio azorin 1903Edición 1903

El ejemplo más claro del empleo de la experiencia personal, incluso claramente autobiográfica, para la elaboración de novelas es el de José Martínez Ruiz. A raíz de la publicación de su novela Antonio Azorín (1903) llegó a adoptar como seudónimo el nombre de su personaje, por el que fue conocido a partir de entonces.

azorin y baroja. visita a toledo 1900Azorin y Pío Baroja. Visita a Toledo, 1900Pío Baroja se inspiró en situaciones contemporáneas, vividas en primera persona y de elevado interés público, para escribir novelas con afán regeneracionista.
Se trata de un ejemplo del novelista que emplea su narración para concienciar y hacer reflexionar al lector acerca de problemas de su tiempo; un escritor que se dedica a promover el cambio social a través del entretenimientoy así queda reflejado en las tres novelas que publicó en 1904, bajo la denominación La lucha por la vida: La busca, Mala hierba y Aurora Roja.

Adicionalmente, la novela de Baroja contribuyó a elevar la verosimilitud de este género, pues su formación como médico, su gran cultura histórica y científica, y sus numerosos viajes y directa observación de muchos de los más célebres personajes de su tiempo, le permitieron enriquecer sus textos.

Otro aspecto novedoso de la novela española de la época es la aparición de los primeros libros de venta masiva, equivalente a los actuales best sellers, que no sólo se vendían en el país originario, si no que se traducían y vendían, poco después, en otros países.

blasco escribiendoBlasco Ibáñez en su despacho del Chalet de la Malvarrosa

Algunos textos, pronto se fueron adaptando al cine y convertirían  a sus autores en celebridades internacionales. Es el caso en España del valenciano Vicente Blasco Ibáñez que consiguió vender en todo el mundo sus novelas Sangre y arena (1908) y Los cuatro jinetes del Apocalipsis (1916), novelas que serían, muy pronto, adaptadas al cine y rodadas en los Estados Unidos.

 El segundo autor más popular de la época fue Felipe Trigo (1864 - 1916) que suscitó grandes polémicas por el erotismo y la defensa del amor libre en títulos como Las Evas del paraiso (1910) y  por la crítica social de títulos como Jarrapellejos (1914).

Gabriel Miró - al residir mucho tiempo en Barcelona, lejos de los conciliábulos literarios y políticos de Madrid - fue el único novelista importante que tuvo una trayectoria distinta, en la línea con la de novelistas extranjeros como Marcel Proust y Virginia Woolf.

En éste periodo también recalaron en España tres novelistas hispanoamericanos que llegarían a ser más populares en otros géneros literarios más ligados a la crónica de la actualidad que a la imaginación. El guatemalteco Enrique Gómez Carrillo fue un vívido y ameno narrador de viajes y acontecimientos bélicos, en tanto que el venezolano Rufino Blanco Fombona y el colombiano José María Vargas Vila se convirtieron en celebridades iberoamericanas con sus feroces libelos, en los que descalificaban a políticos y a escritores hispanoamericanos.

VIDEO SOBRE LOS NOVELISTAS FINISECULARES.