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Obras, estilos y técnicas de 1firma_p_ayala

 


Madrid ca 1930Pérez de Ayala, en Madrid, ca. 1930.Ramón Pérez de Ayala ensayista, poeta, narrador relevante y autor de alguna obra dramática, se singulariza entre los autores de su generación, la del 14, por una profunda formación clásica, unida, no obstante, a un temple vitalista y un fino sentido de la ironía, atemperado por un fondo compasivo.

Amante de la pintura y la escultura, artes en las que indagó y hasta practicó desde la adolescencia, pasó por Alemania e Italia con una beca, en 1911, y, al año siguiente, asistió en Múnich a los cursos de Wölfflin. De tal conjunción nació, tal vez, la fuerza de las descripciones de paisajes y lugares que destacan por una eficaz plasticidad y un lirismo de corte modernista entreverado con fórmulas neobarrocas, así como una manera innovadora de presentar el tiempo narrativo al hilo de los impulsos de la conciencia de los personajes.

Desde muy joven colaboró en la prensa, su primera escuela de escritura; durante el exilio se ganó la vida con los artículos y más tarde se dedicó casi en exclusiva a sus textos periódicos, ya que, de forma llamativa, su brillante carrera de novelista concluyó cuando le quedaban aún muchos lustros de vida.

belarminoComo el maestro realista Benito Pérez Galdós, por el cual sintió gran admiración, recurre, con frecuencia, a dotar a sus personajes de nombres parlantes o significativos. Pensemos, por ejemplo, en los apelativos degradantes de algunos jesuitas de A.M.D.G., su relato autobiográfico de tono panfletario anticlerical; en Belarmino y su relación con el cardenal de igual nombre o en Felicita Quemada, la solterona, ambos de Belarmino y Apolonio.

Sin embargo, la narrativa de Pérez de Ayala se aproxima mucho más a la de su querido profesor de Derecho, el escritor, también ovetense, Leopoldo Alas, Clarín. Como él, sitúa muchas de sus novelas en la ciudad de Pilares, pseudónimo de Oviedo al igual que la Vetusta clariniana, y atiende, sobre todo, a las vivencias anímicas y a los estados de conciencia de sus personajes, proyectados a veces en digresiones que remansan el ritmo narrativo y le dan un tinte filosófico realzado, en ocasiones, por paralelismos, antítesis, referencias y citas cultas o alusiones mitológicas. La predilección por los clásicos deja una huella recurrente en la lengua y la mirada de Ayala.

perez_ayala2Todo ello hace que nos encontremos ante un escritor complejo, predominantemente reflexivo e intelectual, estéticamente exigente, escéptico, pesimista, a ratos mordaz, que adopta un perspectivismo o visión distante y plural que le permite contrastar una variedad de puntos de vista.

Regionalista sin limitarse a ser un escritor local, Pérez de Ayala moldea sus creaciones, en prosa o en verso, con una riqueza de matices y contrastes nacidos de la excelencia de su pluma, el arraigado talante liberal y laico, la erudición y la sutileza.

A Unamuno, cuyas novelas aguarda con inmenso interés según acredita la correspondencia entre ellos, le asemeja el talento para maridar lo sublime con lo grotesco, la escena chusca de tinte sainetesco seguida de la divagación filosófica, la inclusión de voces locales -asturianismos en su caso-, la afición por la lectura de Cervantes, los textos bíblicos y grecolatinos, y la preocupación melancólica por España y la educación de sus compatriotas, amén de la introspección en las tribulaciones psíquicas de sus criaturas literarias.

La vida es en Ayala tragicómica; critica con lucidez y, a la vez, comprende las flaquezas humanas; se muestra desengañado, pero su sentido del humor le previene contra la acritud y la amargura desesperanzada, en particular, a partir de la segunda época.

Tales características, unidas al renovador tempo discursivo, dotan a la obra de Pérez de Ayala de una calidad incuestionable, y así lo ha reconocido la crítica de su tiempo y el posterior.

amdg_fraTraducido al francés por Jean Cassou. Incluye estudio sobre Iñigo de Loyola o El Triunfo del Espiritu militar, de René-Louis Doyon.- Paris, La Connaissance, 1929.A despecho de ello y de la popularidad escandalosa que acompañó a la antedicha A.M.D.G. y a otras dos novelas de esta misma época: Tinieblas en las cumbres y la magnífica recreación en clave del ambiente bohemio madrileño Troteras y danzaderas, a las que ciertos comentaristas tildaron de novelas lupanarias al estilo de Guy de Maupassant, la obra de nuestro escritor fue siempre minoritaria.

Para Andrés Amorós, dicha consideración tiene su origen en la originalidad de la figura esnob, anglófila, tendente a los refinamientos y clásica de Pérez de Ayala, difícil de encajar "en los moldes del escritor hispano al uso", hasta el punto de que Antonio Machado lo llame en una carta el "gran heterodoxo de nuestras letras".
En La novela intelectual de Ramón Pérez de Ayala, el mejor trabajo de conjunto sobre el escritor que existe hasta ahora, clasifica el profesor Amorós sus novelas en tres grupos:

- La primera época, "autobiográfica", la integra la tetralogía protagonizada por Alberto Díaz de Guzmán, trasunto evidente del autor, niño, adolescente o maduro: Tinieblas en las cumbres (1907), A.M.D.G. La vida en un colegio de jesuitas (1910), La pata de la raposa (1912) y Troteras y danzaderas (1913).

cartel_luzCartel de la película Luz de domingo de J. L. Garci, 2007, basada en la novela homónima.- Sigue, tres años más tarde, "la fase de transición", con Prometeo, Luz de domingo, llevada al cine hace unos años por José Luis Garci, y La caída de los limones. Tres novelas poemáticas de la vida española.

- En la segunda época, llamada certeramente por Amorós "de los grandes temas",
. El lenguaje: Belarmino y Apolonio (1921)
. El amor: Luna de miel, luna de hiel y Los trabajos de Urbano y Simona (1923)
. El honor: Tigre Juan y El curandero de su honra (1926)
es donde alcanza la prosa ayaliana una belleza melancólica y un lirismo meditativo poco comunes en nuestras letras. La narración se adensa tensada por el fondo meditativo que la conforma.


paz_senderoJunto al Ayala narrador, el más sobresaliente y vivo, está el poeta clasicista de la trilogía compuesta por La paz del sendero (1904); El sendero innumerable (1916), y El sendero andante (1921), y el ensayista de Política y toros, Las máscaras o los innumerables artículos de tantas revistas y periódicos, tales como Helios, España, Los Lunes de El Imparcial, La Prensa de Buenos Aires o ABC, entre otros.

Un creador excelente cuya escritura inteligente está aún por descubrir.

 

Ramón Pérez de Ayala

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