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Obra, estilo y técnica de  firma_paco

 

Dos son las obras más conocidas de Francisco Durrio: el monumento al músico Arriaga (Bilbao) y la tumba de la Familia Echevarrieta (Getxo, Bizkaia).
Sus piezas de orfebrería, de delicado concelado, son también muy conocidas; se hallan presentes en diversos museos y son muy deseadas por coleccionistas.

homenaje_arriagaHomenaje a Arriaga, 1933. Bronce para la musa Melpómene y granito para la base-zócalo. Museo de Bellas Artes de Bilbao.estatua
En el monumento a Arriaga se combina la piedra tallada del basamento, el bronce de la musa y el agua que discurre de arriba abajo.
La obra remite a civilizaciones de Oriente Medio Oriente Medio, en la parte inferior y a un clasicismo, en la escultura de la parte superior, que se adelanta al movimiento novecentista, de raíz clasicista, que vendría poco después, como una reacción de "retorno al orden" tras años de experimentación vanguardista.

 


El panteón de la familia Echevarrieta no llegó a culminarse como inicialmente previó Durrio. El artista planteaba que el exterior de cenotafio estuviera presidido por una columna rota junto a un personaje que elevando su mirada hacia el cielo, mostrara un gesto escéptico y nihilista, algo así como "¿Y ahora qué?".

 panteon_echevarrieta_durrioPanteón de Echevarrieta.verja_echevarrietaVerja del panteón.san_cosmeSan Cosme, en mármol.


La familia no quiso que esta parte se llevara a cabo. Sí se realizó la parte inferior en donde se distinguen dos piezas relevantes: 
. una puerta de hierro que semeja una gran tela de araña en la que están apresadas decenas de mariposas, una metáfora simbolista del constante morir y renacer de la vida.
. una escultura en mármol que representa a San Cosme, de pié, contemplando una calavera en sus manos, resuelto con un acusado expresionismo goticista que evoca las esculturas que contemporáneamente realizaba Wilhelm Lehmbruck.

La orfebrería se mueve en una línea semejante a la empleada para el San Cosme, pero en dimensiones muy reducidas. Durrio consideraba sus piezas esculturas de pleno derecho, y no un arte decorativo o menor.


 broches_durrio_desaparecidoBorches y plaqueta. Piezas de la colección Familia Zuloaga (actualmente desaparecidas).

1sortija_durrioSortija. ca. 1895-96. Plata cincelada. MNCARS, Madrid.dos_cabezas_unidasDos cabezas. Bronce cincelado.broche_adorinaBroche Adorina.

Sus obras respiran un aire modernista, art-nouveau, muy acusado y elegante, representando aves, serpientes, y rostros, cabelleras y manos humanas. Son piezas macizas resueltas íntegramente e una sola pieza, sin engastes de piedras (salvo ocasión excepcional) ni uniones entre partes.

cabeza_durmienteCabeza de durmiente. Cerámica vidriada. BBAA, Bilbao.La cerámica juega también un papel muy importante en el conjunto de su obra, aunque no hayan llegado muchas piezas hasta nosotros. La deuda con Gauguin es manifiesta en casi todas ellas, aunque en ocasiones es posible encontrar ecos japoneses en jarras y botes. Desde una perspectiva técnica, Durrio mantuvo una prolongada relación epistolar con el ceramista Daniel Zuloaga, que desde Segovia le aconsejó en numerosas cuestiones para su desarrollo en esta faceta artística.

Debe recordarse que las esculturas en cerámica de Gauguin, minusvaloradas al principio por sus contemporáneos, fueron reconocidas por Durrio en su enorme importancia, la cual le fue transmitida a Picasso. Cuando Picasso entró en su dinámica cubista, Durrio, al igual que Ignacio Zuloaga, otro de los tempranos promotores del malagueño, se distanció de él; no comprendieron lo que significaba aquella nueva manera de ver la realidad ni las posibilidades artísticas que inauguraba.

La obra de Durrio nos han quedado como la de un tardo-romántico afectado por el simbolismo y la pureza de las formas de origen no-europeo. Fue un escultor que supo moverse en diferentes registros y compatibilizarlos entre sí, pero que en su afán de perfeccionismo no llegó a crear una obra abundante. No obstante, algunas de sus realizaciones nos hablan del escultor más cualificado para renovar un arte que en España se debatía entre la anécdota edulcorada y el folklorismo decorativo.