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Obras, estilos y técnicas de marquina_firma


Eduardo Marquina fue antes poeta que dramaturgo, a pesar de que el éxito dramático desviara pronto su interés creador y poético al teatro.

odasEn 1900 edita una serie de sensibles poemas, Odas, reseñados con atención y cierta prevención por Juan Valera, quien veía en esta literatura serios peligros.

Vendrán después obras de corte modernista como Vendimias en 1901, cuyo título pudiera estar influenciado por el poema homónimo de Verlaine o Églogas en 1902 y, ya en 1905, Elegías, que participan del ambiente nostálgico de la época y fueron reseñadas con elogio por Unamuno en El Imparcial.

Merece más atención el drama lírico que escribiera en catalán durante su juventud, Emporium, no sólo por representar la única muestra de adhesión del autor al movimiento modernista de Cataluña que aglutinaba con poderío Maragall, sino por la hondura del mismo. Está obra ha sido olvidada injustamente por la crítica.

En el Heraldo de Madrid, Marquina publica la sección Canciones del momento. Son una suerte de glosas rimadas con asuntos del día. De entre las más significativas, una dedicada al pintor Ignacio Zuloaga en su visita a Madrid tras el exitoso paso por el Salón Nacional de París. Unamuno le escribe al respecto una larga carta aclarando la conjura del 'semisilencio' que sufre el pintor vasco: "¿Se puede consentir que un vascongado como Zuloaga resucite la antigua y castiza pintura española?" dirá el escritor vasco al respecto.

Tras "un gran dolor que dejará huella en el alma" (a causa de sus chascos poéticos y sus primeros tanteos teatrales, recibidos con frialdad,) publica, en 1907, Vendimion, interesante poema cíclico de una epopeya cósmica. Aun siendo el primer y único intento de su clase en la poesía española moderna, fue criticado con severidad. Sin embargo, es merecedor de un rescate tres_librosy una lectura actual.

Ante tales ataques su faceta dramaturga tomó relevo, aunque aún publicará libros de poesía, algunos serviles por lo afecto a la ideología franquista como Los tres libros de España:
España en ocaso, España militante y España en albas, versos declamatorios y ampulosos al servicio de la dictadura.


Salvo por algunos poemas y el caso excepcional de Vendimion, su poesía fue muy de la época, modernista e hinchada en su primera etapa y con vinculación franquista después. Si bien, cabe destacar además algunos de los libros escritos en Iberoamérica como las Poesías gauchas o Recogimiento.

Con más de sesenta títulos, la parte más conocida de su obra es el teatro, de corte lírico antes que dramático. Eduardo Marquina secundó con algunas de sus obras, de ferviente religiosidad y exaltación nacionalista, el teatro de propaganda a favor del franquismo enarbolado por el poeta falangista y dramaturgo José María Pemán. Sin embargo, el teatro de Marquina está versificado con corrección, en ocasiones con sumo acierto, y construye versos menos retóricos y campanudos que los de compañeros suyos.
En cualquier caso, la crítica no ha perdonado su adscripción ideológica y ha simplificado en exceso su teatro además de banalizarlo, olvidando con ello algunos aspectos, temas y obras de interés no menor, relegando al autor al olvido.
Marquina inicia con un teatro de pespuntes anarquistas, pero su rebeldía política posee escaso valor literario.
Tras algunos dramas de corte rural -que quizá fueron notables sugerencias para su protegido, Federico García Lorca- donde estudia un aspecto determinado del carácter femenino como en El pastor, Rincón de montaña y dos zarzuelas dramáticas de corto relieve, compone, en 1908, su primer éxito:

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Las hijas del Cid

La obra recrea los últimos años de vida de Rodrigo Díaz de Vivar, 'El Cid',  y, sobre todo, las vejaciones a las que fueron sometidas sus hijas, Elvira y Sol por sus respectivos maridos, los Condes de Carrión.
Inspirado en el Poema de Mio Cid, combina el asunto histórico y la constante afirmación del héroe con una clara posición conservadora.


estreno_maria_brava_1909María Guerrero, Fernando Díaz de Mendoza, María Cancio y Morales en el estreno de Doña María la Brava,
1909, obra que también obtuvo fama, supone una dramatización de confabulaciones en el ambiente fastuoso de la España medieval.  Ambientada en la Castilla del siglo XV, la obra recrea la vida de la noble María Rodríguez de Monroy y sus relaciones con el rey Juan II de Castilla y el Condestable del reino Don Álvaro de Luna, del que María se encuentra profundamente enamorada.

Su gran éxito teatral, y por el que se le recuerda, es la compleja obra:

en_flandesEn Flandes se ha puesto el sol
Se estrena en Montevideo, en 1909. 
Marquina plantea la rivalidad entre dos conceptos de patria, la que tenía de herencia y la que pasa a ser suya con su matrimonio. Cuenta el arreglo matrimonial propuesto para solucionar la guerra entre Flandes y España. Resalta el realismo de la obra a través de un efectivo y jugoso diálogo.

Otra obra destacable es Cuento de una boda y desafío del diablo, de 1910. Emplea una técnica única: en el prólogo aparece un personaje llamado precisamente 'el Prólogo' quien se dirigirá al público. Éste y otros aspectos recuerdan el futuro teatro que practicará Pirandello, especialmente en sus Seis personajes en busca de autor, en 1921.
En 1914 escribe una obra de sumo interés y todavía hoy sin entrenar, Cantiga de Serrana. Su fuente literaria es el Libro del Buen Amor del Arcipreste de Hita, Las serranillas del Marqués de Santillana y algunas églogas de nuestros Canciones. En el mismo año compone Las flores de Aragón donde dramatiza las bodas reales entre Isabel y Fernando.
Sobre el teatro versificado de corte histórico que practicaron Francisco Villaespesa y Eduardo Marquina, el crítico Manuel Bueno acertó al afirmar que "fracasaba... no era una obra, sino todo un género, todo un teatro y que la culpa del fracaso está menos en las insuficiencias estéticas de los autores que en la disposición de espíritu de la gente".
Lo más valioso en estas obras resulta la caracterización psicológica de los personajes.
Marquina detectó tal problema y buscó remedio. Evitando las deformidades y efectismos del drama histórico, entronca con el teatro clásico religioso.
sta_teresa_teatr_beatrizCon Lola Membrives, como Santa Teresa, en el Teatro Beatriz de Madrid, la noche del estreno, en 1932.sta_teresa_pastranaMaría Guerrero como Santa Teresa, en
En la figura de Teresa de Ávila encontró la unión de humanidad y esencialidad para trascender a lo divino. Así escribe una trilogía sobre la abulense:
La alcaidesa de Pastrana
Cartas de una monja 
La muerte en Alba
.
Y, más tarde, en 1932, escribirá el drama Teresa de Jesús.

 

De fuente literaria resulta también El estudiante endiablado,
de corte donjuanesco, una nueva versión de El estudiante de Salamanca con influencia zorrillesca.
También redacta algunas piezas orientalizantes como Era una vez en Bagdad, en 1932 relevante al ser la única obra donde Marquina centra su interés en personajes masculinos.

La crítica acusó con acierto en los dramas históricos de Marquina un debate entre la nostalgia, el engaño y la evasión, además de cierto efectismo. No extraña pues que en su teatro abunden la exaltación de los valores de la patria y el imperio.

En resumen, sus dramas poseen valor mediano, salvadas las excepciones antes mencionadas, de notable interés y valor, dignas de una relectura que limpie los lugares comunes vertidos sobre el teatro de Marquina. En cualquier caso, su obra supuso un espaldarazo al teatro versificado en el siglo XX, al ser su más asiduo cultivador.

Representa junto a Benavente, Arniches y los Álvarez Quintero, uno de los autores predilectos del público español durante la primera mitad del siglo XX.
Escribió también algunas novelas, varios cuentos y un par de libritos de viaje que recorren la Costa Brava, París y Milán.

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Eduardo Marquina

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