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Obras, estilos y técnicas de 1firma_reyles

 

Carlos Reyles es realista. A partir de su novela corta Primitivo (1896), cultiva el estilo modernista, con un lenguaje suntuoso y musical y descripciones de gran belleza. El prólogo de Primitivo es un verdadero manifiesto modernista.

Hay una relación estructural entre las ideas de Reyles, expuestas en sus ensayos, y sus narraciones.
En "Arte de novelar", (1936), explica su teoría de "los dos planos": primero concibe las tesis a exponer y luego las encarna narrativamente, por lo que, detrás del relato, puede seguirse una discusión de ideas. En ocasiones las ideas "encarnan" primero en una narración breve para, años después, manifestarse desarrolladas y profundizadas, en novelas más extensas.
Puede relacionarse, por ejemplo, El extraño, (1897) y La raza de Caín, (1900).
El embrujo de Sevilla, (1922), tiene antecedente en "Un capricho de Goya", cuento de 1902.
La lectura de filósofos positivistas, en especial Herbert Spencer, es la base de su pensamiento. Fuerte impacto posterior causan en él Guyau, Nietzsche y Unamuno.

Reyles es materialista, vitalista y hedonista: rinde culto a la fuerza, al placer y al dinero, visualizando a los hombres de empresa, técnica y ciencia - al menos en su deber ser - como héroes modernos. Tiene una visión jerárquica de la sociedad, en la que ricos y aristócratas deben dar el ejemplo, amparar y de algún modo expresar el sentir de la gente común, que se mira en ellos.
Su vitalismo lo vuelve, paradójicamente, un intelectual antiintelectualista. Supera esta tensión derivando de la "voluntad de poder" nietzscheana la idea de "voluntad de conciencia". Respecto al poder y la riqueza tiene puntos de vista similares a los de Ramiro de Maeztu, aunque no pueda demostrarse que lo leyese ni tratara en profundidad. Materialista, Reyles no desarrolla ideas religiosas. Sin embargo, en El embrujo de Sevilla, demuestra comprender el valor cultural y sentimental del ritual religioso para darle sentido a la vida de personas y pueblos.

dialog_olimpdialog_olimp_2Los totalitarismos que, partiendo también del culto a la fuerza, la voluntad de poder y la visión jerárquica de la sociedad, propiciaran la Segunda Guerra Mundial, de algún modo señalan como errado el pensamiento político - social de Reyles, plasmado en El ideal nuevo (1903), La muerte del cisne (1910), Diálogos olímpicos (1919) y Ego sum (1939).

 


Sus obras más significativas son:

beba_reylesBeba (1894)
En el plano de la acción, trata el tema del amor que desafía la moral social, pues la protagonista es casada y acepta vivir en concubinato con Tito, ganadero pujante y modernizador. En el plano de las ideas, se elogia a este tipo de productor, ejemplo de la superioridad de este nuevo "hombre de acción" sobre las personas de vida convencional, representados por el marido de Beba y su familia, así como también sobre los caudillos tradicionales, representados por el coronel Quiñones.

 

raza_cain_reylesLa Raza de Caín (1900)
Si bien el lenguaje y estilo son modernistas, Reyles critica un tipo - real y ficticio - muy prestigioso en la estética modernista: el intelectual decadente, representado por Guzmán y Casio. Por oposición, resalta la figura del burgués vigoroso y emprendedor, corporizada en la familia Crooker. Reyles escribe en la dedicatoria que este es un libro "doloroso pero saludable", en tanto combate una desviación del carácter y le contrapone un modelo a seguir.

 

el_terruno_reylesEl Terruño (1916)
En esta novela de ambiente rural Reyles procesa su apasionada lectura del "Quijote". Sus protagonistas son Tocles, un idealista "desfacedor de entuertos", y su suegra Mamagela, al decir de Zum Felde, "...un Sancho no tan simple como el escudero cervantino, sino con algo de la astucia práctica y benigna del Ama y del Cura, por el modo que encarna en su fortaleza matronil, el materialismo de la burguesía." A diferencia del original de Cervantes, la figura resaltada es la de la cuerda y enérgica Mamagela.

 

embrujo_sev2El embrujo de Sevilla (1922)
Ambientada en 1898, con la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas por fondo, esta novela describe el ambiente de cantaores y bailaores sevillanos, representados por un café - "El tronío" - y varios personajes, destacándose la bailaora Pura y los cantaores Pitoche y Argüello.
El mundo de las clases altas y cultas se cruza en el Tronío con el ambiente popular, en la figura de Paco Quiñones, señorito arruinado que deviene torero para alcanzar como matador gloria y fortuna, junto a sus amigos, el pintor Cuenca y el picador y anticuario "Tabardillo".
En Paco se enfrentan dos amores: Pura y su antigua novia Pastora, a quien su padre ha prohibido el noviazgo, por considerarlo indecoroso. A su vez, Pura se debate entre el amor por Paco y su extraña atracción por su ex amante Pitoche, que la tratara muy mal. De Manera trágica, el amor entre Paco y Pura se revelará imposible, reencausándose el noviazgo con Pastora.
En el plano de las ideas, destacan: el papel rector que debieran cumplir en la sociedad los hombres de negocios, concebidos como héroes modernos, que buscan gloria además de dinero; la división jerárquica de la sociedad; el respeto por las manifestaciones culturales y religiosas populares, cargadas de sentido profundo para la vida de las personas y las naciones.
Esta novela fue llevada al cine en 1930 por el director Benito Perojo.

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El gaucho Florido
(1932)
Canta, en el personaje de Florido, al pasado del gaucho, heroico, donjuanesco y pasional, pero también violento e inadaptado. Sus cualidades le impiden adaptarse a nuevos tiempos, de progreso material y social para el campo. Novela despareja, tiene sin embargo algunos pasajes descriptivos a la altura de la mejor producción de Reyles.

 

 

Carlos Reyles

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