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Obras, estilo y técnica de  firma ortega

 leyendo pocos pixLeyendo noticia declaración Primera Guerra Mundial. Madrid, 1914. Fundación José Ortega y Gasset, Madrid.La obra de José Ortega y Gasset, que empezó a escribir y publicar en 1902 con tan sólo 19 años, cabe en los diez volúmenes que componen la reciente nueva edición de sus obras completas (Taurus -Fundación José Ortega y Gasset, Madrid, 2004-2010). Los seis primeros vol. contienen los textos publicados y los cuatro últimos recogen aquellos textos inéditos a su muerte en 1955.

Las formas escritas del pensamiento de Ortega fueron el artículo de periódico, el curso de cátedra y, sobre todo, una que queda a medio camino, el ensayo de media extensión que el mismo definió como “la ciencia menos la prueba explícita”. Desde Renan o Adán en el paraíso (ambos de 1910), pasando por Meditaciones del Quijote (1914), libro conformado por tres ensayos o meditaciones, Ortega encuentra en la colección estructurada de ensayos su forma original de publicación. La pone a prueba en el primer número de El Espectador (1916), al que seguirán siete más, el último en 1934.

espectadorPortada de El Espectador, Revista de Occidente, 1916. Fundación José Ortega y Gasset, Madrid.Ortega encontró en el ensayo una forma expositiva de saberes contrastados a la vez que de búsquedas experimentales, que encajaban bien en una filosofía que se adentraba por caminos no explorados.
Desde el principio Ortega reflexiona sobre la vida, siendo esta realidad, que definirá como “vida humana en cuanto realidad radical”, el hilo conductor de su obra, en una compleja operación histórica que implicaba la “superación del idealismo” como superación de la crisis del siglo XX, el otro motivo central al que dedicó sus esfuerzos filosóficos.

Algunos libros enteros, por lo general breves pero que sobrepasan el formato del ensayo serán España invertebrada (1921), El tema de nuestro tiempo (1923), La deshumanización del arte (1925) y el más conocido de todos, La rebelión de las masas (1930), aunque fue primero un curso dictado en Buenos Aires y una colección de folletones en el diario El Sol a lo largo de 1929.
Añadamos a estas enumeraciones los libros que recogieron los artículos de contenido político: La redención de las provincias y Rectificación de la República (1931, ambos). La última publicación antes de la interrupción provocada por la guerra civil fue otra colección de ensayos, titulada por el primero de ellos, Pidiendo un Goethe desde dentro (1932).

Después publicó poco y menos de lo que iba escribiendo. Recuperó ensayos y conferencias que estaban olvidados, en parte por razones de sobrevivencia, pues en la década de los cuarenta Ortega no disponía de más fuentes de ingresos que sus libros e intervenciones públicas. Así nacieron Estudios sobre el amor (1939), Ideas y creencias (1940), o Historia como sistema (1941). En la última década de su vida, Ortega tan sólo publicó un viejo curso dictado en la Cátedra Valdecilla de la entonces Universidad Central de Madrid hacia 1933, En torno a Galileo (1947), y alguna recopilación de sus estudios sobre Velázquez y Goya, titulada precisamente Papeles sobre Velázquez y Goya (1950).

portadas_libros_otros_idiomas webPortadas de libros de Ortega traducidos a otros idiomas. Fundación José Ortega y Gasset, Madrid.

Pero eso no significa que no trabajara y escribiera y mucho. La parte no publicada de los últimos veinte años supone más de 1600 páginas de gran formato en la nueva edición de las OC ya mencionada. Entre ellas encontramos textos decisivos para la comprensión de su filosofía como El hombre y la gente o La idea de principio en Leibniz.

 

Técnica y estilo

Ortega fue ante todo un filósofo y pensador de su tiempo en el doble sentido de saberse de su tiempo y de convertir “su” tiempo en motivo de reflexión y análisis.

A pesar de las apariencias de un estilo de gran belleza literaria y fuerza expresiva, hay en Ortega un pensar sistemático mucho más técnico y elaborado de lo que se piensa a primera vista, como demuestran las más de 30.000 fichas de lectura y notas de trabajo que comenzamos a conocer hace unos años gracias al trabajo de Soledad, la hija del filósofo. Conviene recordar que Ortega se formó en Alemania con los neokantianos de Marburgo y en la naciente fenomenología de Husserl, las dos filosofías más rigurosas de comienzos de siglo XX. Además estaba perfectamente informado de las novedades que se producían en todos los campos de la ciencia, tanto de las naturales como de las sociales.

Ortega con Martin HeideggerOrtega con Martin Heidegger. Fundación Ortega y Gasset, Madrid.Ortega prefirió no escribir libros técnicos bien artillados con citas y referencias bibliográficas. Podría decirse que los interrogantes filosóficos se los planteó, sobre todo al principio, su circunstancia española pero que el método de pensar y los instrumentos conceptuales los había tomado de la filosofía y las ciencias europeas más actuales. Prefirió siempre las formas de comunicación directa y espontánea. Es posible que ello dañara el tratamiento sistemático de algunos de los temas más importantes de su filosofía y que ésta presente un inequívoco aspecto de algo no terminado. Es frecuente encontrar en los textos orteguianos la promesa de tratar más adelante un tema importante sin que ésta se cumpla.

Fue fiel a la norma de estilo que él mismo formuló, “la claridad es la cortesía del filósofo”. Acaso eso le perjudicó. Muchos pensaron que Ortega no sabía o era incapaz de escribir libros serios de filosofía pero tuvieron que cambiar de opinión cuando apareció en 1958 La idea de principio en Leibniz, una extensa reflexión sobre los primeros principios en filosofía, desde sus orígenes en Parménides y Heráclito hasta los modernos pasando por Aristóteles y la Escolástica.

Ortega defendió la prioridad de la palabra hablada sobre la escrita. Se quejó de “la tristeza espectral de la palabra escrita”. Quien le oyó hablar no ha podido olvidar la seducción inteligencia, gracia y oportunidad que emanaba de sus palabras. A pesar de ello, es posible que Ortega sea el mejor escritor de ensayo en lengua castellana del siglo XX.

Meditac Quijote

Terminamos con dos ejemplos de su escritura. El primero está tomado de su libro programático de 1914, Meditaciones del Quijote, concretamente del prólogo con que se abre:

¡La circunstancia! ¡Circum-stantia! ¡Las cosas mudas que están en nuestro próximo derredor! Muy cerca, muy cerca de nosotros levantan sus tácitas fisonomías con un gesto de humildad y de anhelo, como menesterosas de que aceptemos su ofrenda y a la par, avergonzadas por la simplicidad aparente de su donativo. Y marchamos entre ellas, ciegos para ellas, fija la mirada en remotas empresas, proyectados hacia la conquista de lejanas ciudades esquemáticas” (I, 319)

El segundo está tomado de un prólogo que escribió a Veinte años de caza mayor, del Conde de Yebes, fechado en Lisboa, en 1942:

El cazador se recoge dentro de sí mismo (…) No hace nada. No desea hacer nada. La súbita inmersión en la campiña le ha entumecido y como anulado. Se siente planta, entidad botánica, y se entrega a lo que en el animal es casi vegetal: respirar. Mas ya llegan, ya llegan las jaurías…, e instantáneamente todo el horizonte se carga de una extraña electricidad; empieza a movilizarse, a distenderse elástico. Brota subitáneo el elemento orgiástico, dionisíaco que fluye e hierve en el fondo de la cacería (…) Y hay una vibración universal. Y a las cosas antes inertes y fláccidas les han salido nervios, y gesticulan, anuncian, presagian. ¡Ya está ahí, ya está ahí la jauría: baba densa, jadeo, coral de encías, y los arcos de los rabos inquietos fustigando el paisaje! Difícil contenerlos. No pueden más de ganas de cazar; les rezuma por ojo, morro y pelambre. Fantasmas de reses veloces atraviesan sus caletres enardecidos de can pura sangre, mientras, por dentro, están ellos ya en carrera loca.” (IX, 457)

 

José Ortega y Gasset

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