Web modernismo 98 y 14

logo_zuloaga
E-mail

firma_paco El mejor amigo de otros artistas


1paco_durrio_1924_carsPaco Durrio, 1924. Juan de Echevarría. MNCARS, Madrid.(Valladolid, 1868 - París, 1940)
El escultor, orfebre y ceramista Francisco Durrio nació en la ciudad castellana de Valladolid, en 1968.
Su padre era un cestero de origen francés con el apellido Durrieu de Madron, que españolizó por el de Durrio. Siendo todavía un niño, su familia se trasladó a vivir a Bilbao, al calor del despegue económico e industrial que empezó a experimentar la ciudad vasca a partir de 1875.
Recibió sus primeras nociones de arte en el estudio del pintor Antonio Lecuona, muy tradicionalista, en donde coincidió con otros futuros artistas de gran importancia para el desarrollo cultural de la ciudad, como Adolfo Guiard y Manuel Losada, pero también tuvo por compañero de clase a otros que alcanzaron notoriedad por otros motivos, como el escritor y filósofo Miguel de Unamuno.

A los trece años, en 1881, se inscribió como alumno en la Escuela de Artes y Oficios de Bilbao, haciendo constar que era escultor, indicio tanto de su vocación como de su determinación. Poco tiempo estuvo en dicha escuela, quizás por lo insatisfactorio de la enseñanza que allí se impartía, pues ese mismo año marchó a Madrid, en donde trabajo como aprendiz en el taller del escultor Justo Gandarias.
Algún autor hace constar que en 1884 ya había viajado a París, pero la primera constancia cierta de su presencia en la capital francesa data de 1888, en donde se quedaría a vivir hasta su fallecimiento, si bien fueron numerosas las ocasiones en que regresó a Bilbao y mantuvo intactas y vivas todas sus relaciones de amistad y profesionales con gentes del País Vasco.

Recibió sus primeras clases de cerámica del artista Ernest Chaplet, a finales de los años 80. Por motivos laborales residió una temporada en Sêvres, en cuyos hornos trabajó, y otra en la localidad de Saint-Prix (Seine et Oise), en donde quiso construir un horno de gran tamaño y que, entre grandes disgustos y desalientos, no pudo conseguir.
El motivo de su estancia parisina, en principio, era diseñar un mausoleo para la familia Echevarrieta, adinerados industriales y mineros que ejercieron un apoyo mecenístico hacia Durrio. De hecho, ese proyecto de mausoleo tardó quince años en concluirse (1903), y aún mas, otros veinte años, tardó en ejecutarse (1923), y sin que se llevara a cabo tal y como fue concebido, sino tan sólo parcialmente. Aun así el resultado fue espectacular.

Entre 1900 y 1910 Durrio fue uno de los artistas más dinámicos en el impulso de las famosas seis Exposiciones de Arte Moderno de Bilbao, en las que se pudieron ver obras de artistas europeos de avanzados lenguajes plásticos, muchos de los cuales enviaron sus obras a Bilbao por mediación de Durrio. Él mismo participó asiduamente en otras exposiciones de tipo semejante celebradas en otras ciudades, como los de La Libre Esthétique, de Bruselas (1896, 1898, 1902 y 1914). También resultó decisiva su colaboración en la trascendente y aun no suficientemente estudiada Exposición Internacional de Pintura y Escultura de Bilbao, de 1919.

Su domicilio en el Impasse Girardon se convirtio en un lugar de acogida paranumerosos artistas españoles que viajaban a París y que no sabían a quién ni a dónde dirigirse para dar sus primeros pasos. Durrio era un cicerone receptivo y amable, generoso y hospitalario. No disponía de muchos bienes, pero los que tenía eran compartidos por cuantos artistas, particularmente vascos, pasaban por su casa. Su primer estudio conocido estaba en el número 8 de la calle Grande-Chaumière y fue compartido en distintos periodos con Paul Gauguin, Ignacio Zuloaga y Alphonse Mucha; de éste último Durrio aprendió orfebrería.

1bateau_lavoirBateau Lavoir, París.Su primera casa conocida estuvo en Montmarte, en el número 30 de la calle Ravignan. Más tarde (1901-1904), su estudio-habitación en el famoso edificio del Bateau-Lavoir, en el número 13 de la calle Ravignan, fue mítico. En él recibió el auxilio de Durrio, en él conoció por primera vez la obra de Gauguin y Van Gogh, y en el recibió sus primeras clases de escultura en cerámica. Se las impartió Durrio, quien en 1905 le traspasó el estudio al trasladarse al número 3 de la calle Constantin Pecqueur, donde pudo instalar un horno propio.

En 1905, tras ganar un concurso, recibió el encargó del Ayuntamiento de Bilbao de realizar un monumento en memoria del músico Juan Crisóstomo Arriaga, con motivo del centenario de su nacimiento.
La historia de este monumento fue un tanto esperpéntica y, tras varias paralizaciones y reanudaciones motivadas porque el consistorio bilbaíno no financiaba lo suficiente y por adelantado los costos que conllevaba su realización, la obra pudo finalmente presentarse públicamente en 1933.

Mientras tanto, a principios de los años 20, Durrio ganó un concurso nacional convocado por el Gobierno francés para conmemorar a los soldados muertos durante la primera guerra mundial. La maqueta de este Monumento a la Victoria mostraba un enorme templo, entre mastaba y mezquita de Santa Sofía en Estambul.

Sus últimos años de vida fueron de una gran penuria económica y un constante anhelo por lograr tener un horno en el que poder realizar sus trabajos en cerámica. No logró salir de la pobreza ni tampoco llegó a tener el horno. Son numerosas las cartas dirigidas a amigos e instituciones públicas de Bilbao en las que constan las súplicas de ayuda, nunca pidiendo dinero, sino solicitando se le compraran obras de arte de su colección personal, en la que figuraban notables artistas antiguos y contemporáneos, como Greco, Murillo, Goya, Gauguin y Van Gogh. Nunca se atendió sus ofertas, salvo en algunas piezas realmente menores de artistas vascos.

Dado que su fortuna pública como artista fue un tanto desdichada, Durrio se vio obligado a actuar como marchante ocasional de algunos ricos empresarios. En París era capaz de descubrir a precios muy ventajosos obras de arte sobre las que informaba a posibles clientes, los cuales, de consumarse la compraventa, dejaban una comisión como intermediario a Durrio y que fue la manera con la que sobrevivió durante muchos años.

Murió pobre en un hospital de París en 1940. El reconocimiento en Francia le llegaría en 1945, pues el Salon d'Automne organizó una retrospectiva de su obra. Después el olvidó hasta que en 1961 el Departamento de Artes Aplicadas del Victoria & Albert Museum organizó la International Exhibition of Modern Jewellery, 1890-1961, donde las joyas de Durrio tuvieron un relevante protagonismo.