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Relaciones de m seca firma con otros creadores

 

ms colegioCon sus compañeros de los jesuitas.1. Juan Ramón, 2. Muñoz Seca, 3. Fernando Villalón, entre otros. Foto colecc. LSA.Pedro Muñoz Seca estudia en el colegio jesuita de San Luís Gonzaga en El Puerto de Santa María junto a Juan Ramón Jiménez.

Durante su vida mantuvo una estrecha relación con autores teatrales, entre los que destacan Carlos Arniches, Jacinto Benavente y Carlos Fernández Shaw, intelectuales como Azorín, Gregorio Marañón y Eugenio d'Ors, así como con los músicos y actores más representativos de su época.

En 1928 estrena junto con Azorín una polémica obra, El Clamor, en la que se hace una feroz crítica al mundo periodístico.
El estreno de este sainete satírico no resultó precisamente en un clamoroso éxito ni en Madrid ni en Cádiz. Fracasó en ambas ciudades cosechando sonoras protestas del público. A pesar de ello, la colaboración de la pluma acerada de Azorín con el ingenio de Muñoz Seca provocó un terremoto en el mundo teatral y periodístico de la época. El motivo fue que ambos autores sacaran a relucir a las tablas algunas inmoralidades del mundo de la prensa. El director de "El Clamor" y su redactor Astudillo, crítico taurino de dicho periódico, se nos presentan como unos periodistas completamente desvergonzados. Azorín y Muñoz Seca arremeten contra este tipo de periodistas con la intención de hacer una labor de saneamiento de la prensa.
A pesar de ello, la obra provocó un alud de escritos y artículos muy airados contra sus autores, siendo expulsado Azorín de la Asociación de Prensa. Sin embargo, ninguno de los dos autores se caracterizaba por temer a las críticas, que normalmente ignoraban y de las que se defendían con sus plumas y el impacto que cosechaban sus obras.
Curiosamente, en paralelo a las tenaces críticas recibidas, existió un verdadero "clamor" en defensa de Azorín y Muñoz Seca, proveniente del propio mundo de la prensa y de los intelectuales españoles más destacados.

Con Azorín, Marañón y Benavente mantendría una nutrida relación epistolar.

Cada estreno suyo era un triunfo enorme, siempre acogido favorablemente por el público. Sin embargo, la "alta crítica" de teatro le censuraba continuamente acusándole de mediocridad y de tener un nulo talento poético. Muñoz Seca nunca perdía su sonrisa ni su buen humor, ya que no le preocupaba la opinión de sus coetáneos.
Cuando una obra alcanzaba las 100 representaciones, entonces averiguaba qué cronista le había puesto peor para regalarle un palco, cuando llegaba a las 150 representaciones, otro palco, y así sucesivamente.
Especialmente duro en su crítica era Enrique de Mesa desde las páginas de El Heraldo. Saliendo un día del café, hubo alguien que le dijo "Perico, ¿has visto cómo te pone hoy Enrique de Mesa?" A lo que él contesto rápidamente: "La opinión de los muebles no me interesa".

Valle-Inclán, con el que no se llevaba nada bien, hizo una crítica de Muñoz Seca en la que afirmaba que si se le quita todo el humor, si se le quita toda la caricatura, e incluso lo innecesario, siempre en sus obras se encuentra un autor de teatro con una carpintería perfecta.

"... De Muñoz Seca, excelente amigo, guardo muy gratos recuerdos, y uno menos grato, el de la última vez que nos vimos. Fue en la Jefatura de Policía de Barcelona. Yo estaba allí detenido; allí le llevaron a él también. ¿Quién podría decirnos que nos veíamos por última vez? Los que habían empezado grotescos acabaron trágicos...".

(Prólogo de Jacinto Benavente a La venganza de Don Mendo. Pedro Muñoz Seca. Afrodisio Aguado, Madrid. 1942.)

rmero de torres rodeadode un grupo de amigosDe izqda. a dcha. Joaquín Álvarez Quintero, Marcelino Domingo, Loreto Prados, Serafín Álvarez Quintero, Pedro Muñoz Seca y Julio Romero de Torres.