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Relación desolana firmacon otros creadores

la tertulia del caf del pombo 1920Tertulia del Café Pombo, 1920. G. Solana. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid

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Con la vuelta de José Gutiérrez Solana a Madrid, en 1918, tiene lugar su incorporación, a través de su amigo Ramón Gómez de la Serna, a las tertulias que éste organizaba en el Café de Pombo.
Este tipo de composición, una reunión de amigos, la repetirá Solana en algunos de sus cuadros como La vuelta del indiano, ca. 1924. 
La obra se expone por primera vez en el Salón de Otoño de 1920, y se cuelga después en el mismo Café Pombo. Queda establecido que, al cierre del café, el cuadro deberá pasar a manos de su gran amigo Gómez de la Serna (de pie y como centro de la composición), que lo donaría al Estado Español en 1947.

relaciones1También asiste, con su hermano Manuel, a las tertulias del Café Universal el Nuevo Café Levante, donde se reúnen con Romero de Torres, Valle-Inclán, Iturrino o Zuloaga. Parece que éste último fue quien le dio el espaldarazo como pintor al elogiar su Procesión de Toledo expuesto en la Sala del Crimen. Solana le dedicaría su libro Madrid callejero, en 1923, y le alabaría abiertamente en La España negra.

Tras la inauguración de la tercera exposición del artista en el Ateneo de Santander en 1928, el profesor Bacarisse presentó una conferencia sobre “La vida y obra del pintor Solana”, donde trató las relaciones intelectuales de éste con Valle-Inclán, Ricardo Baroja e Ignacio Zuloaga.
En ciertas ocasiones se ha hablado de la influencia mutua entre Valle-Inclán y Solana. Fueron contertulios y amigos, y se sabe que el pintor regaló al escritor uno de sus cuadros. Parece que Valle veía reflejados en los cuadros de Solana los rasgos del esperpento que él mismo había creado, y algo parecido ocurría a la inversa.

En la exposición de Arte Español Contemporáneo celebrada en 1930 comparte escenario con Salvador Dalí, Juan Gris, Vázquez Díaz e Ignacio Zuloaga, entre otras personalidades del momento.

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Por su parte, Pío Baroja no sentía simpatía por el artista, y en sus Memorias cuenta cómo cuando se publicó su primer libro, Madrid. Escenas y costumbres, 1933 se comentaba por Madrid que había sido corregido por Francisco Iribarne. Coincidieron varias veces a lo largo de sus vidas y una de las últimas fue en el Colegio de España en París durante el exilio. Baroja vuelve a referirse a él como pedante, rencoroso, desagradable y antipático.

En 1933 Miguel de Unamuno escrbió en una carta:
"Lo que sí me atrevo a predecir es que el retrato que me pinte Solana será tan auténtico, por lo menos, como el que en mi interior me pinte yo. Me he detenido ante cuadros de Solana, me los [he] adentrado, y me he sentido en ellos, al sentir mi hermandad española con el alma española de Solana. De la España que él y yo, y otros, estamos rehaciendo"

"...Estaba pintando (se refiere a Solana) el retrato de D. Miguel de Unamuno, que estaba más cascarrabias que nunca, meses antes de la hora trágica de
España... A D. Miguel hay que pintarle con el pelo alborotado...
Un día me vino muy peinado de la peluquería y le dije: "Así no es usted" y esa tarde no di una pincelada en su retrato".
Ramón Gómez de la Serna. José Gutiérrez Solana. Ed. Picazo, Barcelona, 1972.

Solana realiza tres versiones del retrato de Unamuno que las firmará en 1933.

 

 

relaciones3Miguel de Unamuno. MNCARS, Madridrelaciones4Miguel de Unamuno con paisaje de Salamanca. Colección Grupo Santander

solana ante su retarto de unamunoSolana ante el retrato de Miguel de Unamuno, 1935

 

 

 

 

 

 

 

 

Gutierrez Solana, José

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