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Relación de ayala_bagariaCaricatura por Bagaría. con otros creadores


1p ayala izRamón Pérez de Ayala, 1931. Ignacio Zuloaga. Col. Familia Pérez de Ayala.Ramón Pérez de Ayala fue un temperamento liberal, vitalista y dotado de finísima sensibilidad para todas las artes y ocupaciones intelectuales.
En consonancia con ello, su mundo de relaciones está constituido por una gama humana rica y diversa, formada fundamentalmente por artistas plásticos, músicos, escritores, periodistas, personas de la clase alta y, también, del mundo de la tauromaquia, la gran pasión que cultivó a lo largo de toda su vida.
Sin embargo, exigente, algo retraído y con tendencia a la abulia, tiene muchos conocidos a causa de sus ocupaciones, pero pocos amigos íntimos.

Quizá el mejor fue Miguel Rodríguez Acosta, granadino de familia de banqueros, a quien conoce en el Ateneo de Madrid. Durante más de cincuenta años se cartearon, y dicha correspondencia, publicada en Castalia por Andrés Amorós, constituye un testimonio de primer orden para interpretar las vicisitudes, los afanes y los pormenores de la obra ayaliana.

Al llegar a la capital de España con la intención de cursar el doctorado en Derecho, a comienzos de siglo, entra en contacto con los modernistas. En 1903, figura junto con Juan Ramón Jiménez, Gregorio Martínez Sierra, Rubén Darío y Enrique de Mesa, entre los fundadores de la influyente revista Helios.

Traba amistad, asimismo, con el hispanista británico Robert Cunnighame Graham y con Pérez Triana, ministro plenipotenciario de Colombia en Londres, y, aconsejado por ambos y siguiendo, a la par, los dictados de su honda anglofilia marcha a Londres para perfeccionar su inglés.

Por otra parte, Azorín, su amigo fraternal, le había presentado a Miguel Moya, director de El Imparcial, quien le nombró corresponsal del periódico en la capital inglesa. Muy poco le duró, no obstante, la corresponsalía del ABC, pues Torcuato Luca de Tena se la retiró al pensar, con razón periodística rigurosa en extremo, que las crónicas por él firmadas no reflejaban la actualidad ni daban cuenta del suceso del día.

Salvador de Madariaga, por el contrario, elogia en su libro España la apertura de miras y la visión liberal, culta y ajena al chauvinismo al uso que aportó Pérez de Ayala en sus artículos desde el destino isleño.
Allí recibe una invitación del marqués de Villalobar, encargado de negocios de la Embajada española, y, a raíz de dicho encuentro, nace una amistad que le franquea las puertas de la Cámara de los Lores y otras instituciones de difícil acceso.

Junto con su compañero Fernando de los Ríos visita al príncipe Kropotkin, participante, como ellos dos, en la tertulia que celebra Pérez Triana en su domicilio y a la que concurren, asimismo, Cunnighame Graham y el músico Fernández Arbós.

Pese a sus numerosas relaciones y las cartas de recomendación de Emilia Pardo Bazán, Jacinto Octavio Picón, Villalobar, su antiguo maestro jesuita Julio Cejador, Cunnighame Graham o Azorín, subsecretario de Instrucción Pública por aquel entonces, no consigue en cambio Ayala la ansiada cátedra de Español que se crea en Liverpool en 1909 y ocupa, finalmente, su amigo e hispanista Fitzmaurice Kelly.

Un año antes regresa a España forzado por la trágica muerte de su padre y se instala en Madrid, donde vive de sus artículos de prensa y libros, hasta que consigue un empleo en el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes.

ramon_p_ayala_sorollaRamón Pérez de Ayala, 1920. Sorolla. Hispanic Society NY.retrato p ayala izRetrato al carboncillo, 1931. Ignacio Zuloaga. Col. Familia Pérez de Ayala.La atracción de Ayala por las Bellas Artes se colmaba con el contacto habitual con artistas. Del ceramista Daniel Zuloaga dijo que en su compañía se sentía ante la más pura energía humana. Él mismo se hizo retratar por su amigo Ignacio Zuloaga más de una vez, así como por Chicharro y Joaquín Sorolla, pintor, el último, que se hallaba pintando a Mabel Rick, esposa del escritor, en el jardín de su casa andaluza de Madrid, cuando cayó enfermo y ya no se recuperó más, de forma que la obra quedó inconclusa.

En 1928, a propuesta de los filólogos Vicente García de Diego y Emilio García Gómez es nombrado académico de la Lengua, pero nunca llegaría a leer el discurso de entrada ni a ocupar el sillón -la silla eléctrica, decía, mordaz- que había dejado vacante Vázquez de Mella.

Merced a su amistad con el Duque de Alba es elegido director del Museo del Prado en 1932, el mismo día que le hacen embajador en Gran Bretaña y dos décadas largas después de su primera estancia en Londres.
El oficio de embajador, en una época de máxima complejidad, lo compagina Ayala con un intenso intercambio con intelectuales británicos, residentes españoles o de otras nacionalidades y notables de la aristocracia inglesa.

Invitados suyos fueron, por ejemplo, el dramaturgo George Bernard Shaw, los novelistas G.H. Wells y Aldoux Huxley , el científico Albert Einstein, con quien gustaba de conversar durante horas desde que se conocieron en Bélgica, amén de los periodistas Luis Calvo o Julio Camba.
En calidad de visitantes recibió, además, a Jacinto Benavente, cuyo teatro había criticado duramente antaño, aunque posteriormente cambió de opinión, o a Miguel de Unamuno y a los poetas más jóvenes de la generación del 27: Pedro Salinas, Manuel Altolaguirre o al pintor Gregorio Prieto, instalado en Inglaterra durante un tiempo.
Como anécdota, cabe mencionar la incomprensión y censura de la prensa londinense cuando el Príncipe de Gales, unido a la postre por una sincera amistad con nuestro protagonista, le acompañó a presenciar una actuación de Antonia Mercé, La Argentina.

en_ba_con_ortegaEl matrimonio Pérez de Ayala, con unos amigos, despidiendo a Ortega y su esposa en el puerto de Buenos Aires, 1942. Fundación José Ortega y Gasset, Madrid.Al poco de estallar la segunda guerra mundial, Gainza Paz, propietario del periódico La Prensa de Buenos Aires, invita a Pérez de Ayala. Se instala éste en Buenos Aires y allí vive con cierta holgura económica, bastante aislado de sus compatriotas en el exilio, aunque mantenga trato con alguno de ellos.
No le faltan tampoco los reproches acerbos de más de uno por su cercanía a la Embajada de España; tales el crítico Guillermo de Torre o el socialista Luis Araquistáin.

Al regresar a España, es ya un hombre mayor y apesadumbrado por la muerte temprana de su hijo Juan y el accidente grave que sufre el menor, Eduardo. Retirado en su piso del barrio madrileño de Prosperidad, escribe a destajo para ganarse la vida con sus artículos y apenas sale, pero recibe a los amigos con los que celebra la tertulia.
Entre ellos se cuentan periodistas como César González Ruano o Marino Gómez Santos, el torero Belmonte, médicos como Hernando, Zúmel y muy especialmente Gregorio Marañón, o el escultor Sebastián Miranda.

Al morir Pérez de Ayala, el cinco de agosto de 1962, su querido Azorín, anciano y sinceramente afectado, le dedica una emocionada necrológica en Abc.