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Relación de camba_bagariaCamba por Bagaría. con otros creadores

 

1foto_casa_ciriacoFoto: Prensa Española.Julio Camba tuvo a lo largo de su vida un talante abierto y divertido, su humor breve -que evitaba ser hiriente- le permitió ser apreciado por muchos, manteniéndose en relación con muchos de los principales creadores que vivieron y frecuentaron las tertulias de Madrid durante la primera mitad del siglo XX.

casa_luculo_ed_1929Ed. 1929.Aficionado a la cocina, gourmet de lujo y amante de la buena mesa, escribe un libro antológico: La Casa de Lúculo.

Camba soltero, lleva una vida solitaria, sencilla, cómoda y de una independencia innegociable.


Los periódicos y revistas se disputan su firma. Los más altos valores literarios y del pensamiento español se vanaglorian de su amistad: Unamuno, Baroja, Azorín, Eugenio d´Ors...
azorin_camba_solana2De izqda a dcha. Azorín y Camba; primero a la dcha. Solana.D' Ors acuña el término "novecentismo", que designa una suerte de movimiento literario cuyos componentes empiezan a publicar en las primeras décadas del siglo XX. Con un nuevo espíritu generacional, sus autores buscan la novedad y la originalidad, utilizan un estilo preciso, huyen de todo sentimentalismo, gustan del humor inglés y apuestan por un espíritu cosmopolita.

Entre las figuras del novecentismo español, los Ortega, Marañón, Gómez de la Serna, Valle-Inclán, Pérez de Ayala, Madariaga, Pla, Wenceslao Fernández Flores y tantos otros, se encuentra, naturalmente, Camba.
Josep Pla, en sus dietarios, retrata a Julio Camba por las calles de Lisboa:

"Al caer la noche acostumbraba a salir del hotel donde se hospedaba muy compuesto -brillantes corbatas, relucientes zapatos, acicalado, un bastoncillo, un sombrerillo adorable-, y paseaba por las calles más céntricas. Iba vestido de portugués y parecía el portugués más portugués de la capital de Portugal. Tenía un aspecto excelente".

Una fotografía de la época junto a Ortega y Gasset da cuenta de la fidelidad del retrato de Pla. Ramón Pérez de Ayala decía de él que fue

"lo que los franceses llaman l´enfant terrible, el que por decir ingenuamente la auténtica verdad, que él conoce y ha visto, pone de manifiesto y en ridículo las satisfacciones, hipocresías e histrionismos de las llamadas personas formales. Fue un gran niño, o un niño grande, casi inocente toda su vida. Pondría yo una mano en el fuego jurando que Camba no ha causado mal, deliberadamente, a nadie ni con la intención. Así, todos sus amigos le amábamos como a un niño, como un ángel de la tierra".

Desde las páginas de ABC, Camba se dirige así a sus lectores y amigos:

"Me parece que Belmonte incurre en un verdadero pecado de ingratitud al renegar de aquella canonjía que supo agenciarse en un momento difícil, y en la que yo veo la primera prueba fehaciente de su talento y de su ingenio, porque, no hay duda alguna, el hombre que sin influencia y sin amigos consiguió aquello, tenía que conseguirlo todo. Desde luego, reconozco que el empleo de Belmonte no estaba exento de cierta responsabilidad; pero si en ciertos y determinados instantes la vida del buzo dependía del futuro matador, la del futuro matador, a su vez, dependía constantemente del buzo. Que al buzo, pongamos por caso, le hubiese faltado un día el aire respirable, y ya sin buzo a quien sostener dentro del agua, a ver cómo hubiera podido Belmonte sostenerse fuera de ella. Belmonte y el buzo, cada uno a un extremo del cable del oxígeno, eran como dos hermosos siameses, uno de fondo y otro de superficie, uno acuático y otro atmosférico, uno de Sevilla y otro quizá de Cartagena; pero los dos hermanos, y los dos de Siam, y ya saben ustedes lo que ocurre con los hermanos siameses: que ninguno puede ponerse nunca malo sin peligro de muerte para su pareja. No me explico, pues, cómo Belmonte, aunque hoy se encuentre en la cúspide de la fortuna y de la gloria "on top of the world", que dicen los americanos, puede recordar con pena aquella época en que tenía un buzo que bajaba al fondo de las aguas para buscarle el diario sustento, y al que él, como es natural, procuraba abastecer siempre de aire respirable". Julio Camba tenía un hermano mayor Francisco Camba, novelista y autor de numerosos libros de episodios nacionales en la estela de Benito Pérez Galdos, la relación entre ambos es poco conocida y como a Belmonte tampoco le gustaba hablar de su buzo.

En algunos de sus artículos, como el anterior, Camba no oculta su amistad con algunas de las grandes figuras del momento. Luis Calvo, Ortega, Miranda o Zuloaga forman parte de su círculo personal. Belmonte es un artista venerado por todos ellos, el propio Ignacio Zuloaga, que siempre quiso ser torero, convierte su estampa taurina en reclamo internacional de sus grandes exposiciones. El tono cariñoso y desmitificador del comentario sobre sus memorias ilustra a la perfección sus carácter y buena amistad con todos ellos. En los últimos años de su vida Julio Camba fue siempre un hombre alejado de las redacciones donde colaboró, independiente hasta la exageración enviaba -nunca la entrega personal- sus originales".

Algunos de estos artículos, primorosamente escritos en pequeñas cuartillas azules y enviados a su amigo Ignacio Zuloaga, se guardan en Santiago-Etxea y constituyen un testimonio ingenioso y reflexivo sobre la primera mitad del siglo XX.

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camba_p_ayalaTomando un vino con Enrique de Mesa, Ramón Pérez de Ayala y Sebastián Miranda.

 

Julio Camba

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