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Relación de    caricatura cunninghameR. D. Cunninghame Graham por Leslie Ward. Vanity Fair, 1888.   con otros creadores

 

 

cunninghame izR. D. Cunninghame Graham, 1930. Ignacio Zuloaga. Colección Fundación Zuloaga.Robert B. Cunninghame Graham fue un excelente orador
–lo demostró en sus actuaciones como diputado en la Cámara de los Comunes-, un gran conversador en tertulias y comidas entre escritores, y un hombre de mundo, capaz de alternar sin problemas con gente muy variada, de distintas clases sociales y ocupaciones. Tuvo multitud de amigos y conocidos, con quienes fue entrando en contacto en sus muchos viajes.

La lista de los creadores, compatriotas o de otros países, con quienes se relacionó y mantuvo correspondencia está compuesta por destacadas figuras, en el campo de la literatura y el arte. Entre los escritores mencionamos a Chesterton, Oscar Wilde, Max Beerbohm, Edmund Gosse, Morley Robets, H. J. Massingham, Axel Munthe, Thomas Hardy, W. B.Yeats, Lawrence de Arabia, H. G. Wells, George Bernard Shaw, Joseph Conrad y Andrew Lang, y entre los pintores detacamos a John Lavery, William Rothenstein y John Sargent.

En el ámbito hispánico, algunos de los escritores que tuvieron especial conexión con Don Roberto fueron: Ramiro de Maeztu, Salvador de Madariaga, Pío Baroja, Gregorio y María Martínez Sierra, Vicente Blasco Ibáñez, Rufino Blanco Fombona y Ramón Pérez de  Ayala. Entre los artistas, destacan los pintores Pedro Figari e Ignacio Zuloaga, quien, en 1930, hizo un retrato del escocés.

conrad grahamDon Roberto mantuvo una muy estrecha relación con el polaco Joseph Conrad, quien utilizaba la lengua inglesa para escribir sus obras literarias. Se conserva una copiosa correspondencia entre ambos escritores, recogida en: Joseph Conrad's letters to R. B. Cunninghame Graham. Don Roberto había un cuento de Conrad que lo entusiasmó y escribió al autor para manifestarle su admiración; de ahi nació una relación que duró casi treinta años, presidida por la amistad y la mutua admiración. Don Roberto fue padrino del primer hijo de Conrad, quien seguía las publicaciones de su amigo con interés.
Cuando Don Roberto publicó Aurora la Cujiñi, un sugerente relato ambientado en Sevilla, envió a Joseph Conrad el segundo ejemplar numerado de la primera edición. A Conrad, que visitó varias veces España y parece ser que tuvo una amante española, le enamoró el relato y se lo recomendó a su editor, Edward Garnett quien en las cartas que escribe a Cunninghame Graham le ofrece consejos literarios y le dice: "Nadie escribirá jamás con tanta fuerza y con trazos tan vigorosos, los extraños episodios que la vida le ha revelado a usted."

El propio Conrad, de vida también bastante aventurera, y apasionado de los viajes, dijo, no obstante, de Don Roberto: "Cuando pienso en Cunnighame Graham, me siento como si yo hubiese vivido toda la vida en un hueco oscuro sin haber visto o conocido nada."

Palabras elogiosas para Cunninghame Graham tuvo G. K. Chesterton, el creador del personaje del "Padre Brown". En su Autobiografía, Chesterton se refiere a Don Roberto, señalando, entre otros aspectos, que era "un tipo de rebelde inflexible, que tenía una seriedad escocesa semejante a la española". Chesterton cuenta la siguiente anécdota de uno de los momentos en que estuvo con Don Roberto: "Oí a uno de esos grandes estadistas pronunciar un discurso en que abundaban los más nobles ideales, y Cunninghame Graham, a mi lado, me murmuró al oído, en tono suave pero vehemente: "Nunca pude soportar un sermón protestante"".

A Chesterton le parecía que Don Roberto era todo un personaje, singular y único:
"Cunninghame Graham triunfó en la aventura de ser Cunninghame Graham. Tal como lo observó Bernard Shaw, es una proeza tan fantástica que nunca se la concebiría en la ficción."
Precisamente Cunningame Graham conoció bien a Bernard Shaw -autor de la famosa obra de teatro Pygmalion-, cuando empezó a frecuentar círculos socialistas, en compañía de su mujer, Gabrielle. Bernard Shaw tenía un gran concepto de Don Roberto del que decía que era al mismo tiempo "un hidalgo español" y "un hacendado escocés" y, sobre todo, "un cuentista de genio. Sus cuentos de aventuras tienen el verdadero toque cervantino del hombre que ha visto lo que cuenta, tan estimulantemente distinto de las escenas imaginadas por los crueles oficinistas que escapan de su servidumbre hacia la literatura, para decirnos cómo conciben a los hombres y a las ciudades en las oficinas y en el Cuerpo de Voluntarios." Bernard Shaw se inspirará en Don Roberto para uno de los personajes de su obra teatral Las armas y el hombre.

Con generosidad, y mostrando su talante de apoyar a quien se encuentra en apuros, Cunninghame Graham dio ánimos a Oscar Wilde en sus horas más amargas, elogiando su Balada de la cárcel de Reading en un artículo publicado en la revista Saturday. Wilde -con quien había asistido a periódicas comidas de escritores celebradas en el londinense Café Royal- le escribió una emotiva carta agradeciéndole su gesto.

Robert B. Cunninghame Graham y Pío Baroja se conocieron en Londres, cuando el autor del monumental ciclo de novela histórica Memorias de un hombre de acción pasó un tiempo en la capital británica en 1905. En las memorias de Baroja, Desde la última vuelta del camino, el escritor nos dice que visitaba a Don Roberto en su casa de Southampton y que éste le invitaba a comer en un selecto club, acompañados con frecuencia por el historiador Martin Hume, especialista en cuestiones españolas. Baroja recuerda que volvió a verle en Roma en 1908,  y que se conservaba muy bien. Destaca Baroja que Don Roberto hablaba estupendamente el español.

Ramiro de Maeztu, tiene por Don Roberto una rendida consideración. En el diario español La Correspondencia de España publica, el 2 de diciembre de 1906, una crónica desde Londres -donde era corresponsal del mencionado diario-, titulada "La Vierge d'Avila y Cunnighame Graham". En ella se hace eco de la dura protesta de Don Roberto contra la obra La Vierge d'Avila, de Catulle Mendès. A Maeztu le parece justificadísimo y muy acertado el artículo de Cunninghame Graham sobre esta pieza teatral, que interpretó nada más y nada menos que la mítica actriz Sarah Bernhardt. En esta obra se ofrece una versión tergiversada de Santa Teresa de Jesús, figura que Don Roberto conocía muy bien, gracias, sobre todo, a la biografía de la santa abulense que escribió su mujer, Gabrielle. Ramiro de Maeztu señala asimismo cómo Don Roberto se indigna ante los tópicos y errores que propagan algunos escritores al referirse a España:"Hace años se indignaba furiosamente cada vez que un autor francés decía de España las tonterías consabidas. Y se indignaba, sobre todo, porque los escritores que habían visto naranjos en San Sebastián, palmeras en Madrid, toros bravos en las calles de las villas asturianas y navajas en las ligas de nuestras mujeres, no eran desconocidos, sino los más ilustres de las letras francesas, salvo contadas excepciones, como la de Maupassant y algún otro, que no escribieron sino de lo que habían visto o concebido, pero sin falsear sistemáticamente la verdad. No se toman el trabajo de enterarse de cómo son las cosas."
El 4 de abril de 1936, poco después de la muerte de Cunninghame Graham, Ramiro de Maeztu publicó un sentido artículo en el diario español ABC, en el que, bajo el título de "Don Roberto", Maeztu recuerda al viajero y al autor de una obra donde "parece que se escucha la tristeza de nuestra música de España." Maeztu retrata a Don Roberto como "un dandi", "el supremo jinete de Inglaterra"  "como escritor, uno de los mejores estilistas", y reflexiona: "Cunninghame Graham ha sido el hombre cuyo trato me dejaba más melancólico. Me ha costado más de treinta años averiguar la causa, porque yo le quería y admiraba, y le deseaba toda clase de bienes. Pero es que a "don Roberto" le faltaba la categoría del porvenir, como a aquel personaje alemán que se quedó sin sombra. Puede decirse que él nunca esperó nada, ni para el mundo, ni para su patria, ni para sí mismo." Porque, señala también Maeztu, "vivía en el presente. Usaba con su interlocutor la más exquisita cortesía y si era pobre, la bondad. Siempre era el acreedor de sus amigos en punto a atenciones. Y de pronto le acometía el deseo de marcharse y hacía las maletas."

Otro de los escritores españoles más cercano a Cunningam Graham fue Ramón Pérez de la Ayala. En su libro Amistades y recuerdos, Pérez de Ayala incluye un trabajo en el que evoca a varios autores españoles fallecidos en 1936 y también a Cunninghame Graham: "No puedo menos de incluir a Cunninghame Graham en el cuadro de honor de los españoles eximios. Le conocí en Madrid, siendo yo estudiante. Desde entonces mantuvimos cordial, estrecha e ininterrumpida amistad", confiesa Pérez de Ayala.

Ramón Pérez de Ayala destaca la característica de gran conversador de Don Roberto, que tenía "el don clásico de la seducción coloquial", pues podía estar hablando horas y horas, con amenidad y sin aburrir a su interlocutor. Sin duda, por los testimonios de quienes le trataron personalmente, vemos cómo la amenidad es una de las mayores cualidades de Don Roberto, apreciándose tanto en su charla como en sus escritos. También remarca Pérez de Ayala: "Toda su vida, ya septuagenario, y aun octogenario, emprendía cada año una expedición hacia alguna remota partida del mundo." Pero, esa perenne condición de viajero durante todo su vida, no se desarrolló como un cosmopolitismo superficial y esnobista, sino que "sin dejar de comprenderlo y gustarle todo, este incesante ver le servía para, por contraste, templar, precisar y corroborar su personalidad hispánica."

Pérez de Ayala hace referencia también a la conexión de Don Roberto con Don Quijote, incluso en lo físico: "Podía convenirle la semblanza corpórea que Cervantes hace de Alonso Quijano", proporcionándonos una curiosa observación: "Un rasgo de Don Quijote es que nunca se reía. No recuerdo haber visto reírse nunca a Cunninghame Graham".

 

Robert Cunninghame Graham

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