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Relación de caricatura_dors con otros creadores

El joven Eugenio d'Ors trató pronto de hacerse un hueco entre los intelectuales catalanistas. Una de sus decisiones fue criticar abiertamente la obra Tria (1909) un libro de lecturas selectas, en verso y prosa, con el que el anciano Joan Maragall deseaba contribuir a educar a los niños y niñas de Catalunya.
D´Ors consideraba que Maragall era un romántico y un sentimental; Maragall llegaría a corregir su obra, realizando unos cambios que llevaría a d´Ors a rectificar en sus comentarios acerca de la misma y de su autor. Sin embargo, existía una gran distancia entre la visión humanista cristiana de la ciudad de Barcelona (todavía traumatizada por los sucesos de La Semana Trágica) que destilaba Maragall en sus escritos, orientada hacia el perdón, y la tesis del joven d´Ors de imponer la jerarquía, el civismo y la razón de la ciudad frente a la sin razón del "estado de naturaleza" del contexto humano de la misma.

En 1912 asiste a la visita de Rubén Darío al Instituto de Estudios Catalanes, en Barcelona.
Se conserva una caricatura del poeta nicaragüense, de joven, de mano de d´Ors.

dario_dors1Visita de Rubén Darío al Instituto de Estudios Catalanes, Barcelona. De izqda. a dcha. J. Puig y Cadafalch, A. Rubió y Lluch, F. Rahola, R. Darío, E. d´Ors y M. Santos Oliver. Foto publicada en Mundial Magazine, junio 1912.dario_dors2Caricatura de Rubén Darío por E. d´Ors.

D´Ors fue un habitual de la Residencia de Estudiantes desde que, en 1914, ya que se trasladó a Madrid a opositar a una cátedra de psicología. Allí debió conocer a los habituales de la Residencia de aquellos primeros años: Juan Ramón Jiménez, Ortega y Gasset, el poeta y pintor Moreno Villa, García Morente, etc. La derrota le devolvería a Barcelona, donde retomó sus actividades culturales para la Mancomunidad.

En 1923 D'Ors regresa de la Argentina y se instala en Madrid. El 15 de junio el doctor Marañón organizó un homenaje para celebrar las hermosas páginas que el escritor francés Maurice Barres había dedicado a la pintura de El Greco y a Toledo. D´Ors fue invitado al acto junto con otras personalidades como Azorín, Ramón Pérez de Ayala e Ignacio Zuloaga. Éste último había realizado un retrato de Barrés, hacía una década, con la ciudad de Toledo al fondo, introduciéndolo así en el grupo de sus amigos madrileños. Al día siguiente Xènius publicaría una glosa relacionando a Barres con Pascal y a Pascal con el Greco, los dos primeros "barrocos" en los que el dinamismo de sus ideas o formas rompe cualquier dique clásico.

barres_nancyMaurice Barrès delante de Toledo, 1913. Ignacio Zuloaga. Museo de Bellas Artes de Nancy (Francia).

Dos años después Marañón y D´Ors coincidirían en un homenaje organizado desde el Ateneo con motivo del traslado desde Letonia a España de los restos mortales del ensayista Ángel Ganivet, que se había suicidado en aquel país en 1898. El Ateneo madrileño era el núcleo de la oposición a la dictadura de Primo de Rivera en el poder desde 1923, de modo que el acto tenía un claro significado político de protesta y oposición. D´Ors, desafiando el ambiente republicano de la reunión, defendió, ante los asistentes, sus propias convicciones: autoridad y libertad, valor intrínseco de la monarquía, etc.
Es de suponer que el gesto enfriara la relación entre Marañón y Xènius pues la dictadura encarcelaría al primero, un año después, bajo la falsa acusación de haber participado en la conspiración cívico-militar denominada "la sanjuanada" (ya que iba a estallar la noche de San Juan de 1926). Situados los dos, durante la República, en posiciones opuestas en el espectro político, el exilio de ambos en Paris durante la guerra de 1936 no les acercó; tampoco retomarían la relación cuando Marañón regresó a la España de Franco desde su exilio parisino en 1942.

Como antes señalamos, d´Ors e Ignacio Zuloaga coincidieron en el homenaje a Barres que había organizado Marañón en Toledo. A buen seguro no les faltarían al pintor y al esteta temas de conversación. Precisamente Zuloaga había sido uno de los primeros en descubrir la originalidad y maestría del pintor cretense, aún muy desconocido a comienzos del siglo XX. Antes de esta ocasión Zuloaga había colaborado con la aportación de algunos grabados para la publicación del primer libro en castellano de d´Ors, traducido por Enrique Díaz Canedo, La muerte de Isidro Nonell, seguida de otras arbitrariedades. Los mundos intelectuales y simbólicos a que pertenecían d´ Ors y Zuloaga explican que las referencias mutuas en sus biografías no sean frecuentes. D´Ors describió muy bien dónde situaba al gran pintor vasco. Jugando con las asociaciones que le evocaban el "nombre místico de Teresa", escribió "que evocaba toda aquella literatura segregada en torno a Castilla: Ávila, Zuloaga, el áspero paisaje y el misticismo de la Meseta...".

En 1938, el gobierno de Franco encargó a d´Ors organizar un pabellón en la Bienal de Venecia, para lo cual d´Ors se dirigió a Zuloaga, solicitándole su participación. El pintor vasco que, a raíz del incendio de Eibar -incluida su casa natal Kontadorekua- por una unidad republicana se había puesto a pintar cuadros de la guerra, se prestó a participar.
El pintor vasco ganaría el máximo galardón del certamen, entonces denominado Premio Mussolini.

pabellonPabellón español de la Biennale.iz_veneciaEn el centro d´Ors y, a su dcha., Ignacio Zuloaga, 1938, Venecia.

Desde su llegada a Madrid, en 1923, d´Ors se relaciona con Ortega y el círculo de la Revista de Occidente. El primer contacto entre ambos pensadores se produjo cuando el catalán fue invitado por el Ateneo de Madrid a dictar la conferencia inaugural de la Sección de Filosofía que, a la sazón, presidía Ortega. Éste presentó a d´Ors como a uno de los más eminentes escritores catalanes del momento que venía "dando cotidianos lanzazos en pro de la cultura española" desde sus columnas en los periódicos . D´Ors leyó la versión castellana de su conferencia "Religio est libertas".

Los puntos en común entre ambos autores son numerosos. Los dos creen que la filosofía y la vida son polos de realidad que deben encontrarse y que la mediación debe ser establecida por la cultura. En aquellos primeros años de sus respectivas producciones, ambos estaban muy influidos por autores como Bergson, Nietzsche o Goethe. Quizá la diferencia estriba en que Ortega se formó en una escuela de gran tecnicismo filosófico, el neokantismo y entró en contacto con el método filosófico que iba a constituir una verdadera innovación en la forma de hacer filosofía, la fenomenología, mientras que d´Ors, acaso más autodidacta, desplegó su propia originalidad filosófica desde el positivismo ambiente y el bergsonismo.

La relación de d'Ors con Unamuno no fue cordial; hubo una incompatibilidad de caracteres y falta de sintonía en general. Eugenio vio al rector de Salamanca como un brillante escritor demasiado aficionado a los monólogos. Quizá nunca le perdonó que cuando Don Miguel comentó en El Imparcial su obra La ben plantada no aplaudió el mensaje, catalanista y de elogio de la cultura mediterránea, que traslucía el libro -algo por otra parte impensable para cualquiera que entienda la sensibilidad y el ideario del vasco, tan alejados del pensamienro del joven d´Ors-. Ambos se llegarían a conocer personalmente cuando d´Ors fue a visitar a Unamuno a Salamanca, en 1913. Más tarde el catalán se quejó de que Unamuno le arrastró por las calles bajo un sol de justicia mientras no paraba de explicarle cosas de la ciudad...

 

museo_cera_barna De izqda. a dcha.: J. Costa, A. Einstein, E. d'Ors y M. Unamuno sentados, en aparente tertulia, alrededor de una mesa, en el Museo de cera de Barcelona.