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Relación de 1firma_g_carrillocon otros creadores

 

De Gómez Carrillo la leyenda cuenta que tuvo 18 duelos, fue mujeriego inveterado, derrochador, déspota, megalómano, arrogante, vividor, neurasténico y competitivo con sus contemporáneos, incluso con su mentor y amigo Rubén Darío.
Pero además fue un hábil y astuto relacionista público capaz de seducir a las más grandes figuras del momento en España y Francia para que prologaran o elogiaran sus libros o su personalidad. Así prologaron sus libros Salvador Rueda, Rubén Darío, Leopoldo Alas «Clarín», Max Nordau, Jean Moréas, El Caballero Audaz y Benito Pérez Galdós, entre otros.
Logró tan rápido la fama soñada en su adolescencia, que el aura del éxito emanaba de él en permanencia hasta el punto que Rubén Darío dijo, cuando lo cruzó una vez, «he visto pasar la felicidad», y consideraba que «si a Enrique se le antoja un día ser obispo, estoy seguro de que lo consigue». Su contemporáneo Luis Alberto Sánchez dijo que «lo típico en él, más bien, es la falta de pudor general».

Sus amigos de bohemia en París fueron los españoles Manuel Machado y Alejandro Sawa y, entre los franceses, los hermanos Marguerite, Jean Moréas, La Jeunesse, Laurent Tailhade, Alfred Campus, Jean de Milly, Gaston Leroux...

banquete_egcBanquete en honor de Enrique Gómez Carrillo, Madrid, 1903. De izqda. a dcha. José Nogales, Agustín Querol, Manuel Reina, Benito Pérez Galdós, Gómez Carrillo, Salvador Rueda. Detrás, entre otros, Valle-Inclán, Blasco Ibáñez, Azorín, Manuel Machado, Hoyos y Vinent.

En Madrid vivió la fiesta con Manuel Machado, Valle Inclán, Orts Ramos, Luis Bonafoux, Rubén Darío y Antonio Palomero, entre otros muchos.

Al final de sus días, entre París y Niza, fue muy amigo de Maurice Maeterlinck y Blasco Ibáñez.
De París destacó los banquetes periódicos de artistas e intelectuales como los de La Plume, Poule au Pot, Parisienses de París, Bon Bock y Postres decadentes, a donde afluían todos los jóvenes y viejos escritores de la generación.

banquete_honor_darioBanquete en horor de Rubén Darío, París, 1912. Gómez Carrillo sentado a la dcha. del poeta.París se vuelve la ciudad más amada de su vida, que lo hace supirar en permanencia y donde conoce a un fiel grupo de amigos que le abren al joven las puertas del mundo intelectual parisino presidido por Paul Verlaine y figuras como Pierre Loti, Jean Lorrain y Jean Moréas, entre otras muchas.



Era, a veces, cruel con sus contemporáneos:
De Valle Inclán dijo: «en otros tiempos se empeñó en pasar por mejicano y en asustar a la gente»,
De Juan  Varela:  «es un rutinario, un hombre de manuales clásicos, un señor muy de segundo orden». 
Cuando falleció Emilio Castelar escribió: «para nosotros los jóvenes, había muerto desde hace muchísimos años, casi al mismo tiempo que aquellos suntuosos Corteses y Pachecos que entusiasmaron a nuestros padres con los largos párrafos de corte eclesiástico y de alma adiposa de sus discursos » Más tarde preguntó: -«¿Castelar, aquella especie de Sancho Panza con chistera, que hablaba cual un arriero, que gruñía como un cerdo, y que tenía ojos vidriosos que se le salían de la cara? ».
De su amigo Rubén Darío escribió: «lo que ha de extrañar sobre manera a usted y a sus amigos, es saber que lo que más estimo yo en "Azul", en "Prosas profanas", y sobre todo, en "Los raros", es una cualidad que para la crítica en general es mala y que para mi es excelente. Esa cualidad se llama esnobismo, y usted la posee en mayor grado que todos los demas literatos españoles juntos ». 
De Menéndez y Pelayo afirmó:  «es un genio, que por timidez clerical no se atreve a decir lo que siente y lo que piensa»
Y sobre Vargas Vila,  el otro gran best seller latinoamericano del momento, dijo que la suya «no es únicamente una obra bufa, sino también una obra nefasta, que explota con fines editoriales los sentimientos menos nobles de ciertas plebes ».

 

Enrique Gómez Carrillo

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