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Relación de det_retrat_izBoceto para retrato de Marañon, 1919. Ignacio Zuloaga. Col. particular. con otros creadores

Sus grandes amistades intelectuales, al margen de sus compañeros de profesión fueron algunos escritores del 98, como Azorín y Baroja, también médico que apenas si llegó a ejercer y sobre todo Unamuno, la figura que ofició como guía espiritual en los primeros años veinte cuando Marañón comenzó a intervenir en la vida pública, antes en clave ética y ciudadana que política. El rechazo a la falta de ejemplaridad del rey y su corte fue un primer vínculo que le unió a Unamuno en su preocupación por España.
Ortega asumiría la función de amigo íntimo en lo personal y en lo intelectual a partir de los treinta.

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El otro gran amigo de la misma generación del 14, será Pérez de Ayala. Los tres, como ya se ha explicado fundarán la Agrupación al Servicio de la República, los tres se distanciarán de ella a partir de una fecha y los tres compartirán exilio en París y terminarán volviendo a España, manteniéndose alejados, tanto como pudieron, de la dictadura, aunque no pudieron evitar que ésta se sirviera de ellos para legitimarse en el exterior.
Dada la importancia que tuvieron algunos de los amigos en la biografía de Marañón dedicaremos unas líneas a comentar su relación.

Marañón y Ortega
Ya hemos comentado que entran en contacto después de que nuestro médico se alejara de la órbita espiritual de Unamuno, siempre absorbente. La correspondencia indica que aparte de contactos episódicos, la relación se intensifica a raíz de la invitación a participar en la Revista de Occidente, que aparece en 1923. Un año después se publica "Notas sobre la biología de don Juan", un tema muy querido por Marañón sobre el que volvería con cierta frecuencia pero también muy relevante para Ortega, que en 1921 había dictado en Sevilla -la "patria" oficial del seductor-una conferencia titulada "Introducción a un don Juan". No coincidirán ambas lecturas. A Marañón le interesa la sustancia biologíca de don Juan, a Ortega su ser mítico. A Marañón las consecuencia morales y sociales de una desajustada sexualidad depredadora; a Ortega una ejemplaridad no convencional, un matiz de rebeldía heroica. De ahí que llame a don Juan "maestro de afán y sed". Por lo demás ambos están de acuerdo en condenar el "donjuanismo" esa mentalidad del macho hispánico que abusaba de las ventajas que le concedía una sociedad en la que cualquier forma de educación sexual estaba mal vista.
La amistad se fue intensificando al mismo ritmo que fracasaba la dictadura de Primo de Rivera. Después de la caída del dictador y a raíz de que Ortega volviera a la política actica, fundan la Agrupación al Servicio de la República, de la que ya hemos hablado en otro lugar. El acuerdo entre ambos amigos y con el tercer fundador, Pérez de Ayala fue total. Ortega llevó la dirección teórica y fue quien habló en las Cortes.
En 1932 Ortega decidió disolver la Agrupación en vista del giro que tomaban los acontecimientos: la República se radicalizaba en "revolución social". Los dos, intelectuales de inspiración liberal, creían que España no estaba preparada para ella y que, por tanto, habría de fracasar. Marañón le apoyó y ahí terminó la aventura política de ambos. Les quedaba pasar la prueba de la guerra y el exilio.
Y fue en el exilio cuando más se estrecharon las relaciones entre Marañón y Ortega y entre ambas familias. La correspondencia de estos años muestra el tono de confianza y amistad que les lleva a comentar asuntos familiares y de alta política que seguramente no hablaban con otros. Marañón tuvo una intervención muy importante en una operación a vida o muerte que sufrió Ortega en París. Su hijo José Ortega Spottorno ha evocado aquellos años en unas memorias deliciosas que redactó en los últimos de su vida. Éste es el recuerdo que nos ha legado de Marañón en París:
"Acudí varias veces a su piso de la rue George Ville, en su exilio de París -que coincidió con el de mi padre-, donde pudo ejercer su profesión por ser doctor honoris causa de la Sorbona. Por su casa pasaban gentes de muy diferentes pelajes, amigos y enfermos, españoles y sudamericanos, muchos de los cuales iban a husmear qué noticias tenía don Gregorio, hombre siempre muy bien informado. A él debe la familia Ortega que no muriese mi padre en 1938 de una obstrucción de colédoco. Su estado general era tan malo que el doctor Gosset, el gran cirujano que había llevado Marañón, no se atrevía a operarle. Y sólo se decidió cuando don Gregorio le dijo: "¡Adelante! ¡Usted no sabe lo que es un celtíbero!"

Ambos volvieron a la España de Franco y murieron en ella. Seguro que se ayudaron a conllevar la dictadura que habían valorado como mal menor, en la idea de que se trataba de un régimen que no podía durar más allá de unos poco años. Ambos creyeron que la coyuntura del final de la guerra mundial europea en 1945 provocaría la caída del régimen.


- Marañón y Pérez de Ayala
Aunque es difícil establecer con precisión cuando comenzaron a intimar, es claro que desde que el novelista llegó a Madrid procedente de su Asturias natal, se movieron en ambientes afines. Prueba de ello es que cuando Pérez de Ayala decide irse a Londres a pasar una temporada, lo hace como corresponsal del periódico El Liberal, cuyo director y propietario era Miguel Moya, suegro de Marañón.
Ambos amigos encajan en el perfil de la generación a la que pertenecieron, la que conocemos como del 14. Fueron partidarios de la ciencia como factor de desarrollo, europeístas convencidos, Marañón más volcado hacia la ciencia alemana y más tarde a la francesa; Ayala,  anglófilo convencido, que viajó por los Estados Unidos, quedando impresionado por las formas de democracia participativa que había desarrollado aquel país.
Fue Pérez de Ayala el tercer socio fundador de la ASR como ya se ha dicho. Se cuenta la anécdota de que como estaba previsto que en el acto de presentación en sociedad de la Agrupación en Segovia él tenía que hablar antes, decía que "iba de telonero de Ortega".

mach_maran_orteg_ayalaCon A. Machado, Ortega y R. Pérez de Ayala. Acto de presentación de la Agrupación al Servicio de la República, en el Teatro Juan Bravo de Segovia, el 14 de febrero de 1931.


También se sintió atraído por la República a la que representó como embajador en Londres hasta el triunfo del Frente Popular y también se exilió en París.

en_parisMarañón y Ayala -con abrigo cruzado y paraguas- con el Arco de Triunfo al fondo. Ambos vieron desfilar por los Campos Elíseos al ejército alemán desfilando.La sintonía intelectual entre Marañón y Pérez de Ayala fue total. Los dos se sintieron alejados de un rey que no reinaba para todos los españoles y los dos creyeron que la cultura sería el gran instrumento civilizador de una España donde había muchas Hurdes. Marañón había crecido escuchando las palabras de un Pérez Galdós en tertulia con Pereda y Menéndez Pelayo, ésto es, tolerancia y liberalismo y Ayala las de Clarín. Ambos las de Costa, Giner de los Ríos o Cajal.

El tema de "don Juan" fue también un punto de encuentro. En 1925 Ramón Pérez de Ayala publica dos novelas relacionadas por el mismo tema, Tigre Juan y El médico de su honra. La visión del mito donjuanesco es de total armonía con las ideas de Marañón. Don Juan es un reflejo de la naturaleza inculta, de las relaciones sociales basadas en el dominio y la culpa, de una religiosidad mal entendida.

La tolerancia, la generosidad y la franqueza en las relaciones entre hombres y mujeres harán en el futuro imposible que el donjuanismo conserve el prestigio social que aún retenía en los años veinte.

Ayala prologó uno de los libros más interesantes de Marañón, Tres ensayos sobre la vida sexual, libro donde se aunaba el rigor científico, la actualidad de las últimas novedades de lo que se decía en Europa y la voluntad de divulgación ponderada en un tema que aún planteaba polémica con los sectores más conservadores de la sociedad. También volvía sobre el tema de don Juan, en un breve análisis comparativo con otro mito amoroso, Otelo. Precisamente Ayala se hacía eco de las dificultades que el libro podía encontrar en su camino:
"La vida sexual. No faltará quien afecte un mohín pudibundo y escandalizado".
Pero, añadía poco después,:
"la vida moderna anhela (...) la plenitud de su libertad interior por la plenitud del conocimiento claro y grave de sus orígenes..." ("Ensayo liminar, pp 20 y 21).
Esta libertad mencionada por el novelista fue el gran punto de convergencia de los dos amigos.

Marañón y Zuloaga
En el cuadro Mis amigos que Zuloaga dejó inconcluso, los dos personajes que dominan la escena son Ortega y Marañón. Ortega mira al espectador, y parece un poco apartado de la tertulia que sostienen el resto de amigos, cuyo centro ocupa Marañón, suavemente inclinado sobre la mesa, interesado por lo que le comentan sus contertulios. Esta centralidad de Marañón refleja la gran amistad que unió al médico y al pintor, que llegaría a hacer tres retratos de nuestro doctor, sin contar el del cuadro coral.

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Debieron conocerse cuando Zuloaga se instaló en Madrid en un piso del paseo de Rosales hacia 1917. De 1919 data el primer cuadro que luego sería el preferido del retratado.
Se movieron en ambientes comunes y compartieron amigos y preocupaciones. Por ejemplo la de conocer a fondo España para mejorarla. Nos ha quedado la invitación de Marañón a Zuloaga de un viaje que el doctor Goyanes diseñó por la sierra de Gredos y las Hurdes y en el que participaron Ortega, Pérez de Ayala, Baroja, Juan Belmonte y otros. Le escribe el médico a su amigo el pintor:
"Hay que renovar el recuerdo de la del año pasado: tostarse al sol castellano, beber el vino de rancia solera, comer los condumios fuertes de la sierra y hacer brotar de cada piedra, como Moisés, el manantial de poesía y de leyenda que hay enterrado en el suelo de Castilla".

Pasiones comunes como el Greco y Toledo, les unieron pero, sobre todo, fue el respeto que Marañón, más joven que Zuloaga, sentía por la obra de éste, tanto por sus valores estéticos como por los espirituales y hasta patrióticos.
La relación entre Zuloaga y Marañón fue "casi paterno-filial". La mayor edad del pintor y el tono de muchas de las cartas que le dirigió al médico dándole consejos, por ejemplo de que sea templado ante el fulgurante éxito social que está teniendo, joven aún, le sirven para argumentarla. Marañón, por su parte trataba de reconciliar a Zuloaga con la sociedad madrileña, en especial con el mundillo de la cultura, por el que Zuloaga, no sin razón, se sentía maltratado. Recuérdese que en 1910, cuando Zuloaga era un pintor absolutamente reconocido en París, es decir, en el mundo, Ortega reclamaba de las autoridades españolas una exposición para Zuloaga. En fin, que Marañón intentó siempre que su amigo el pintor se sintiera apreciado y valorado. De ahí que en una ocasión le escribiera estas hermosas observaciones sobre su retrato:
"Una persona muy inteligente me decía hoy una cosa muy acertada de él. Me decía que cada día me parezco más yo al retrato; es decir que hay en él una porción de cosas, que aun los que no me conocen mucho no habían visto y que, después de ver el retrato ven en mí. Entiendo que es un acertado comentario, extensivo a todos los retratos de Vd." (Biografía, 136).

La amistad llegó hasta el límite mismo de la vida del pintor, el primero en morir. Cuenta el biógrafo de Zuloaga, Enrique Lafuente Ferrari, que recién llegado a Madrid, alojado en un hotel, se sintió muy mal. Había tenido un infarto. Trasladado al estudio que tenía en las Vistillas pasó allí sus últimos días. Marañón iba a verle mañana y tarde. Se cuenta que Zuloaga llegó a la conclusión de que se encontraba muy enfermo porque Marañón venía mucho a verle.

No fueron los únicos pero sí los más cercanos. Marañón mantuvo, además, una activa comunicación con el exilio republicano. Destaquemos la amistad epistolar con Indalecio Prieto, el líder del PSOE. Otros ilustres exiliados con los que Marañón mantuvo la amistad y la relación en la distancia fueron Juan Ramón Jiménez, Salvador de Madariaga o Claudio Sánchez Albornoz y un largo etc.

 

 

 

 

Gregorio Marañón

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