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Relación de gabriela_mistral ok con otros creadores

 

emelinahermanastragabrielamistralEmelina, hermanastra de Gabriela Mistral.

La joven Lucila Godoy había aprendido las primeras letras con su hermanastra Emelina. La futura poetisa tuvo una formación autodidacta marcada por sus lecturas y las amistades que fue desarrollando en su deambular por el mundo. Esa falta de títulos académicos fue empleada contra ella por muchos rivales durante los primeros años como profesora.

Hasta los treinta y un años - en que consiguió una plaza en un prestigioso centro de enseñanza secundaria de Santiago de Chile - dependió de losn libros que podía encontrar en las escuelas rurales en que daba clases y aquellos que le prestaban sus amistades. Hasta entonces su relación con otros literatos fue eminentemente epistolar, cartas enviando textos para su publicación, comentarios y consejos de la principiante a los consagrados ...

Mistral no tuvo ocasión de conocer personalmente a otros autores en su etapa formativa pero, en cambio, sí leería sus obras admirando a algunos hasta el extremo de inventarse el seudónimo de Gabriela Mistral, componiéndolo a partir del nombre del aventurero y poeta decadentista italiano Gabrielle D'Annunzio y de un poeta francés que escribía en provenzal, Frédéric Mistral. Llama la atención el que estos dos creadores fuesen a su vez conocidos hombres de acción política (un fascista italiano y un independentista de la Provenza); también es significativo que Gabriela Mistral, en pleno auge del modernismo, no eligiera a algún poeta modernista y menos aún a un poeta en lengua castellana. Años después Gabriela visitaría Italia y Francia, pero nunca llegaría a contactar con los inspiradores de su nombre de adopción.

Entre los poetas que, según la crítica, más han podido influir en Gabriela Mistral se encuentran Rubén Darío y Amado Nervo.

2_darioRubén Darío.A Rubén Darío le resultó imposible conocerlo, ya que el poeta no acudió a un encuentro que tenían previsto; ella se lo reprocharía por carta en 1912:
"Soy una que le aguardaba al pié de los Andes para presentarle su devoción y la de sus niñas -discípulas- que charlan de Vd. familiarmente, después de decir su 'Cuento a Margarita' y su 'Niña Rosa'. Pero Vd. no vino y yo solo le mando en estas hojas extensas toda esa cosa pura y fragante que es el querer de cien niñas a un poeta que les hace cuentos como nadie jamás los hizo bajo el cielo!"
Mistral pidió a Darío que le publicara sus poemas y el nicaragüense así lo hizo; al año siguiente, el poema "El ángel guardián" y su cuento "La defensa de la belleza" aparecieron publicados en la parisina revista Elegancias.

 

1nervoAmado Nervo.En cuanto a Amado Nervo, éste era uno de sus poetas favoritos. No hay noticias acerca de su posible relación personal, solo del efecto de la obra de aquel sobre la joven chilena, pues el fallecer el gran poeta mejicano, en 1919 Gabriela publicó el poema "In memorian":

Amado Nervo, suave perfil, labio sonriente;
Amado Nervo, estrofa y corazón en paz:
mientras te escribo, tienes losa sobre la frente,
baja en la nieva tu mortaja inmensamente
y la tremenda albura cayó sobre tu faz.




En 1920, durante la estancia de Gabriela en la localidad de Temuco, entró en contacto con el joven Pablo Neruda quien recordó esta relación en su autobiografía Confieso que he vivido:
"La vi muy pocas veces. Lo bastante para que cada vez saliera con algunos libros que me regalaba. Eran siempre novelas rusas que ella consideraba como lo más extraordinario de la literatura mundial. Puedo decir que Gabriela me embarcó en esa seria y terrible visión de los novelistas rusos y que Tolstoi, Dostoievski, Chejov... entraron en mi más profunda predilección. Siguen acompañándome".
Ambos se encontrarían de nuevo en Madrid en 1934, Pablo residía por aquel entonces en Barcelona y deseaba acudir a Madrid y la joven chilena tenía intención de trasladarse a Barcelona. Él escritor consiguió instalarse en la Embajada de Chile en Madrid e integrarse plenamente en el ambiente cultural de la ciudad pero ella marcharía a Lisboa, sin haber llegado a integrarse plenamente en los animados círculos intelectuales de Madrid.

Su falta de adaptación, motivada en parte por sus graves apuros económicos y su compliacada situación familia, no impidió que tratara a contertulios como Miguel de Unamuno, Gregorio Marañón, Carmen Conde o Pío Baroja. También tuco contactos con la cubana Lydia Cabrera, la venezolana Teresa de la Parra, o a los también chilenos Enrique Délano y Carlos Morla Lynch, diplomático de la Embajada de Chile en Madrid, en cuya residencia albergaba una de las tertulias literarias de la ciudad. Por los salones de la embajada pasaron los chilenos Pablo Neruda y Vicente Huidobro y los españoles Federico García Lorca, Luis Cernuda, Altolaguirre, Rafael Alberti, Guillén, José Bergamín, Vicente Aleixandre, Luis Rosales, Pedro Salinas, Eugenio d'Ors o Salvador de Madariaga, entre otros.. Mistral acudiría en algunas ocasiones a estos encuentros, sin ser una habitual tertuliana.

Juan Ramón Jiménez había escrito que Mistral «debía mucho a España» y no por utilizar giros o léxico españoles en su literatura. La poetisa descubrió algo que sucede en muchos casos en Hispanoamérica: que hablaba un español más castizo y, en cierto modo, más antiguo que el que se utilizaba en la propia España. El habla de su terruño se hallaba anclado, en parte, en el siglo XVI. En España, la escritora tomaría conciencia de su excelencia verbal y potenciaría ese aspecto de su literatura.

Gabriela Mistral trató con diferentes artistas, a lo largo de su vida. Mantuvo una íntima amistad con Laura Rodig, pintora y escultora chilena, ganadora del Premio Nacional de Arte de Chile en 1949. En 1922 ambas se embarcaron hacia México, país en el que Rodig introdujo a Mistral en el ambiente artístico mejicano y así conocería a los muralistas Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Sequeiros. Esta estancia le permitió llegar a conocer y valorar extraordinariamente el arte precolombino, convirtiéndose a partir de entonces en una ardiente defensora del indigenismo, defensa que, pocos años después, tendría inesperadas consecuencias en su relación con Miguel de Unamuno. Mistral admiraba profundamente la poesía y la actitud cívica del profesor. Cuando éste fue desterrado por el dictador Primo de Rivera en 1927 ella se indignó ante la injusticia, emocionándose por el gesto de sus compañeros profesores al negarse todos ellos a optar por conseguir la apetecida cátedra vacante del desterrado. Mistral opinó que había sido un gesto colectivo aún más gallardo que los de El Cid. Sin embargo, en un encuentro entre ambos se produjo un choque: Unamuno era contrario a todo etnicismo -incluido el de su tierra vasca- por lo que le disgustaba el indigenismo que tanto amaba Gabriela. La discusión entre ambos cambió completamente su anterior relación de amistad.

Conoció y trató a muchos grandes de la literatura como el alemán Thomas Mann, el español Juan Ramón Jiménez, la argentina Alfonsina Storni o la uruguaya Juana de Ibarbouron, a quienes visitó en su gira por Sudamérica en 1938, o el peruano Ciro Alegría, quien le dedicó un trabajo, titulado "Gabriela Mistral, íntima", iniciado tras la muerte de la poetisa, en el que describe así su encuentro:

peinado_mistral"La impresión que me llevé fue grande. Gabriela me extendió con llaneza, no exenta de altivez, una mano fina y tibia, mano de india. Su rostro, pese a los ojos verdes, me hizo recordar el de las indias que me acunaron en mi infancia. La misma nariz aguileña, la misma boca pulposa, la misma sonrisa suavemente irónica y decididamente tierna. Entre esos verdes ojos asomaba otro de los ancestros, el vasco, que también se hacía presente en la alta estatura y los huesos fuertes. El cabello lacio estaba peinado con descuido. La vestimenta tenía una campesina sencillez. Tal era el aspecto de Lucila Godoy Alcayaga, por otro nombre, Gabriela Mistral".