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Relación de firma_nervo con otros creadores

 

Amado Nervo participa en la poesía modernista -etapa en que a lectores y poetas les encandilan el sonido y las imágenes, los descubrimientos prosódicos y el relampagueo metafórico-.
El movimiento lo inician los cubanos José Martí (1853-1895) y Julián del Casal (1863-1893), los mexicanos Salvador Díaz Mirón (1853-1928) y Manuel Gutiérrez Nájera (1859-1896) y el nicaragüense Rubén Darío (1867-1916). Si bien el modernismo no tiene un programa específico sí es una sucesión de actitudes y prácticas literarias que crean unas obras extraordinarias que lo conforman como una de las corrientes estéticas más importantes de la historia d ela literatura.

nervo_madrid_1907Nervo en Madrid, 1907.En 1905 Nervo ingresa al mundo diplomático, como Secretario de la Embajada de México en Madrid. El escritor se sumerge, de manera inevitable, en la vida literaria y teatral. Conoce historiadores, narradores ensayistas, poetas, entre ellos Jacinto Benavente, Miguel de Unamuno, Pío Baroja, Manuel Machado y Eduardo Marquina, y sin duda trata a los latinoamericanos en Madrid.

Entre las lecturas que moldearon sus pensamientos iniciales figuraban los escritores místicos Juan de Ávila, San Juan de la Cruz, los dos Luises, Santa Teresa y Malón de Chaide. Es natural que Nervo "coqueteaba" con la idea de lo absoluto y cuya poesía iba adquiriendo cada vez más un tinte espiritual -y que, además, siempre estuvo fascinado ante la idea de la muerte. Después de Darío, las grandes influencias son las de Unamuno, Maeterlink, Bergson.

Por 1900 cuando sus colaboraciones aumentaban y había ingresado a la redacción de El Mundo Ilustrado propiedad de Rafael Reyes Spíndola viaja a París donde lo esperaba su amigo Carlos Díaz Dufóo. "Llévame a Notre Dame", fueron las primeras palabras de Nervo.

nervo_francia_1917Francia, 1917. Col. Casa Museo Amado Nervo.En París, Nervo trata con Darío, Gómez Carrillo, Manuel Díaz Rodríguez y el pintor belga De Groux. El París que Nervo habita es una ciudad en pleno fermento intelectual y artístico. Montmartre y Montparnasse albergan a centenares de pintores jóvenes y viejos. La escuela simbolista se encuentra en un momento de crisis: los grupos disidentes, cada vez más numerosos, la proclaman superada y difunta, sin poder encontrar un nuevo movimiento que la sustituya. Y, en efecto, el simbolismo sigue adelante, sin etiquetas o bajo otros nombres: la literatura francesa del siglo XX resultaría inexplicable sin él; inspira a Charles Péguy, a Paul Claudel, a Jean Girardoux, a André Gide, a Marcel Proust, a Paul Valéry continúa a Mallarmé; el dadaísmo y el surrealismo constituyen en buena parte un deseo poderoso y frenético de llevar algunos principios simbolistas a sus conclusiones más audaces y definitivas.

Amado Nervo lee a Victor Hugo, Charles Baudelaire, a Théophile Gautier, Gérard Nerval, los parnasianos (Leconte de Lisle, José María de Heredia, Catulle Méndes), los maestros del simbolismo (Rimbaud, Verlaine, Mallarmé), los simbolistas (Albert Samain, Maurice Maeterlink, Paul Fort) y la segunda generación de los simbolistas de entre los que prefiere a Francis James y reserva una admiración por Paul Verlaine.

Uno de los amigos de Nervo en París fue el periodista y ensayista guatemalteco Enrique Gómez Carrillo (1873-1927), amigo también de Jean Moréas, Oscar Wilde y Paul Verlaine. Ahí conoce a Ana Cecilia Luisa Dailliez, el amor de su vida.

En algunos de sus ensayos y de sus cuentos se advierte la huella Maeterlink. Otras veces es la ciencia ficción al estilo de H. G. Wells la que lo inspira, incluso en disertaciones de carácter científico, como su conferencia leída ante la Sociedad Astronómica. El propio escritor señala:

"Al lado de datos serios que justificaran la índole de mi trabajo, campeaba mucho de fantasía, y no por cierto la mía, sino la de ese incomparable Wells, flor y nata de los actuales novelistas ingleses, [...]"

Al volver a México trabaja como docente de lengua castellana en la Escuela Nacional Preparatoria. Entabla una amistad con el pintor y dibujante mexicano Julio Ruelas quien en 1919, el año en que Nervo murió, le hace un retrato a lápiz.