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Relación de Ortiz Echagüe con otros creadores


La fotografía de José Ortiz Echagüe revela numerosos contactos con autores del ámbito de la literatura, la pintura y la fotografía.
La influencia más importante es la que recibe de los escritores de la Generación del 98. De hecho, si hay un término que mejor se ajusta a la definición de su obra ese es el de noventayochista.
Amigo personal y seguidor de muchos de los escritores de este grupo, como ellos, va a ahondar en las tradiciones y en la diversidad cultural que definen la identidad de España, a sentir la emoción por la tierra que fotografía, a ofrecernos una mirada evocadora sobre todo aquello que captura su cámara, abriéndonos una ventana para su contemplación.

Por sus fotografías desfilan toda una galería de personajes anónimos que dan forma a lo que Unamuno bautizó como la "intrahistoria"- andaluces, extremeños, valencianos, aragoneses, navarros, vascos, castellanos, ...-; paisajes españoles vistos bajo el prisma de lo castellano, con sus sierras, lomas, cerros y ciudades; tradiciones religiosas donde están representadas todas las vertientes de la espiritualidad española, desde los monjes y monasterios hasta las devociones más populares como romerías o procesiones; o románticas ruinas de esas fortalezas medievales que resisten desafiantes el paso del tiempo, enhiestas en lo alto de los cerros. Su vinculación con la generación del 98 va a ser tan estrecha, que dos de sus escritores, Ortega y Gasset y Azorín, le van a escribir los prólogos de dos de sus libros de fotografías.

La influencia de la pintura también está muy presente en la obra del fotógrafo alcarreño desde el principio, si tenemos en cuenta que su hermano mayor, el pintor Antonio Ortiz Echagüe, fue el que le enseñó sus primeras nociones de estética. Y en sus primeras obras obtenidas con la cámara, se aprecia cómo el fotógrafo es deudor de los temas y las composiciones que había pintado Antonio, hasta que poco a poco forja su propio estilo.

17Misa en Narvaja, 1900. Antonio Ortiz Echagüe.

Pero en sus imágenes encontramos también paralelismos con los temas que Joaquín Sorolla pintó para los paneles de la Hispanic Society de Nueva York, porque los dos realizan "un viaje en busca de lo castizo", o con la pintura del vasco Ignacio de Zuloaga con quien coincide en el gusto por la recia solidez de los paisajes áridos y descarnados o en el modo como representa los tipos castellanos en ese entorno natural del que proceden. Y no podemos olvidar la huella de otros grandes maestros de la pintura española como Zurbarán, presente en sus fotografías de monjes, como Velázquez o el Greco de quienes son deudores su tratamiento de las luces o la plasticidad de los cielos cargados de nubes.

 

fiesta_pan_sorollaLa fiesta del pan (det.), 1903. Joquuín Sorolla.zuloagaEl segoviano. Ignacio Zuloaga.

 

Juan Laurent, con su serie de tipos "d'après nature" y Rafael Garzón que retrató a personajes populares son sus precedentes fotográficos más significativos en el siglo XIX. Aunque será el alemán Kurtz Hielscher, que estuvo en España en las primeras décadas del siglo XX, uno de los que mayor influencia va a ejercer en Ortiz Echagüe, con quien comparte una selección de temas, puntos de vista y encuadres.

23bTurégano (Segovia), 1931.Y no podemos obviar tampoco los ascendentes del movimiento pictorialista, aunque nuestro fotógrafo sólo compartirá con él algunos presupuestos como el uso de procedimientos pigmentarios, las cuidadas composiciones y puestas en escena o el gusto por el retoque. Sin embargo, otros rasgos lo distanciarán de él como son el equilibrio que persigue entre lo artístico y lo documental en muchas de sus obras o el peso que en su producción adquieren las series temáticas.  


"Pero Javier ha trepado por los travesaños de las aspas de su molino y ha ido extendiendo las velas; sopla un viento furioso, desatado; las cuatro velas han quedado tendidas. Ya marchan lentamente las aspas, ya marchan rápidas. [.....]. Y hay aquí, en este piso (el piso más alto) unas ventanitas minúsculas, por las que se atalaya el paisaje. El vetusto aparato marcha con un sordo rumor. Yo columbro por una de estas ventanas la llanura inmensa, infinita, roja, a trechos verdeante; los caminos se pierden amarillentos en culebreos largos, refulgen paredes blancas en la lejanía; el cielo se ha cubierto de nubes grises; ruge el huracán. Y por una senda que cruza la ladera avanza un hormiguero de mujeres enlutadas, con las faldas a la cabeza, que han salido esta madrugada - como viernes de Cuaresma- a besarle los pies al Cristo de Villajos, en un distante santuario, y que tornan ahora, lentas, negras, pensativas, entristecidas, a través de la llanura yerma, roja [.....]".
Azorín, La ruta de Don Quijote (1905)