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Relación de  1firma_peirce con otros creadores


Waldo Peirce se relacionó con un gran número de artistas y escritores a lo largo de su colorista carrera.
Su asistencia a centros educativos, de élite, de Nueva Inglaterra le permitió conocer a personajes que llegarían a ser, con el tiempo, relevantes -el periodista y activista comunista, John Reed, y los artistas George Biddle y William L'Engle, entre otros-. Durante sus estancia en París conoció a los pintores Leopold Seyffert y a Dorothy Rice. 
Peirce viajó a España con Biddle y L'Engle y realizó el segundo viaje con Seyffert y Rice.

seyfert_peirce_danielz_1914Peirce, Seyffert y Daniel Zuloaga en San Juan de los Caballeros, iglesia románica convertida en el taller de Daniel -actualmente Museo Zuloaga de Segovia-. Col. Juan Daniel Zuloaga Khoyan. Waldo Peirce se casó con Rice, en 1912 y presentó a su esposo y a su amigo Seyffert al pintor vasco Ignacio Zuloaga.
En 1914 los tres pintores americanos, junto con la esposa de Seyffert, la también pintora Helen Fleck, se trasladarían a Segovia y todos compartirían una casa situada en las proximidades de la iglesia desamortizada de San Juan de los Caballeros, por aquella época, el estudio del ceramista Daniel Zuloaga y su sobrino Ignacio. Peirce escribió a su madre por aquellos años:

"... Estoy dispuesto a dedicar dos o tres años de duro trabajo en España... el mejor lugar para trabajar, aprender la lengua y tener la ventaja de las críticas de Zuloaga. Él te deja quedarte de pié a su espalda [observarle] mientras trabaja. Pinta un cuadro en dos días y luego lo vende por dos o tres mil dólares".

Al comenzar la Primera Guerra Mundial se fue a París y se dedicó a movilizar a la opinión pública española a favor de los Aliados; Peirce también viajó a París, trató de enrolarse en el ejército francés, para más tarde viajar a Estados Unidos y regresar con un puesto en el cuerpo de ambulancias norteamericano en Francia.


Acabada la guerra, Peirce conoció en París al novelista Ernest Hemingway, que, como él, había estado colaborando como conductor de ambulancias durante la guerra. Ambos compartían un procaz sentido del humor, un amor a la vida y la pasión por la pesca.
iz_toreando_27-4El pintor Ignacio Zuloaga toreando, con 27 años.Hemingway, como Zuloaga, era muy aficionado a los toros y a Peirce también le impresionaba la capacidad de torear de Ignacio Zuloaga. Peirce, en el verano de 1927, acompañó a Hemingway en un viaje a Pamplona para participar en la fiesta de San Fermín; el pintor escribió a su madre:
"Hemingway se metió con una vaquilla durante el último día de las fiestas, lo cual no es peligroso, pero no se dio cuenta de la súbita aparición de un toro por detrás".
Ambos almorzarían con Zuloaga y Peirce realizó una serie de dibujos y acuarelas y tomó fotos de recuerdo de esa estancia.

En París, durante los años veinte, Peirce conoció y se relacionó con muchos miembros de la llamada "Generación perdida", incluidos John Dos Passos, Ford Madox Ford, James Joyce, Ezra Pound y Gertrude Stein. Con muchos de ellos mantuvo la amistad una vez se hubo vuelto a casar y se estableció en Maine con Alzira Boehm. Mantuvo correspondencia epistolar con artistas como Marsden Hartley, Doris Lee, Pierre Matisse, Henry Varnum Poor y Millard Sheets.

silver_slipperThe Silver Slipper, ca. 1932. Private Collection.Peirce mantuvo durante todos esos años la amistad con Hemingway. Durante los años treinta visitó repetidas veces la casa de éste en Key West (Florida) recogiendo su estilo de vida parrandero en lienzos como Silver Slipper en el que aparecen el pintor y su esposa Alzira bebiendo en una mesa mientras Hemingway permanecía sentado en una mecedora al fondo de la habitación.
portada_timePortada Time: The Weekly News Magazine, 1937. En el mismo año que Hemingway apareció en la portada de la revista Time, el escritor viajó a España para cubrir la Guerra Civil. La revista encargó a Peirce que realizara un retrato de su amigo y el pintor se decidió a retratar al intrépido personaje con una caña de pescar, mientras trataba de sacar un gran pez.

La amistad de Peirce y Hemingway continuaría durante el resto de sus vidas y se seguirían viendo periódicamente hasta la primavera de 1959, año en que se encontraron, por última vez, en Tucson (Arizona), dos años antes de la muerte del novelista.