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Relación de  firma_vargas_vila con otros creadores


vargas_vila_bloyJosé Mª Vargas Vila. Maestro en el arte de la injuria, la mordacidad de Vargas Vila a la hora de juzgar a ciertos escritores de su tiempo alimentó un picante anecdotario.
La más audaz de sus ofensas fue la dedicada al peruano José Santos Chocano quien, debido a su carácter violento y vida disipada, sufrió la cárcel en distintas oportunidades.
Jorge Luis Borges señaló el talento de Vargas Vila en su Historia universal de la infamia refiriendo el insulto:
"Los dioses no permitieron que Santos Chocano deshonrara el patíbulo muriendo en él. Ahí está vivo después de haber fatigado la infamia",
palabras que comenta:
"Deshonrar el patíbulo. Fatigar la infamia. A fuerza de abstracciones ilustres, la fulminación descargada por Vargas Vila rehúsa cualquier trato con el paciente, y lo deja ileso, inverosímil, muy secundario, y posiblemente inmoral. Basta la mención más fugaz del nombre de Chocano para que alguno reconstruya la imprecación, oscureciendo con maligno esplendor todo cuanto a él se refiere -hasta los pormenores y los síntomas de esa infamia".

Blanco de sus ataques fue también el exitoso y brillante cronista guatemalteco, Enrique Gómez Carrillo, amigo de Rubén Darío, quien se movía como pez en el agua en un París inaccesible para muchos escritores latinoamericanos, y que además recibió altas distinciones y llamó la atención por su conquistas amorosas, en especial su matrimonio con Raquel Meller, lo que dio lugar a esta definición del panfletario:
"¿Gómez Carrillo?, un caniche de cupletera, enviciado y amaestrado a las más viles delectaciones". El refinado y glamuroso guatemalteco no se quedó callado y en artículo lo designó: "apóstol de la literatura mulata";

... escritores como él, escribiría en 1924 en el diario ABC, son:

"hijos bastardos de Montalvo y de Sarmiento, aduladores de la plebe semiafricana y semiindia del litoral tórrido, los que en América, sirviéndose de un lenguaje sibilino y cómico cultivan en las masas ignorantes de las regiones menos adelantadas, el viejo españolismo literario...."

Del veneno de Vargas Vila no se salvaron ni Ortega y Gasset: "Einstein con boina"; ni Gómez de la Serna: "el hombre sándwich, unido al hombre orquesta -ninguno de los cascabeles de la imprudencia le faltan para su reclamo"; ni Pío Baroja: "...cree que el arte es una pianola y la toca con los pies..."; ni Eugenio D'Ors: "es conmovedor el esfuerzo que Eugenio D'Ors hace para pensar sin lograrlo; y sería más conmovedor si no fuera tan grotesco, el esfuerzo que algunos españoles hacen para hallar un pensador en D'Ors".

En el caso de los escritores mencionados, más que de odios, se trataba de envidia y rivalidad. Sin duda, la ironía era la respuesta vargasvilesca a la indiferencia o menosprecio hacia su obra, por parte de lo más representativo de la intelectualidad en España. No ocurría lo mismo con Ramón del Valle Inclán que elogiaba la novela Las rosas de la tarde en la que proyectaba sus gustos estéticos decadentistas. De éste diría Vargas Vila: "Los libros de Valle-Inclán, no son un Éxito en librería, son simplemente una Victoria del Arte". Pero la persona más admirada por él fue de José Martí con quien coincidió en Nueva York: "...su elocuencia no asordaba, no cegaba, imponía con imponencia mágica...", decía. En otro nivel estaba José Enrique Rodó:

"...de él nunca puede decirse demasiado; este Maestro de los Maestros; señor del Estilo y Soberano del Ensayo, murió huyendo al más cruel de los verdugos: la Patria...".

Del catalán Pompeyo Gener, uno de los heterodoxos españoles de Menéndez Pelayo, diría: "...ese gran Pensador fue el primero y, el Único, en una época y, en un País en que el Pensamiento Esclavo, no alcanzaba a dar de Sí..." Gener, el positivista adelantado, el admirador de Nietzsche, le respondería con la misma generosidad: "Pues bien: Vargas Vila ni tiene método ni sistema. No comete la barbaridad de querer construir un artefacto que encierre la inmensidad de lo infinito en sus comportamientos...Vargas Vila es un inductivo, pero no presume de tal." Elogio al que se suma éste de Manuel Machado: "El verbo tempestuoso de Demóstenes y la tonante frase de Esquilo forjaron, en bronce de Corinto, la majestad olímpica de su palabra tribunicia. Es épico en la indignación y sublime en el dicterio. De él podría decirse como de Montalvo: su pluma, cuando insulta, inmortaliza.", en lo que, a decir verdad, coincide con Borges. En cambio, Ramón Gómez de la Serna considera a Vargas Vila precursor de las greguerías y cita esta como ejemplo: "Si una mujer te ama desinteresadamente, sería bueno averiguar por qué te ama con desinterés".

dario_vilaLa amistad con Rubén Darío tuvo sus tropiezos. El más grande desencuentro se produjo cuando el poeta aceptó el consulado que el presidente colombiano Rafael Núñez le concedió en Buenos Aires. Ni siquiera Martí pudo acercarlos cuando el nicaragüense visitó Nueva York. Pero he aquí que la prensa publicó la falsa noticia del suicidio de Vargas Vila, junto con una misteriosa artista. El incidente dio lugar a una nota de Darío en La Nación de Buenos Aires en la que decía:
"¡Amable enemigo mío! Como en la tumba de la ‘Aphrodita' de Pierre Louys, pondría en la tuya una conmemoración y sonoro epigrama, en un griego de Nacianzo; y dejaría para ti y tu bella desconocida-¡así tendría a Venus propicia!- ¡rosas, rosas, muchas rosas!"

La reconciliación no se hizo esperar y se produjo en París, lo que también incluyó una visita de Rubén Darío a Roma donde Vargas Vila, que fue un hombre austero, lo acompaña a beber hasta altas horas de la noche

"FANTÁSTICO y luminoso, con el atractivo de una gema cabalística, el nombre de RUBÉN DARÍO, aparecía en América, con el prestigio de sus rimas raras y exquisitas...", escribe Vargas Vila en el libro que le dedica al poeta tras su muerte. El nicaragüense, por su lado, aclara que falta en su libro Peregrinaciones la impresión de Vargas Vila, "el célebre pensador, novelista y panfletista político, que para mí, no es sino, juntándolo todo, un único e inconfundible poeta."

Entre los compatriotas del panfletario no podían quedar fuera uno de los más grandes de su tiempo aunque no suficientemente reconocido: Jorge Isaacs, el célebre autor de María, y con quien, al parecer, mantuvo correspondencia: éste es "el tribuno poeta", que se enfrenta a Núñez y es apedreado por la multitud, que antes se había conmovió con sus versos: "era el tribuno indignado, el formidable luchador de la palabra, no era Lamartine, era Vergniaud..."

Los epítetos infamantes de Vargas Vila iban dirigidos a tiranos, caudillos y curas. El dictador paraguayo Rodríguez de Francia era: "Un buitre crecido en un nido de cuervos; los jesuitas, fueron sus maestros y sus inspiradores..."; García Moreno: "... es el horrible pájaro de la noche; para perseguir a ese tirano búho, hay que bajar con él hasta el fondo del abismo..." Pero de su ira no se libraron los gramáticos ni los críticos literarios. Contra ellos volcó su repudio en un derroche de imágenes que empequeñecían el papel del crítico: "...los críticos no perdonan a los genios, y sin embargo, viven de ellos; su mayor defecto, no es la bajeza, es la ingratitud". La crítica literaria es para él "epilepsia de eunucos" y el gramático "es una degeneración de la mentalidad", en tanto que "la Retórica, es la madre de ese feto del intelecto, que se llama: Gramaticalismo".

Fuera del contexto hispánico, Vargas Vila contó con el reconocimiento de Anatole France quien le mereció este elogio: "A este hombre, medrosa flor de la lejana Colombia, no le faltaba más que una cosa para sentarse a la diestra de nuestro padre Hugo: haber nacido en Francia". De la relación con Gabrielle d'Annunzio queda constancia en la dedicatoria de un retrato suyo: "A Vargas Vila, il genio!

Vargas Vila fue un autodidacta que leyó a los clásicos, griegos y latinos, como también a los profetas a quienes imitaba en sus panfletos, en particular, a Ezequiel. Pertenecía a ese sector de la intelectualidad americana, heredera de las ideas de la revolución francesa y del siglo de las luces. Había leído a Voltaire y a Rousseau, que se encontraban en muchas de las bibliotecas familiares, en los lugares más apartados de la civilización en Latinoamérica. Entre los escritores, Víctor Hugo y Zola fueron sus predilectos, los dos más grandes poetas del siglo XX, para él, aunque como narrador prefería a Zola que, a su juicio, funda la novela como método y experimento. Vargas Vila, al igual que muchos de los modernistas, intenta seguir las tesis del naturalismo y sacrifica sus narraciones a largas disquisiciones pseudocientíficas con las que explica el comportamiento de los personajes.

Como crítico literario, sigue el modelo de Taine, su determinismo ambiental, lo que se aprecia en libros como En las cimas donde ofrece una selección de perfiles que da cuenta de sus lecturas francesas: Renan, Taine, Amiel, Merimée, De Maistre y en Sombra de águilas, donde entre los autores que aborda incluye al francés Leon Bloy, "el profeta de la limosna", que encarna el ideal incendiario de su verbo: "...insultar, parece ser en él, la digestión del favor".

La posteridad traería reivindicaciones y descalificaciones de Vargas Vila, lo que demuestra el impacto de sus anatemas: vitriolo, ácido, su palabra hirió susceptibilidades y el olvido parece ser el castigo, pero está claro que el efecto de su veneno es de largo alcance, lo que requeriría un análisis de la mentalidad de los detractores, tanto la de los fanáticos seguidores. Entre esas dos fuerzas, la obra queda en las sombras, a la espera de una lectura más que implacable, rigurosa, lo que ha ocurrido en los últimos años en el mundo académico, especialmente en los Estados Unidos.